9| Desde lo Profundo

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—Ya llegamos, —anunció Shino cuando el tren comenzó a desacelerar

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—Ya llegamos, —anunció Shino cuando el tren comenzó a desacelerar.

Hinata se asomó por su ventana, sus ojos yendo a la deriva sobre el brillo intermitente de luces en la oscuridad y luego entrando en la estación grande del tren, bien alumbrada. 

El sonido de la puerta automática atrajo su atención y echó un vistazo alrededor para ver a Naruto y a Sasuke volver al interior. Naruto le ofreció una sonrisa tranquilizadora cuando se detuvo en el maletero junto a la puerta y comenzó a recoger su equipaje.

Obviamente no iban a tener la oportunidad de discutir las cosas por un tiempo, se dio cuenta Hinata y era casi un alivio. Necesitaba tiempo para adaptarse a todo lo que sucedía.

Se levantó y se unió a él en el pasillo. Cuando él bajó su maleta y la colocó en el piso ante ella, ella la tomó por el asa y luego le siguió por el corredor para esperar a que se abrieran las puertas para así poder desembarcar.

Hinata nunca había estado en Konoha y se encontró mirando alrededor con los ojos muy abiertos, alegre de salir de la estación de tren, caminaron por el pequeño bloque para pasar por debajo del arco de entrada de la muralla que rodeaba la ciudad. 

Era como volver atrás en su pasado y tuvo una sensación de regreso a casa, ya que hicieron su camino por la acera que corría paralela a la antigua muralla romana que rodeaba la ciudad.

En su mente, podía ver a los guardias que habrían estado custodiando la entrada y la pared, y se imaginó a la gente moviéndose en traje medieval. Este sentimiento se intensificó una vez cruzado el puente sobre el río que llevaba de camino a la ciudad. Aquí los edificios amontonados, una mezcla ecléctica de edificios modernos, victorianos, e incluso medievales.

Cuando los caminos adoquinados comenzaron a aparecer, supo que habían llegado al centro de la ciudad y se encontró inexplicablemente feliz, la sensación enjugó lo último de confusión y preocupación que había sufrido al salir del tren.

—Aquí estamos,— murmuró Naruto, mirando desde el cuaderno de apuntes que tenía en la mano al número de bronce junto a la puerta de una casa cuando llegaron a su fin. Hinata levantó las cejas cuando miró a su alrededor. Había esperado un hotel, pero parecía que se alojaban en una casa adecuada.

Un lujo caro estaba segura. No sería barato ser dueño de una casa en el centro de la ciudad y el propietario cobraría una retribución exorbitante para alquilarla.

—Se supone que este lugar es apto para que duerman de ocho a doce personas. La alquilé antes de darme cuenta de que Dante y Ren no estarían con nosotros,— aclaró Naruto cuando los llevó a la puerta. Se iluminó justo antes de llegar a ella y un pequeño y rechoncho hombre de cara sonriente salió ante ellos.

—¿El Sr. Uzumaki?— Preguntó, su sonrisa se amplió aún más cuando Naruto asintió con la cabeza. De inmediato retrocedió un paso para permitirle la entrada. —¡Adelante! ¡Adelante! El tren ha debido haber llegado a tiempo para variar. Un milagro con el estado de nuestros trenes hoy en día, siempre se interrumpen y causan retrasos.

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