Capítulo 17.

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Le concedieron un permiso para salir de Epíclesis más temprano, aunque no para descansar, sino para pasar el resto del día trabajando desde su hogar. Wriothesley terminaba de guardar sus pertenencias a la vez que escuchaba a su compañera Clorinde. Mientras tanto, el cielo estaba llenándose de nubes grises, tal y como el pronóstico del clima había indicado que sucedería. El pelinegro estaba consciente de que la pequeña Sigewinne necesitaría de su compañía e intentaba apresurarse, aunque sin dejar de prestarle atención a lo que decía la chica de cabello azul.

A Sigewinne no le gustaban los días con lluvia. A veces, cuando el agua no caía con tanta intensidad, podía mantenerse tranquila, pero el clima lluvioso casi siempre le traía recuerdos de la noche en la que perdió a sus padres y hasta se sentía nerviosa si Wriothesley no estaba con ella. Era probable que las nubes y los pocos relámpagos que se podían apreciar de repente ya estuvieran provocándole cierta angustia.

—Y después dijo que le encantó la nueva versión de los diálogos y me preguntó si podía quedarme ahí un rato más porque quiso que revisara otras diez páginas —Clorinde seguía contándole alegremente a Wriothesley todo lo que había pasado después de la recomendación que éste le hizo a Furina—. ¡Incluso está considerando darme un puesto entre los correctores! Estoy muy emocionada, Wriothesley. Todo esto es gracias a ti —finalizó dándole un abrazo a su compañero.

—Oh, Clorinde —palmeó su espalda un par de veces—, son muy buenas noticias. Pero yo no hice nada —aseguró mientras rompían el abrazo—. Sólo le dije a Lady Furina que podía confiar en tu habilidad, el resto de lo que ha pasado es por tu talento.

—Gracias, Wriothesley —suspiró—. Aun así estoy en deuda contigo.

El pelinegro estaba por responderle que no debía preocuparse tanto, pero lo interrumpieron los gritos ahogados de varios otros empleados, mismos que empezaron a murmurar sorprendidos. Se tardó sólo unos segundos enterarse de qué estaba sucediendo cuando algunas voces se hicieron más claras.

—Buenos días, señor Neuvillette. ¿Hay algo en lo que le pueda ayudar? —Preguntó uno de los correctores de estilo, caminando a un lado del primo de su jefe.

—Buenos días. Le agradezco su atención, pero estoy bien.

—Señor Neuvillette —un editor corrió hacia él—, ¿gusta que le traiga algo para beber?

—Se lo agradezco, pero no es necesario.

—Si hay algo que necesite...

—Son muy amables, en serio, pero no necesito nada —a pesar de que estaba empezando a abrumarse un poco, siempre les contestaba a todos con amabilidad.

—Ah... E-está bien...

Clorinde mencionó en voz baja que los empleados no quedaban bien al tratar así al primo de Furina, ¡era todo lo contrario! Quedaban como hipócritas. Wriothesley le dio la razón, riendo un poco.

Neuvillette siguió caminando tranquilamente por el área hasta llegar a donde estaba el pelinegro. Cuando sus miradas se encontraron, al instante una sonrisa se formó en los labios de ambos.

—Buen día, Wriothesley.

—Igualmente para ti, Neuvillette. Qué agradable sorpresa.

—Vine a devolverte tu suéter —se acercó a él con la prenda recién mencionada en sus manos—. Parece que hoy saldrás de aquí con dos —agregó, señalando la prenda que el menor ya tenía encima—, pero eso es bueno. Me imagino que ya sabes que esta tarde lloverá y hará frío.

—Sí, estoy enterado —dijo mientras agarraba el suéter—. De hecho, estoy por retirarme, tengo que salir a recoger a Winne de la escuela un poco más temprano... —Suspiró—. Gracias por venir hasta acá sólo para regresarme esto.

Cerca de ti | WrioletteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora