9

401 49 2
                                        

La semana había pasado rápidamente y Regulus se encontraba en el gran salón de su hogar, rodeado de telas y costureras que discutían sobre los detalles de su traje de boda. El ambiente era una mezcla de emoción y nerviosismo, pero para él, el entusiasmo era difícil de encontrar. Había tantas cosas que organizar, y cada una de ellas le recordaba que estaba a menos de un mes de casarse con Barty.

—Prueba este, querido —dijo una de las costureras, presentándole un traje de un azul profundo, el color de la familia Crouch. Regulus se lo puso con cierta apatía, observándose en el espejo.

No le quedaba bien. La chaqueta le quedaba holgada, y los pantalones se arrugaban de una manera poco favorecedora.

—No, no, no —murmuró una de las costureras, moviendo la cabeza con desaprobación.— Necesitamos hacer algo más que un simple ajuste. Esto no sirve.

Regulus soltó un suspiro pesado. La frustración se acumulaba en su pecho. Cada prenda que probaba no se ajustaba a su figura, se sentía como si cada error de medida fuera un recordatorio de que todo esto era un juego, un espectáculo al que se veía obligado a asistir.

—Tal vez deberíamos hacerle un traje a medida —sugirió otra costurera, mientras observaba a Regulus con una mezcla de compasión y preocupación.

—Sí, creo que eso es lo que necesitamos —respondió la primera costurera, tomando notas en un pequeño pergamino—. ¿Qué te parece, Regulus?

Regulus solo asintió, con la mirada perdida en su reflejo. La idea de un traje a medida sonaba mejor, pero también significaba más tiempo dedicado a una boda que no deseaba. Mientras sus familiares hablaban sobre los detalles, él se perdió en sus pensamientos, recordando momentos con James. Esa chispa que había encendido en él parecía apagarse con cada paso que daba hacia el altar.

—¿Regulus? —lo llamó una de las costureras, sacándolo de sus cavilaciones.

—¿Hm? —respondió, volviendo a la realidad.

—¿Qué te parece si elegimos una tela diferente? Quizás algo más ligero para el verano —sugirió, tratando de captar su atención.

Regulus asintió de nuevo, sintiéndose como un mero espectador en su propia vida. Mientras discutían sobre telas y diseños, su mente vagaba hacia la figura de James, preguntándose cómo habría sido todo si las cosas hubieran sido diferentes. Sin embargo, esas preguntas no llevaban a ningún lado.

—Lo siento —murmuró al darse cuenta de que no estaba prestando atención—. Elijo lo que ustedes consideren mejor.

Las costureras intercambiaron miradas, sabiendo que detrás de su apático comportamiento había una gran tristeza. Pero lo que no sabían era que, a pesar de los preparativos para la boda, Regulus sentía un profundo vacío, uno que no podía llenarse con trajes a medida ni con lujosos adornos.

Mientras las costureras continuaban su trabajo, Regulus se permitió un momento de reflexión, deseando que el tiempo pasara volando para evitar el inevitable compromiso que lo esperaba.

La tarde era silenciosa en el castillo Black. Regulus se había refugiado en su habitación, buscando un poco de tranquilidad en medio de todo el bullicio de los preparativos para la boda. Apenas quedaban unas semanas, y cada vez sentía más el peso de las expectativas de su familia y de lo que significaba ese matrimonio con Barty. No podía encontrar ni un momento de paz sin que alguien estuviera recordándole algún detalle pendiente o la importancia de su unión para las dos familias.

Abrió su cuaderno de bocetos y se sentó junto a la ventana, buscando en el papel una salida, una manera de liberar sus pensamientos. Desde pequeño, había encontrado en el dibujo un refugio, un lugar donde podía ser solo él, sin etiquetas ni títulos.

the kidnapped prince regulus black Donde viven las historias. Descúbrelo ahora