Parte 5

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Aquel moreno musculoso me llevó a rastras, ni siquiera me dejó arreglarme un poco. Con los ojos hinchados me sacó de la casa. ¿Y yo qué culpa tengo de que Isabella se pierda? ¿Ese es mi jodido problema? No, claro que no. Jodida Isabella, por tu culpa estoy metida en problemas. Siempre trayendo líos a mi familia.

—Lahote —habla el papá de Bella, acercándose. Pobre hombre, su cara lo dice todo, pura preocupación.

—Los Cullen se han ido, Charlie. Solo está ella —dice, refiriéndose a mí.

—Mucho gusto, Margaret Cullen —digo, mirando a las dos personas que están a espaldas de Charlie.

—Charlie —responde él, dándome la mano—. Bella me ha hablado mucho de ti. ¿La hermana favorita de Edward, verdad? —pregunta con curiosidad.

—Supongo —respondo con indiferencia—. Mis padres y mis hermanos tuvieron que dejar Forks esta mañana. Asuntos familiares... pero volverán —digo, intentando sonar convincente. Mentia, por supuesto que mentía, además que le diría, que mi familia me dejo gracias a Bella y Edward?.

—Entiendo. Si necesitas algo, aquí está mi casa —dice Charlie, no sé si con lástima o cortesía, o ambas—. Ellos son Billy y su hijo Jacob —señala a las dos personas detrás de él—. Son buenos amigos de confianza.

—Hola, buenas tardes a todos —saludo, algo tímida. Aunque lo primero que noto es que el moreno está... guapísimo. Esa cabellera larga, por favor que me mande con Diosito con esas manotas.

—Una Cullen —dice el moreno, sonriendo como si ya supiera algo de mí—. Jacob, Jacob Black.

—Estamos ayudando a buscar a Bella —interviene el señor en silla de ruedas.

—Sí, ya me di cuenta —respondo, lanzando una mirada al tipo que me arrastró desde mi casa como si fuera un saco de papas—. Margaret Cullen, mucho gusto a todos.

Al final, terminé hablando más con Billy y su hijo Jacob. La verdad, buena compañía. Billy era muy bromista, y eso me encantó. Necesitaba reírme un poco. Charlie, por otro lado, parecía destrozado. ¿Qué hizo él para merecer una hija como Bella? Y yo... ¿qué hice para merecer a un tremendo perro como Edward Cullen?

—¡La encontré! —grita alguien desde los arbustos con voz ronca y firme.

Charlie se lanza hacia el chico que aparece con Isabella en brazos. ¿Desmayada? Tal vez. Me quedé congelada en mi lugar, sin saber qué hacer. Bella no era mi amiga, pero verla así... me daba lástima.

Charlie la carga y se la lleva adentro. Su cara lo dice todo: miedo, angustia, impotencia. Yo solo quería irme. No porque me incomodara el ambiente; de hecho, me gustaba. Solo que no conocía mucho a esa gente. Y menos al fortachón que casi me manda directo con Diosito.

—Bueno, yo me voy. Que tengan buena noche —dije, intentando huir.

—Alto. Ven aquí —ordenó el moreno que me había traído.

—¿Ahora qué? —resoplé, fastidiada, tengo hambre, joder. Además, no quería que me mataran. Todavía soy muy joven.

—Los Cullen se han ido, Sam. Solo queda ella —dijo señalándome.

Me acerqué a donde estaban ellos y por fin le vi el rostro bien. Mierda... tentador es poco. Ese hombre es demasiado guapo. ¿Por qué me conformé con Edward? Si en la reserva hay hombres así, ¿por qué me estaba matando por un vampiro traumado?

Lo miré de pies a cabeza. Solo llevaba unos jeans cortos y sin polo. ¿Acaso no tiene frío? Ya eran como las siete de la noche, y el aire estaba helado. Pero ahí estaba él, como si nada. Seguí escaneando con la mirada hasta que nuestros ojos se encontraron. Y entonces... cayo de rodillas, joder tremenda belleza me cargo para que quede impactado? 

¿Este también es un chucho? Pues sí que están raros en esta reserva, joder.

—¿Estás bien? —pregunté, acercándome—. ¿Te encuentras bien?

—Me lo llevaré un rato —dijo el moreno, arrastrándolo como si fuera una hoja de papel—. Quédate aquí, ya vuelvo.

—Sí que son raros —susurré para mí misma.

—Margaret, ¿te gustaría ir a La Push? —preguntó Jacob, de repente.

—No lo sé —dije, aunque la verdad, siempre había querido ir.

—Si te animas, estaré aquí... o en mi casa —dijo él, sonriendo de forma encantadora.

—Lo pensaré —dije, aún dudando.

—No lo pienses mucho —agregó con una mirada de esas que incomodan y gustan al mismo tiempo.

El silencio se adueñó del lugar. Billy me miraba de vez en cuando como si quisiera decir algo, pero no lo hacía. Jacob, por su parte, se cruzó de brazos y se apoyó contra la camioneta de Charlie como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Yo solo pensaba en mi estómago.

—¿Y tú no comes o qué? —le dije a Jacob, rompiendo el silencio.

—¿Tienes hambre? —preguntó con una sonrisa ladeada.

—No. Estoy así de insoportable por gusto -dije con una sonrisa.

Se rió. Tenía una risa bonita, de esas que suenan sinceras, no como la risa fingida de Edward cuando quería hacerse el encantador y lo único que daba era vergüenza ajena.

—Vamos, conozco un lugar donde venden hamburguesas gigantes. Te invito.

—¿Tú invitas? —pregunté con una ceja levantada— ¿Y si resulta que eres un asesino serial que se lleva chicas nuevas de Forks a La Push para desaparecerlas?

—Entonces ya sería muy tarde para ti —dijo con un guiño.







EDITADO 01-07-2025

HERIDA -Sam Uley-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora