⌛ ❛La realidad es simplemente una ilusión. Cuanto más real te vuelves, más irreal se vuelve el mundo.❜
La desaparición de cinco jóvenes estudiantes en Corea del Sur fue la noticia más escuchada en el año 2015. El peculiar e intrigante caso logró des...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Su corazón palpitaba intensamente en su pecho como si estuviera tratando de escapar; su boca tan seca que el roce de la lengua contra su paladar se sentía como restregar dos papeles de lija entre sí. El único sonido que retumbaba en aquellas paredes en ese momento solo era su agitada respiración. Detuvo sus movimientos cuando una estantería bloqueó su camino, el mueble actuando como obstáculo. Pudo observar cientos de libros abandonados de manera descuidada en el suelo, pudo observar cómo sus delicadas páginas ahora estaban dañadas permanentemente, pero nada de eso era relevante.
Porque lo único que no pudo lograr a ver era a Taehyun.
Una expresión de terror adornaba su rostro. Kai sabía que estaba ahí, escuchó el brusco golpe del mueble contra el suelo, pero quiso creer que sus suposiciones no eran ciertas. Quiso creer que no era el castaño el que se encontraba debajo de aquella estantería. Solo el pensamiento hizo que una serie de escalofríos le recorrieran la extensión de su cuerpo, lo que le empujó a posicionarse en la parte superior de la estantería para tratar de elevarla.
Colocó sus largos dedos bajo el mueble, determinado a levantarlo. Sin embargo, su fuerza no fue suficiente cuando trató de hacerlo. Lo volvió a intentar, sus venas marcándose en su piel a causa de su esfuerzo, pero el resultado volvió a ser el mismo. Frustrado, se pasó una mano por sus hebras onduladas, gruñendo con urgencia. Si era verdad lo que pensaba, no podía dejar a su amigo ahí; debía seguir intentándolo.
Por lo tanto, con un último esfuerzo lleno de desesperación, logró desplazar el mueble hacia el lado, descubriendo el suelo donde anteriormente se encontraba. Para su sorpresa y alivio, el castaño no se encontraba aplastado por la estantería, lo que le hizo soltar un suspiro de alivio, el cual no duró por mucho. Observó a su alrededor, pero no encontró nada más que estanterías llenas de libros, aún sin rastro del mayor.
─¡Taehyun!─ Lo volvió a llamar. ─...¡Kang Taehyun! ¿Dónde estás?─ La única respuesta que obtenía era el eco de su propia voz. No había otro lugar al que correr dentro de aquella biblioteca, así que rápidamente entendió que debió haber salido por su cuenta. Al salir, una gélida brisa acarició el vello de su nuca. A diferencia de cuando entraron, los pasillos estaban oscuros y sombríos, a diferencia de las anaranjadas y acogedoras paredes que les atrajeron en un principio. Encendió su linterna, cubriéndolos de luz artificial mientras avanzaba con meticulosidad. Traspasó clases y clases vacías sin localizar a Taehyun ni a los demás de sus amigos.
─¿Beomgyu? ¿Yeonjun? ¿Estáis ahí?─ Voceó sin obtener respuesta. Su cuerpo temblaba más y más con cada paso que daba, con cada minuto que pasaba sin recibir señales de vida de ninguno de sus amigos. Es ahí cuando pasaba por un aula en particular que le llamó la atención. Al principio, solo notó otra aula convencional como todas las demás, pero al acercarse, pudo distinguir unas letras en la pizarra escritas en tiza blanca.
"Verum invenire" es lo que redactaban aquellas letras con una caligrafía un tanto desordenada. A su costado, se encontró con una de las linternas que llevaban encima, ahora abandonada en el suelo. Un escalofrío recorrió la extensión de su columna antes de decidir marcharse del aula.
─...¿Chicos? Si esto es una broma, que sepáis que no me está haciendo ninguna gracia─ Rio incómodamente, queriendo pensar que aquella situación solo se trataba de un montaje que sus amigos habían planeado para reírse de él. Que, como cualquier montaje, sus amigos ahora saldrían de sus escondites y se comenzarían a reír.
Pero aquello no era ninguna broma, y se dio cuenta aún más cuando encontró la segunda linterna tirada en el suelo. La escena era peculiar; la caja de cristal donde previamente se encontraba un extintor se encontraba vacía después de que su cristal haya sido destrozado. El patio lucía tétrico, su verde y largo césped ahora reemplazado por sus cenizas y litros de espuma sobre ellas. El oxígeno fue robado de sus pulmones ante aquel panorama; sus amigos estaban en peligro y no se trataba de una broma.
Fue ahí cuando recordó sus anteriores palabras. La entrada del colegio fue el punto de encuentro que propuso en caso de que alguno de ellos se perdiera. Cuando se dio cuenta, el ambiente pareció cambiar a su alrededor, sintiéndose intranquilo repentinamente. Comenzaba a correr hacia la salida cuando una fuerte ráfaga de aire de pronto se hizo presente, empujando su cuerpo hacia atrás. Sin poder evitarlo, retrocedió varios pasos mientras intentaba encontrar un equilibrio y se cubría los ojos con su antebrazo.
Cada pisada se sentía más pesada que la anterior, cada paso en frente requiriendo el doble de su energía. El intenso vendaval le golpeaba en la cara como un latigazo; sus ojos comenzaban a nublarse con lágrimas contenidas sin poder distinguir si era a causa del viento agresivamente penetrando su córnea o de toda la situación en general. De la frustración de saber que su objetivo de mantener a todos sus amigos a salvo, había fracasado. De la tristeza de saber que una divertida tarde con sus amigos rápidamente se tornó siniestra por su culpa. De aquella incertidumbre de sí alguna vez volvería a ver a su grupo de amigos.
Sacudió aquel último pensamiento de su cabeza y, a pesar de la dificultad, apretó los dientes y continuó su camino hacia la puerta principal. Cuanto más se acercaba, más intensa se volvía la ráfaga. Por alguna razón, sentía que le estaban poniendo a prueba, le estaban haciendo demostrar realmente hasta dónde llegaría con tal de salvar a los suyos. Pero, ¿quién haría tal cosa? ¿Quién sería tan cruel como para poner a prueba el amor que siente por sus mejores amigos? Aquella pregunta flotó por su mente mientras luchaba por no perder su balance.
Fuera quien fuera, Kai estaba determinado a mostrarles lo que sería capaz de hacer, lo lejos que estaría dispuesto a llegar por las personas que más le importan. Era por esa razón, precisamente, que comenzó a extender su brazo cuando ya notó que estaba cerca de aquellas puertas. Respirando con dificultad, finalmente logró rodear la manija de la puerta con la palma de su mano, la cual empujó hacia abajo. Cerró sus ojos fuertemente, esperando un golpe, un empujón, algo.
Pero nada pasó.
Después de unos segundos, se atrevió a abrirlos lentamente, dejando que sus párpados le abran la vista hacia una blanquecina luz deslumbrante que provocó que volviera a cerrar los ojos. Pero esta vez, cuando los volvió a abrir, se encontró con un escenario sacado de sus sueños más profundos. Sedosas nubes cubrían la atmósfera azul que le rodeaba, una agradable brisa reemplazando la agresividad de la anterior. Y cuando miró al frente, ahí estaban. Los cuatro miembros de su grupo que llevaba buscando por lo que parecía una eternidad se encontraban al otro lado de un puente de cristal.
Aquellos le sonreían y le incentivaban a cruzar el puente, realizando gestos incitantes con las manos. Kai soltó un gran suspiro de alivio, seguido de una sonrisa. Realmente le estaban poniendo a prueba para demostrar su apreciación hacia sus amigos, pero eso ya no importaba. Ellos estaban ahí, le esperaban con grandes sonrisas en sus rostros como si ellos también le hubieran estado buscando, y eso era todo lo que importaba en ese momento.
Posó un pie sobre el cristal, comprobando si aquel material era capaz de aguantar todo su peso. Cuando pisó con el otro, el cristal parecía seguir estable, por lo que continuó con su camino. Con su mirada alternando entre sus pies sobre aquel vidrio y sus amigos al otro lado de él, avanzó con cierta confianza. Observó cómo sus pies llegaron al final del puente, levantando la mirada para encontrarse con Yeonjun, quien era el que estaba más en frente.
Solo para sentir el color escurrirse de su rostro.
La criatura que se hacía pasar por el peliazul estaba plantada en frente suya, todos los rasgos de su cara ahora inexistentes. Kai se congeló en su puesto, observando por encima de su hombro cómo el resto de criaturas lo "observaban". Sin esperarlo, aquel ente irreconocible le empujó, haciéndole caer hacia atrás y atravesar el cristal.
Su cuerpo descendió, atravesando las suaves nubes tal cual como si estuviese en un sueño. Excepto que no lo era, porque lo siguiente que sintió fue el impacto de su cuerpo contra una superficie sólida antes de perder el conocimiento.