7

414 44 2
                                        

El barco regresó al puerto con la tripulación de Sirius, Marlene, Remus, Lily, Frank y Alice. Todos descendieron agotados, pero satisfechos de haber completado la misión, aunque el ambiente era pesado por lo que sabían que se avecinaba. La negociación con los Black había sido tensa, y aunque consiguieron ciertos acuerdos, sabían que la situación no estaba resuelta del todo.

Sirius, caminando con el ceño fruncido, apenas saludó a los demás mientras se dirigía rápidamente hacia la nave donde sabían que James tenía a Regulus. No había dejado de pensar en su hermano desde que partió. Habían hablado con su familia, con Barty, y aunque todos estaban preocupados, algo en su interior le decía que debía volver cuanto antes. James no era conocido por su paciencia.

—Espero que James no haya hecho alguna tontería —murmuró Sirius, apretando los dientes, mientras Marlene caminaba a su lado.

—Tonterías es lo que mejor sabe hacer, Sirius —respondió ella, rodando los ojos.

—No puedo dejar que lo lastime —dijo Sirius, apretando los puños con fuerza—. He perdido demasiadas cosas ya… no voy a perder a Regulus también.

Mientras tanto, en el barco, la situación era muy diferente. Regulus estaba sentado junto a la ventana de su pequeña habitación, mirando al mar, con una expresión serena que contrastaba con la tormenta de emociones que había sentido las últimas semanas. El cambio en su interior era evidente; ya no pensaba en escapar. Se había enamorado de James, lentamente, de una manera que lo tomó por sorpresa.

Recordó los pequeños gestos de James, las conversaciones, los momentos en los que había sentido que, quizás, no era tan cruel como pensaba. A veces, James lo miraba con una ternura inesperada, y en esos momentos, Regulus se convencía de que lo conocía más de lo que él mismo admitía. El James despiadado del que todos hablaban parecía desvanecerse cuando estaban juntos.

James, por su parte, también había comenzado a sentir algo que no esperaba. Lo que al principio era un simple juego de poder, una estrategia para obtener lo que quería, se estaba transformando en algo más. Regulus lo había cautivado, no solo por su belleza, sino por la conexión que habían forjado. Se sorprendía a sí mismo pensando en él incluso cuando no estaba en la misma habitación.

Esa tarde, James entró en la habitación de Regulus, encontrándolo con la mirada perdida en el horizonte. Se acercó lentamente, su mente todavía en conflicto. Sabía que enamorarse de Regulus no formaba parte del plan original, pero ya no podía negar lo que sentía.

—¿Qué haces, amor? —preguntó James, apoyándose en la pared mientras observaba a Regulus.

Regulus giró la cabeza y sonrió ligeramente.

—Solo pensando. En todo lo que ha pasado —respondió suavemente—. No es fácil de asimilar.

James se acercó más, tomando asiento al lado de él. Miró el perfil de Regulus, su piel suave bajo la luz tenue, y sintió un calor en su pecho que no pudo ignorar. Sin pensarlo mucho, alargó la mano y le acarició la mejilla.

—Me alegra que estés aquí —dijo en voz baja, sus palabras más sinceras de lo que había esperado.

Regulus lo miró a los ojos, sorprendido por la suavidad en su tono. Algo en esa mirada le hizo darse cuenta de que James estaba cambiando también. El miedo que alguna vez sintió cuando lo veía ahora parecía disiparse.

—Y a mí me alegra estar aquí… contigo —confesó Regulus, sintiendo que sus palabras eran ciertas.

James sonrió levemente, pero en su interior seguía luchando con lo que aquello significaba para su plan. Sabía que se estaba acercando peligrosamente a un punto de no retorno, pero por primera vez, no estaba seguro de querer seguir el plan tal como lo había ideado. Tener a Regulus a su lado, pero no como una simple herramienta, sino como alguien que realmente lo entendiera, era una idea tentadora.

the kidnapped prince regulus black Donde viven las historias. Descúbrelo ahora