VIII

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La incertidumbre siempre le incomodo y no saber exactamente a lo que se enfrentaría ese día se manifestaba en una sensación incomoda que le oprimía el pecho.

Pensó varias veces que tal vez era mejor cancelarle a Reagan e ir por su cuenta, pero tenía que admitir que la curiosidad se deslizaba sobre ella como una caricia sutil. De todos modos, aún tenía la opción de tirarse del carro en movimiento si algo raro pasaba de camino.

Juraría haberlo visto alguna vez en una serie.

Cuando la alfa llegó a tocarle a la puerta para decirle que el desayuno estaba listo apenas se estaba levantando. Fue una sensación extraña, por su parte, nunca acostumbro a prepararse nada ella misma antes de ir a la escuela y por parte de Reagan, prefería comer afuera siempre que podía. Pero, considerando como estuvo actuando todas las vacaciones le daría crédito por mantenerse consistente.

Bajo sin más, aun en pijama, Reagan ya estaba lista y Grace se avergonzó un poco por dormir de más, pero la más alta no dijo nada.

Se sentó a la mesa en silencio, aún algo aturdida por el sueño. El olor del café recién hecho llenaba la cocina y el comedor.

Mientras tomaba un sorbo de su taza, sus ojos se deslizaron hacia la alfa. Estaba ahí, organizando su mochila, como si nada fuera diferente. Pero lo era.

Una cosa era ver a Reagan comportándose diferente en casa y otra muy distinta era verla lista para salir al mundo.

Su padre le dijo una vez que la apariencia de alguien era su primera carta de presentación.

Si eso era cierto, entonces Reagan realmente había cambiado de identidad sin previo aviso.

Grace recordó con claridad la imagen que la alfa solía proyectar. Reagan nunca fue discreta; al contrario, vestía como si su sola presencia debiera hacer ruido. Chaquetas de cuero de diseñador, camisetas ajustadas con frases provocadoras o estampados atrevidos, pantalones rasgados que parecían hechos a la medida para destacar su arrogancia. Y siempre, siempre con botas de suela gruesa que anunciaban cada paso que daba, como si el suelo tuviera que temerle.

Cada prenda que usaba gritaba poder, y no cualquier poder: el tipo de poder que aplastaba a otros sin esfuerzo. Se vestía ignorando cualquier etiqueta social, dejando ver lo poco que le importaba su entorno y su propia imagen personal.

Pero ahora...

Los jeans sencillos y la camisa de botones que llevaba dentro del pantalón no tenían rastro de esa presencia imponente. Nada de logos ostentosos, nada de piel ajustada, nada de accesorios metálicos que le dieran un aire peligroso. La diferencia era tan marcada que, si no fuera porque tenía la misma estructura alta y la misma expresión seria mientras terminaba de organizar su mochila, Grace habría jurado que era otra persona.

Dio un sorbo a su café, observándola de reojo. ¿De verdad iba a ir así a la escuela?

Se lo preguntó, pero no lo dijo. No tenía sentido. Lo que Reagan decidiera ponerse no era su problema. Y, sin embargo, la extrañeza seguía ahí, en el borde de su percepción, como si estuviera viendo a una desconocida usando el rostro de alguien que tuvo que conocer demasiado bien.

Terminó su desayuno en silencio, sin dejar de observar de reojo a Reagan. La alfa se veía tranquila, sin rastro de incomodidad.

Grace no estaba segura de qué le molestaba más: el hecho de que Reagan actuara como si nada o el hecho de que ella misma no pudiera dejar de notarlo.

Se levantó de la mesa y fue a cambiarse, pero incluso mientras elegía su ropa, la imagen de Reagan con su atuendo tan atípico se mantenía en su mente.

Calling (Omegaverse GL)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora