Me dirigí contenta a la habitación y encontré a Serena despierta, mirando por la ventana. Me causó tanta ternura que corrí a abrazarla. Serena era mi hermana menor, y siempre intentaba protegerla.
—Tenemos el día libre, ¿quieres ir de compras? —le dije, y ella dio brincos de emoción.
—Pronto cumplirás 16, ¿qué quieres de regalo? —le pregunté.
—Aún no lo sé, pero quiero algo lindo —respondió mientras se alistaba para salir. Yo me puse un vestido rápidamente.
Nos preparamos en poco tiempo, queríamos aprovechar el día. Al bajar las escaleras, el olor a cigarrillo impregnaba todo el lugar, pero no le presté mucha atención.
—¡Jaspe! —escuché que gritaba Yoongi.
—Sí, señor, dígame —le respondí mientras me acercaba.
—No me llames señor. Mira, esta es mi dirección, por si Jeon se pasa de nuevo —dijo, extendiéndome un papel. Intenté tomarlo, pero justo en ese momento Serena habló.
—Ya estoy lista —dijo con una gran sonrisa.
—Y puede ir tu hermana también —añadió Yoongi, como si hubiera leído mis pensamientos. Esbocé una sonrisa y guardé el papel en mi bolso.
—¡Hey! —escuché la voz del señor Jeon a lo lejos.
—Corran, yo hablo con él —dijo Yoongi, y Serena y yo salimos corriendo, riendo, sintiendo el sol cálido tocar nuestra piel.
Estábamos emocionadas por tener un día libre, algo que casi nunca sucedía. Fuimos de compras, caminamos por las tiendas y pasamos la tarde riendo como hacía tiempo no lo hacíamos. Era como si, por un momento, todo el dolor y la oscuridad de nuestra vida se desvanecieran. El sol brillaba, pero de repente, nubes grises empezaron a cubrir el cielo y no mucho después comenzó a llover. La lluvia era intensa y causó un tráfico que nos retrasó.
Cuando finalmente llegamos a la casa, ya había anochecido y mi corazón empezó a acelerarse al imaginarme lo que nos esperaba. Sabía que al señor Jeon no le gustaba que llegáramos tarde, y aunque teníamos el día libre, algo en su temperamento siempre lo hacía impredecible.
Entramos sigilosamente, esperando no hacer ruido, pero en cuanto cerramos la puerta, lo vi. Estaba en la sala, sentado en su silla de cuero, con una expresión sombría. El cigarrillo en su mano apenas humeaba, pero el ambiente estaba cargado de tensión.
—¿Dónde demonios han estado? —rugió, levantándose bruscamente de la silla.
Sentí a Serena aferrarse a mi brazo. Pude notar su miedo en la forma en que sus dedos se clavaban en mi piel, y en ese momento, supe que tenía que ser fuerte, por las dos. Pero antes de que pudiera decir algo, él ya estaba frente a nosotras.
El golpe me tomó por sorpresa, aunque debería haberlo esperado. Mi mejilla ardía, pero lo que más me dolía era el miedo en los ojos de Serena. No podía permitir que él siguiera lastimándonos.
—No te atrevas a tocarla —le dije con la voz temblorosa, pero llena de una rabia que no había sentido antes.
El señor Jeon me miró con una mezcla de sorpresa y furia. Su mano volvió a levantarse, esta vez apuntando a Serena, pero me interpuse entre los dos. No podía permitir que la golpeara. No esta vez.
—¡Jaspe! —gritó Serena, pero yo ya había decidido. No íbamos a quedarnos ahí ni un segundo más.
—Vete, Serena —le dije.
—¡Nadie se va de esta casa! —rugió el señor Jeon, pero no me importaba.
Con el corazón acelerado, empujé a Serena por la puerta, asegurándome de que saliera primero. Cerré la puerta con fuerza tras de mí, sabiendo que me quedaría sola con él. El silencio en la habitación era sofocante. El señor Jeon me miraba con una intensidad que me hacía sentir un nudo en la garganta, sus ojos llenos de rabia, como si quisiera destrozarme por dentro y por fuera.

ESTÁS LEYENDO
El Lenguaje de las Flores
Fiksi PenggemarJaspe descubrirá que a veces, el pasado florece en los lugares más inesperados, y que la verdadera fortaleza está en las raíces que nunca dejamos ir.