Recuerdo un día que Aljerian estaba enfermo por las tormentas de polvo. Respirar el aire durante varios soles era muy peligroso. Mi padre decía que causaban pulmones de piedra si se respiraba mucho, mientras se estaba fuera; curar esta enfermedad era extremadamente difícil, casi una sentencia de muerte si no se tenia cuidado. La cura requería un proceso largo y cuidadoso de recolección de ingredientes. El agua del lago debía ser mezclada con un poco de Fatux verde azul de las rocas, ponerse al fuego durante dos soles hasta terminar con un liquido oscuro, viscoso y de un profundo sabor amargo. Una vez el liquido tomara la consistencia adecuada, debía ser dosificado en pequeñas cantidades y administrado al enfermo en inhalaciones periódicas hasta que, a través de expectoraciones y flemas negras con pequeñas rocas, el polvo inhalado era eliminado completamente. Aun así las secuelas duraban de por vida.
Cuando Aljerian estaba empeorando, mi padre me encargo la búsqueda del musgo que crecía en los bordes de las rocas del lago. Había que recolectarlos con sumo cuidado debido a que, si se agitaban con suficiente fuerza, era posible que liberaran esporas muy irritantes para la piel. El musgo era fácil de identificar debido a su color verde-azulado, solo podía recolectarse en la noche, debido a que brillaba de manera tenue con un resplandor verde claro que podia distinguirse bien en la oscuridad. Durante el día era imposible de ver ya que se camuflaba con las rocas de al rededor, y pasaba fácilmente por otros musgos; que podrían ser lo ultimo que comieras.
La noche que salí a recoger Fatux era clara, las estrellas podían verse en el horizonte cual si fueran granos de arena bajo el sol, y estaba lo suficientemente iluminado para caminar una vez te adaptabas a la oscuridad. Había preparado un pequeño cuchillo, y un frasco que utilizaba mi padre para recolectar plantas cuando salia para buscar los ingredientes de sus preparaciones. El camino hasta el lago era largo y hacia frio, el sendero estaba fácilmente demarcado por los ires y venires de muchos años caminando por el mismo lugar, la poca hierba que lograba sobrevivir a las tormentas de polvo, se refugiaba tras las rocas creando una manta de pequeños mechones que pavimentaba el camino hasta el lago.
El viento soplaba suavemente en el lago, creando ondas y olas que se agitaban suavemente en la orilla, a lo lejos era posible ver la luz de los anillos rojizos del cielo recortados contra las montañas que separaban Tumia de Clauepi. Poco a poco y con paciencia, recorrí un buen trecho del borde del lago, buscando entre rocas y matorrales, los pequeños musgos, cavar un poco al rededor si era necesario para utilizar el cuchillo como palanca , arrancando el musgo con cuidado para poder dejar una pequeña parte aun intacta en la tierra con el fin de que pudiera crecer de nuevo y tener mas ingredientes para futuras contingencias o simplemente comerciar con los pueblos cercanos. Una vez hube llenado medio frasco con una capa de musgo bien apisonado, para aumentar su densidad y no llenar el frasco simplemente de aire, emprendí el camino de vuelta. Los dedos me quedaron cubiertos con una pequeña capa de tinta azul que liberaba el musgo cuando era desprendido del suelo, así que utilice una roca cercana para limpiarme. El camino de vuelta a casa fue silencioso y relajante al sentir la brisa ligeramente helada que soplaba.
El frasco tenia suficiente como para preparar el tratamiento de Aljerian y tal vez vender un poco. Con cuidado, deposité el frasco en una mesa cerca a la entrada y rebusque el disolvente en el gabinete del lado de la hoguera. Una vez enjuagado el musgo y mezclada con el agua del lago, tomaba el tono verde azulado característico. Mañana probablemente estuviera listo para utilizarlo. Reacomode un poco los troncos con el atizador y decidí que era hora de terminar el día.
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Treania
AdventureTreania son rescoldos humeantes de un mundo que una vez fue. Un mundo a través de los ojos de sus habitantes, en una férrea lucha por la supervivencia y el control del arte de la manipulación.
