Capítulo 3

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El amanecer era crudo y frío, una niebla espesa cubría el campamento mientras los soldados se preparaban para otro día de entrenamiento. El sargento, implacable, caminaba entre las filas, asegurándose de que nadie se atreviera a aflojar el paso. Su voz era como un trueno que hacía eco entre los árboles, fuerte y áspera.

—¡Vamos, holgazanes! —gritaba el sargento, golpeando su vara contra el suelo con cada palabra—.
¡Hoy es otro día para demostrar que no son un montón de inútiles! ¡Quiero ver disciplina! ¡Precisión!

Luke y Brandon se encontraban entre los hombres, pero no habían cruzado palabra desde la última vez que se habían visto la noche anterior. Cada uno se mantenía centrado en sus propios pensamientos, sus propios problemas. Luke, como siempre, trataba de despejar su mente, mientras Brandon volvía a las escrituras que había leído la noche anterior, tratando de borrar cualquier duda o incomodidad que pudiera haber germinado en su interior.

El ejercicio del día consistía en una serie de pruebas físicas intensas, diseñadas para empujar a los soldados al límite. Bajo la supervisión estricta del sargento Jackson, los hombres debían arrastrarse bajo alambre de púas, escalar paredes y correr a través de un campo lleno de obstáculos, todo mientras llevaban sus mochilas llenas y sus rifles a cuestas.

El sudor cubría la frente de Luke mientras se concentraba en cada movimiento. Sus músculos ardían, pero no dejó que el cansancio lo venciera. Se mantenía firme, decidido a seguir adelante. A su lado, Brandon trabajaba con la misma intensidad, aunque con la mente algo más distraída. El entrenamiento físico siempre había sido su fuerte, pero hoy había algo en su cabeza que no lo dejaba estar completamente presente.

Mientras los dos avanzaban por uno de los tramos más difíciles del circuito, en medio de un ejercicio de carga con mochilas, sucedió lo inesperado. Brandon, quien intentaba escalar una pendiente con rapidez, perdió el equilibrio de repente, y antes de que pudiera evitarlo, cayó hacia atrás, directamente sobre Luke, quien en ese momento estaba subiendo detrás de él.

El impacto fue brusco, el cuerpo de Brandon cayó pesadamente sobre el de Luke, ambos aterrizando en el suelo. Luke, sorprendido por la cercanía, sintió una oleada de calor recorrer su rostro. Era un gesto involuntario, un rubor que rápidamente trató de ocultar. Por un momento, todo su cuerpo se tensó al sentir el peso de Brandon sobre él.
Fue solo un segundo, pero un segundo demasiado largo para su comodidad. Intentó disimular, apartando su mirada con rapidez.

Brandon, aún sobre Luke, se sentía incómodo al principio. Su primer instinto fue intentar levantarse, pero al notar la cercanía, un calor extraño lo recorrió también. Su corazón latía más rápido, algo que no podía explicar, algo que lo confundía profundamente. Sin embargo, su mente, tan acostumbrada a los preceptos rígidos que seguía, lo hizo reaccionar. Con torpeza, se apartó y se quitó de encima de Luke rápidamente, quedando a su lado todavía en el suelo.

—¡Levántense, soldados! —la voz del sargento Jackson los sacudió, resonando en el aire con una autoridad cortante—. No quiero "mariquitas" aquí. ¡Sigan con el maldito entrenamiento!

El comentario del sargento, con su tono de desprecio, atravesó a ambos hombres como un látigo. Brandon sintió un nudo formarse en su estómago. Había algo en las palabras del sargento que lo hizo sentirse aún más incómodo, más inquieto. Se apresuró a retomar su posición, alejándose de Luke, quien también volvió a su lugar sin decir una palabra, manteniendo su mirada fija en el suelo.

El resto del entrenamiento continuó sin mayores incidentes, pero la incomodidad entre ambos permanecía en el aire. Ninguno de los dos se atrevió a mirarse directamente, ambos luchando por mantener sus emociones bajo control.

Al finalizar el día, cuando cada soldado se retiraba a su tienda, Luke se sentó solo, mirando las estrellas como la noche anterior. Los recuerdos del accidente con Brandon se repetían en su mente. Intentaba convencerse de que no había sido nada, un simple accidente. Pero el rubor que había sentido y la extraña sensación de calor no dejaban de atormentarlo. ¿Qué demonios me pasa?, pensaba. Nunca había sentido algo así antes, y la confusión empezaba a instalarse en lo más profundo de su ser.

Por otro lado, Brandon también estaba inmerso en sus pensamientos. Su incomodidad inicial al caer sobre
Luke había cambiado a algo que no lograba identificar, algo que lo asustaba. No podía dejar de pensar en las palabras del sargento. "No quiero mariquitas aquí", y esas palabras resonaban en su cabeza.
Eso no soy yo, se repetía una y otra vez, intentando convencerse de que no había nada más en esa extraña sensación que había sentido. Pero por más que intentaba, no podía borrar el leve sonrojo que había aparecido en su rostro en ese breve momento de cercanía.

Entre balas y susurrosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora