Parte 3

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Nami: Oye, Milán no te parece que estamos tardando un poco. |habló la peli naranja|

Milán: Lo sé, eso me parece extraño. |respondió nervioso|

Zoro: ¡Oye niño a qué carajos te refieres con que te "parece extraño", se supone que tu conoces está isla como la palma de tu maldita mano! |gritó el peli verde, deteniéndose|

Milán: Y-y lo hago, pero por alguna razón el camino parece haberse vuelto más largo. |habló, imitando la acción del peli verde|

Usopp: Vamos Zoro, se que estas nervioso y desesperado por rescatar a Sanji, todos lo estamos, pero aún así debes tranquilizarte. |habló el francotirador de los mugiwaras|

Dicho estas palabras todos se detuvieron, quedando en un silencio incomodo por varios minutos. Lo que dijo Usopp era verdad, todos estaban nerviosos por no saber como se encontraba su compañero.

Robin: Parece ser algún tipo de mecanismo trampa de la casa. |interrumpió el incómodo|

Nami: Robin tiene razón, debe ser algo como un mecanismo para que no se pueda encontrar la mansión.  |corroboro la peli naranja|

Zoro: Me importa una mierda si es un puto mecanismo o alguna mierda más, eso no quita el hecho de que seguimos sin encontrar la maldita mansión. |se quejó el peli verde, explotando en insultos|

Nami: Zoro, cálmate ya encontraremos la manera de poder entrar y de liberar a Sanji.

Al escuchar el nombre del peli rubio, Zoro no pudo evitar tensar la mandíbula, recordando la noche en que el maldito se lo llevo frente a sus narices y como el no pudo hacer nada.

Mientras tanto con Sanji:

Yuko: Bueno, entonces te dejo con lo del tema de la comida, si necesitas ayuda en algo, búscame en la lavandería. |dijo antes de retirarse de la cocina, dejando solo al peli rubio|
 
Después de que la pelirroja saliera de ahí, Sanji se puso manos a la obra, reviso la nevera en busca de algo de carne, estaba pensando en hacer un estofado de ella, mientras el peli rubio estaba concentrado en la cocina, unos ojos llenos de maldad lo miraban, aun sin darse cuenta el peli rubio siguió cocinando sin darse cuenta como aquellos ojos se le comenzaban a acercar lentamente por detrás de él. No se dio cuenta hasta el momento en que sintió como su cintura era envuelta alrededor de unos fuertes y musculosos brazos, que cuando apenas los sintió trato de deshacerse de ellos.
 
Sanji: ¡Oye, quitame tus malditos brazos de encima! |reclamó, mirando por sobre su hombro|

fruta del sirvienteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora