capitulo 3

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Capítulo 3

Pov Claudine

Pasaron algunos días desde mi desmayo, y aunque intenté fingir que todo estaba bien, la verdad era que cada vez me costaba más seguir adelante. Mi cuerpo estaba fallando, y aunque mi orgullo me impulsaba a mantener la apariencia de fuerza, dentro de mí, todo era caos.

Maya no había mencionado nada más desde aquel día en los vestuarios. Sabía que ella me observaba, preocupada, pero respetaba mi silencio. Sin embargo, esa calma incómoda no duraría mucho.

Esa mañana, me dirigí a la academia un poco más temprano que de costumbre. Quería tener un momento a solas en el escenario, sentir esa paz que solo la danza y la interpretación me daban. Caminé por los pasillos vacíos hasta llegar al teatro, donde todo estaba en silencio. Las luces estaban apagadas, pero no me importaba. A la penumbra me acompañaban mis pensamientos.

Subí al escenario, mis pies se movían de manera automática, y comencé a danzar. Mis movimientos fluían, pero pronto el familiar dolor en el pecho apareció. Intenté ignorarlo, seguir adelante como siempre, pero esta vez era más fuerte, más intenso. Mi respiración se hizo pesada, y mis piernas comenzaron a fallar.

—No… —susurré entre jadeos—. No ahora…

Pero antes de que pudiera reaccionar, las luces del teatro se encendieron de golpe, y escuché unos pasos acercándose rápidamente. Maya estaba allí, con esa misma expresión de preocupación que se estaba volviendo habitual en ella.

—¡Claudine! —gritó, corriendo hacia mí.

Antes de que pudiera decir algo, mis rodillas cedieron y caí al suelo. Maya llegó justo a tiempo para atraparme entre sus brazos.

—Te dije que no debías forzarte tanto —dijo con voz suave, pero firme.

Intenté protestar, pero apenas podía respirar. Me sentía tan cansada. Todo el peso de mi cuerpo descansaba sobre Maya, y esta vez no tenía la energía para apartarla. Me quedé allí, en sus brazos, respirando con dificultad mientras sentía su calidez rodeándome.

—Maya… —susurré—. No… no quiero que me veas así.

—¿Por qué? —respondió con suavidad, levantando mi rostro para que la mirara—. No tienes que esconderte de mí, Claudine. Estoy aquí para ti.

Cerré los ojos, sintiendo cómo las lágrimas empezaban a acumularse. Odiaba este sentimiento de impotencia, odiaba ser débil frente a ella. Pero al mismo tiempo, había una parte de mí que anhelaba dejarme llevar, confiar en alguien.

—No quiero que me veas como a alguien frágil… —murmuré.

—Eres muchas cosas, Claudine. Pero frágil no es una de ellas —dijo, con una leve sonrisa—. Todos necesitamos a alguien de vez en cuando. Incluso tú.

Sentí que sus palabras atravesaban mis defensas, haciendo que todo lo que había guardado dentro comenzara a desmoronarse. Por primera vez en mucho tiempo, me permití llorar frente a alguien. Me aferré a Maya con fuerza, y ella me abrazó sin decir una palabra, permitiéndome desahogar todas las emociones reprimidas.

Pov Maya

Ver a Claudine romperse así frente a mí me hizo darme cuenta de cuán sola había estado todo este tiempo. Siempre había admirado su fuerza, su determinación, pero nunca imaginé el peso que llevaba sobre sus hombros.

Sostenerla en mis brazos mientras lloraba me hizo comprender algo importante: ella no solo era mi rival. Era alguien a quien amaba profundamente, aunque me había esforzado por mantener esos sentimientos ocultos. Pero en ese momento, viendo su fragilidad, supe que no podía seguir pretendiendo que solo éramos rivales.

—Claudine… —susurré suavemente, acariciando su cabello con ternura—. No tienes que ser fuerte todo el tiempo. Puedes confiar en mí.

Ella no respondió, pero sus manos se aferraron a mi uniforme con más fuerza. Sabía que las palabras no bastarían para hacerla cambiar de opinión sobre muchas cosas, pero al menos en ese momento, parecía estar permitiendo que la cuidara.

Después de unos minutos, su respiración se estabilizó, y poco a poco, levantó la mirada. Sus ojos estaban enrojecidos, pero aún brillaban con esa intensidad que tanto me cautivaba.

—No sé por qué siempre terminas salvándome —dijo con una sonrisa débil.

—Tal vez porque quiero hacerlo —respondí, devolviéndole la sonrisa.

Claudine se apartó lentamente de mí, limpiando sus lágrimas con la mano. Aunque seguía visiblemente cansada, parecía más en paz consigo misma, al menos por ahora.

—Gracias, Maya —murmuró, bajando la mirada con algo de vergüenza.

—No tienes que agradecerme. —Me acerqué más, inclinándome ligeramente hacia ella—. Pero hay algo que sí me gustaría.

—¿Qué cosa? —preguntó, levantando la vista con curiosidad.

Me acerqué aún más, nuestros rostros a solo unos centímetros de distancia. Mi corazón latía con fuerza, pero esta vez no iba a dudar. Lentamente, llevé mis labios hasta los suyos, en un beso suave y tierno, queriendo transmitir todo lo que sentía por ella.

Por un momento, Claudine no se movió, sorprendida por mi atrevimiento. Pero luego, sus labios comenzaron a responder, y lo que empezó como un beso tímido se convirtió en algo más intenso, más apasionado.

Cuando finalmente nos separamos, ambas estábamos respirando con dificultad, pero no era por falta de aire, sino por la emoción que nos envolvía.

—Maya… —susurró Claudine, mirándome con esos ojos que siempre habían sido un enigma para mí—. Esto no lo esperaba.

—Yo tampoco —respondí, sonriendo—. Pero no me arrepiento.

Nos quedamos en silencio por unos momentos, ambas procesando lo que acababa de ocurrir. No sabíamos qué seguiría después, pero una cosa estaba clara: ya no podíamos seguir fingiendo que éramos solo rivales. Había algo mucho más profundo entre nosotras, y ahora que habíamos dado ese primer paso, no había vuelta atrás.

—Supongo que esto cambia las cosas —dijo Claudine finalmente, con una pequeña sonrisa.

—Supongo que sí —respondí, acariciando su mejilla con suavidad—. Pero podemos enfrentarlo juntas.

Y en ese momento, supe que, pase lo que pase, estaríamos juntas para afrontar lo que viniera.

siempre (kuromaya) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora