El viento cortante se colaba por cada grieta de la cueva. Luke y Brandon seguían abrazados, en silencio, buscando un calor que parecía escaparse. Sus cuerpos temblaban, pero no solo por el frío. Era la incertidumbre, el miedo latente que pesaba en cada respiración contenida, en cada sonido que parecía más fuerte de lo que debía ser. Afuera, la oscuridad lo envolvía todo, y lo único que se escuchaba era el golpeteo incesante del viento, como si la misma guerra hubiera quedado atrapada en la tempestad.Luke intentaba mantenerse despierto. Sabía que si cerraba los ojos y sucumbía al sueño, el frío lo atraparía y no lo soltaría. Miró a Brandon, cuyo rostro reflejaba el mismo cansancio que sentía él. Ambos estaban agotados, física y mentalmente. Pero algo más pesaba en ese silencio incómodo, algo que ninguno de los dos parecía dispuesto a abordar.
—¿Qué crees que sea peor? —La voz de Luke rompió la quietud, un susurro bajo, apenas audible por el rugir del viento—. ¿Morir congelado o... en medio de una emboscada?
Brandon lo miró, sorprendido por la pregunta, pero agradecido por romper el silencio. Era necesario hablar para no ceder al sueño.
—No lo sé —respondió después de pensarlo unos segundos—. Ambas suenan horribles.
Luke soltó una risa seca, aunque amarga.
—Sí, supongo que ninguna es ideal. Pero al menos aquí podemos hablar.
Brandon asintió. Sus ojos se desviaron hacia la entrada de la cueva, donde la oscuridad seguía siendo densa. No había manera de saber qué les esperaba afuera.
—¿Tienes miedo? —preguntó, sin mirarlo directamente.
Luke permaneció en silencio unos segundos.
—Sería un idiota si no lo tuviera —admitió al final—. Pero... más que miedo, pienso en Mary.
Brandon frunció el ceño, confundido.
—¿Quién es Mary?
Luke respiró hondo, como si esas palabras le quemaran en la garganta.
—Es mi hija.
—¿Cuántos años tiene? —preguntó Brandon, intentando mantener la conversación viva.
—Un año —dijo Luke, su tono suavizándose—. Solo un año... Y aquí estoy, en medio de esta maldita guerra. A veces me pregunto si alguna vez me recordará si no vuelvo.
Brandon lo miró, tratando de imaginarse cómo debía sentirse tener una hija tan pequeña en medio de todo esto.
—Claro que te recordará —dijo Brandon—. Tienes que volver.
Luke soltó una risa corta, incrédula.
—¿Tienes hijos? —preguntó de repente.
—No, ninguno —respondió Brandon, sin saber qué más añadir.
—Es curioso. Pensé que todo sería diferente, que la guerra era cosa de otros. Y aquí estoy. Dejé a Mary con mi hermana. Se encarga de ella mientras... mientras hago esto.
—¿Por qué te uniste al servicio? —Brandon no pudo evitar preguntar.
Luke desvió la mirada, como si aquellas palabras le dolieran.
—No fue por elección. Con la guerra encima, no había escapatoria. Y aunque me juré no volverme parte de esto, al final el mundo no me dejó decidir. Cuando eres padre, te das cuenta de que a veces no puedes hacer lo que quieres.
Brandon asintió lentamente.
—Lo entiendo.
—¿Y tú? —preguntó Luke, cambiando el tema—. Siempre te veo con esa Biblia. ¿Te ayuda en algo?
Brandon vaciló. No había hablado mucho de su fe, pero sentía que, en ese momento, cualquier conversación era mejor que el silencio.
—No lo sé, Luke. A veces me aferro a la idea de que todo esto tiene un propósito. Otras veces... solo me siento perdido. Hay cosas que siempre he creído que son correctas, pero aquí... todo parece tan incierto.
—¿Qué es lo que más temes? —preguntó Luke.
Brandon bajó la mirada. Sabía que la respuesta no era sencilla. Temía la muerte, sí, pero también temía otras cosas que no podía nombrar. Especialmente ahora, con Luke tan cerca.
—Temo perderme —dijo al final—. Temo que, cuando todo esto termine, no reconozca a la persona en la que me he convertido.
Luke asintió, comprendiendo sin que Brandon tuviera que explicarse más. La guerra cambiaba a las personas. Lo había visto demasiadas veces.
—Supongo que ninguno de nosotros saldrá de esto siendo el mismo —comentó Luke, su voz más suave.
Brandon lo observó en silencio. Luke era fuerte, resiliente, pero había una vulnerabilidad en él, una humanidad que lo hacía real, más allá de la imagen del soldado distante.
—Lo que sea que venga, sobreviviremos —dijo Luke, firme—. No podemos dormirnos, no aún.
Brandon asintió, el frío seguía mordiendo su piel, pero el calor de Luke mantenía su cuerpo funcionando. Estaban agotados, física y mentalmente, pero algo en su conexión parecía ser más fuerte que la guerra que los rodeaba.
Ambos sabían que, en la guerra, los momentos de calma podían ser tan peligrosos como los de batalla. Pero por ahora, lo único que podían hacer era resistir. Resistir el frío, la fatiga, y todo lo demás que aún no estaban dispuestos a enfrentar.
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Entre balas y susurros
Romance"A veces pienso en lo que éramos antes de todo esto, antes de que el sonido de los disparos y el olor a pólvora definieran nuestros días. Tengo una hija pequeña esperándome en casa, ¿sabes? Siempre pensé que el honor significaba protegerla a ella y...