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Con el pasar de los meses, su relación era la cosa más dulce que sus conocidos hayan visto jamás. Lo saben porque siempre se lo hacen saber a ambos. Lo que los hace sonrojar, mirándose al otro, con pequeñas sonrisas en sus rostros.

Hace tiempo cumplieron un cuatro años y casi diez meses de novios, y decidieron celebrarlo en una cita tranquila, si podía denominarse así.

Fueron al cine, vieron una película de terror, cosa que Kiyoomi aborrece, no porque les tuviera miedo, sino porque... porque... bueno, sí, debía admitir que le daban miedo las películas que su omega tanto amaba.
Y es algo que no comprende aún; le tiene miedo a la oscuridad, duerme aferrado a un peluche, y aún así, le gustan las películas de terror. ¡Eso es masoquismo!

Volviendo al punto, una vez que salieron del cine, como ese fin de semana decidieron pasarlo en Hyogo, al llegar a casa, Yui los recibió con una dulce sonrisa y un "Felicidades, mis niños, sigan así de unidos y enamorados por siempre." Que fue recibido con la bochornosa cara de Atsumu y un dulce "Gracias, Má" de Kiyoomi, quién, alegre, recibió el abrazo que la omega mayor le ofrecía, seguido de un sonoro beso en su mejilla.

Los Miya los hicieron sentir como si pertenecieran a esa familia. Lo cual era cierto.

Ellos pertenecían a esa familia. Y era la única que tenían. Por eso los amaban a todos, por hacerlos sentirse en casa cada vez que iban de visita. Los primos pasaron todas las festividades en esa casa, siendo rodeados de amor.

Y una vez que todos terminaron la secundaria, Kiyoomi tuvo que esforzarse al máximo para poder obtener la beca que tanto quería para su universidad, la cual consiguió.
Atsumu estuvo con él en el momento en que a su alfa le llegaron los papeles de aceptación, y solo pudo llorar de alegría por él, porque estaba agradecido con el alfa tan inteligente que le había tocado, porque él también se alegraba de los logros de su destinado.

Como el omega ya había decidido que no iría a la universidad, se dedicó a seguir con el voleibol; y tan solo siete meses después, un renombrado equipo lo quiso reclutar, cosa que aceptó sin dudarlo. Por el momento, era el único omega en él, pero eso no era un problema. Él demostraría su valía por como jugaba, no por su segundo género.

Obtuvo su primer sueldo, y como el buen novio que era, invitó en una romántica cena a su alfa estudioso, el cual se alegraba de ver tan feliz a su rubio, el cual le contaba todas las hazañas que hacía Bokkun. Al principio, Kiyoomi no reconoció el nombre, pero cuando le dijo que era el número cuatro del Fukurodani, captó quién era.

- ¿Es un alfa? - Fue lo único que preguntó, con su ceño algo fruncido, tratando de disimular el ligero pinchazo de celos que sintió al saber que su omega era muy amigable con otro alfa.

- Ay Dios, ¡Omiomi, tiene un omega hace años! Hasta están marcados mutuamente... - Dijo mientras rodaba los ojos, pero algo en su tono al decir la ultima sentencia no pasó desapercibida por su alfa. Lo que hizo que lo mirara algo extrañado.

Si bien ellos eran destinados, lo que se cree que es muchísimo más importante que estar enlazados, Atsumu quería todo con su alfa.
Él quería lucir la marca que su alfa debería darle cuando se enlacen. Quería mostrarle al mundo que no tenían oportunidad con él, porque ya pertenecía a Kiyoomi Sakusa.

Es algo que no han hablado muy seguido, pero Atsumu sabe que si se lo pide a Kiyoomi, él se la dará.

Y es algo que le pregunta una vez que se encuentran recostados en la cama del omega esa misma noche; la pregunta salió de la nada de la boca del rubio, mientras acariciaba los rizos desordenados del alfa, quien se encontraba dejando pequeños besitos en el cuello contario.

Mimado.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora