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Regulus estaba ahora solo en su nueva habitación. Aunque la cama era mucho más cómoda que el frío suelo de la celda, seguía sintiéndose atrapado. Se tumbó un rato, mirando al techo y pensando en su situación. El pensamiento de que James lo tenía bajo su control lo llenaba de rabia. ¿Cómo había terminado así? Secuestrado por el pirata más infame de los mares y, para colmo, atrapado bajo su constante vigilancia.

Al incorporarse, su mirada se posó en un pequeño escritorio en la esquina de la habitación. Sobre él había algunos pergaminos viejos y una pluma con tinta. Regulus se acercó, curioso, y se sentó. Tomó la pluma y comenzó a escribir, más por necesidad de desahogarse que por algún propósito específico.

_"James Potter es el ser más detestable que he conocido. Arrogante, egocéntrico, y completamente convencido de que el mundo gira a su alrededor. No puedo soportar esa sonrisa suya, como si todo fuera un juego para él. Me humilló por su propio placer, y no puedo evitar desearle lo peor. Pero no puedo hacer nada... Estoy atrapado."_

Regulus dejó la pluma en el escritorio y se recostó nuevamente en la cama. El peso de su situación lo abrumaba. Pensó en su futuro, en lo que significaba ser el heredero de los Black desde la huida de Sirius, y en cómo todo había cambiado tan rápido. ¿Volvería alguna vez a su vida anterior? Y si lo hacía, ¿quién sería él entonces?

Sus pensamientos se volvieron hacia Barty Crouch Jr., su prometido. Barty lo amaba profundamente, aunque Regulus solo lo veía como un amigo, alguien cercano pero sin esa chispa que había visto en otros. Pero, en un reino donde todo se hacía por conveniencia y alianzas, ¿qué importaban sus propios deseos?



Barty caminaba inquieto de un lado a otro en su habitación, incapaz de dormir. La preocupación por Regulus lo estaba consumiendo. Desde que habían recibido la noticia del secuestro, no había sido capaz de pensar en otra cosa. Las noches eran eternas, y las horas parecían arrastrarse con una lentitud desesperante.

Había imaginado tantas veces el día de su boda con Regulus. En apenas cinco meses, estarían casados, sellando una alianza poderosa entre sus familias. Para Barty, aquello no era solo un acuerdo político, era su sueño. Amaba a Regulus desde hacía años, y no soportaba la idea de que ahora, en algún lugar de los mares, pudiera estar sufriendo o en peligro.

—Regulus... —murmuró para sí mismo, mirando por la ventana de su cuarto al jardín oscuro de la mansión Crouch—. No permitiré que esos malditos piratas te hagan daño. Prometo que te traeré de vuelta.

Sabía que Orión Black, el padre de Regulus, estaba intentando negociar con los piratas. Pero Barty no tenía fe en las palabras ni en los tratos. Él quería actuar, quería hacer algo para salvar a Regulus, pero sabía que, por ahora, debía esperar. Cada minuto que pasaba sentía que lo estaba perdiendo un poco más.

Se dejó caer en su cama, agotado por la ansiedad. Cerró los ojos, pero todo lo que veía en su mente era a Regulus, prisionero en algún barco, solo, lejos de su hogar y de las personas que lo amaban. ¿Y si no llegaban a tiempo? ¿Y si...?

Barty abrió los ojos de golpe, con el corazón acelerado.

—No... Lo traeremos de vuelta. Tiene que estar aquí para nuestra boda. Tiene que estar a mi lado.

Y aunque intentaba convencerse de ello, la duda seguía acechándolo.

James estaba en su camarote, recostado en su silla de cuero, mirando el techo del barco con una sonrisa arrogante. La misión de los demás seguía en curso, y él estaba allí, solo en el barco, pero no del todo solo. No podía dejar de pensar en el pequeño príncipe que ahora ocupaba la habitación que le había ofrecido. Regulus Black. El nombre tenía un sonido casi poético, adecuado para alguien con una belleza tan delicada.

the kidnapped prince regulus black Donde viven las historias. Descúbrelo ahora