El olor a mandarina la envolvía como una manta suave, y por un instante, casi se dejó llevar por la placidez de la sensación. Una parte dentro de ella demandaba atención, una urgencia que se trasladaba desde su cabeza hasta su entrepierna, un latido molesto y visceral. Pero había algo más, algo inquietante en el aire que la hizo abrir los ojos con dificultad.
Un par de ojos verde jade, brillando con una mezcla de odio y desesperación, la miraban fijamente. Su intensidad la trajo de vuelta a la realidad, la sacó de su neblina. Estaba en el suelo, encima de una chica que luchaba por liberarse. Una de sus manos retenía ambas muñecas de la joven, mientras la otra se encontraba a medio camino de rasgarle las últimas prendas.
El shock le golpeó con fuerza, como una ráfaga de aire helado. ¿Qué demonios estaba haciendo? Sintió el sudor frío correr por su espalda mientras su mente procesaba el caos que la rodeaba. La respiración entrecortada de la chica, sus intentos desesperados por liberarse, las patadas débiles que intentaban alcanzarla en el estómago, más abajo, en zonas peligrosas.
Saltó hacia atrás como si hubiese tocado una estufa caliente. Sus manos temblaban, y no pudo evitar soltar un nervioso y agudo "¡Lo siento!" mientras giraba la cabeza, incapaz de mirar a la chica semidesnuda que había estado atacando.
¿Qué carajo estaba pasando?
El silencio pesado de la habitación la hizo detenerse. Ya no escuchaba la respiración entrecortada de la chica. Aterrada, giró lentamente. El cuerpo de la joven estaba inmóvil. Se acercó, el pánico subiendo por su garganta. ¿Estaba...? No, aún respiraba. Un suspiro de alivio se escapó de sus labios mientras tocaba su frente, notando la fiebre que quemaba su piel. Tenía que sacarla de allí.
Con un esfuerzo que le resultaba alarmante, la levantó en sus brazos. ¿Por qué se sentía tan débil? No era momento de hacerse preguntas. Salió de la habitación oscura y húmeda —claramente un sótano—, apenas consciente de su entorno hasta que llegó al primer piso. La casa era extraña, desconocida. Recorrió pasillos buscando una habitación, cualquier lugar donde pudiera dejarla descansar. Tras lo que le pareció una eternidad, encontró unas escaleras que llevaban al segundo piso. Casi corrió hacia la primera puerta que vio, empujándola con el hombro.
Había una cama. Eso era suficiente.
La colocó cuidadosamente entre las sábanas escarlatas, asegurándose de que su cuerpo estuviera cubierto. Un pensamiento fugaz atravesó su mente mientras observaba cómo la cama parecía mucho más baja de lo que alguna vez le parecieron. Todo se sentía diferente. Se alejó, respirando profundamente, y mojó una toalla con agua fría en el baño cercano, regresando para colocarla en la frente de la chica.
Solo entonces, con la urgencia inmediata resuelta, se permitió observarla de cerca.
Observó sus grandes ojos con largas pestañas; sus cejas rectas, delgadas y definidas; sus labios gruesos en forma de corazón de un color melocotón natural; su nariz pequeña y respingada. Todo plasmado en un rostro con grandes cachetes y una mandíbula afilada.
Aun en su sorpresa, algo en ella le decía que la conocía de algo.
Miro su cabello largo y suelto; Ondulados y brillantes; de un color rubio oscuro.
Grace... El nombre escapó de sus labios antes de que pudiera detenerse. Conocía ese rostro. La rubia, semidesnuda y febril, era la viva imagen de Grace Horner, la protagonista de la novela After the Rain, la más reciente que terminó de leer.
Semidesnuda...
El calor subió a sus mejillas. Avergonzada, busco en los cajones cercanos alguna prenda de ropa. Logró conseguir un short de algodón gris y una camisa ancha negra. Se la colocó evitando a toda costa bajar la mirada más de lo necesario.
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Calling (Omegaverse GL)
Science FictionReagan siempre fue la alfa perfecta, temida y odiada en igual medida, la villana de un best seller. Pero cuando una joven con un trágico final, despierta en el cuerpo de Reagan, se encuentra atrapada en un mundo donde los instintos primarios gobiern...