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Jungkook salió de la carpa principal, con el peso del las palabras de Jiwon resonando en su mente, soltó un suspiro. El sol del amanecer aún lanzaba rayos dorados sobre el circo, así mismo, sobre su rostro, emanando la esperanza de mejorar la situación con aquél acróbata, tal como el jefe pedía, iría a hablar con Jimin, estaba seguro de eso.

Se dirigió hacia la carpa de entrenamiento atravesando todo el predio, donde esperaba encontrar al enigmático acróbata. Cada paso resonaba en sus oídos, un recordatorio constante de la tarea que tenía por delante. El viento veraniego soplaba con fuerza, como si llevara consigo el eco de la conversación que acababa de tener con Jiwon, se lo repetía, y no podía quedarse sin intentarlo. 

Al llegar a la carpa de entrenamiento, el malabarista se detuvo frente a la entrada de lona, conteniendo la respiración por un momento antes de entrar. Cruzó aquél umbral con ligereza, el interior estaba envuelto en sombras, solo iluminado por la débil luz de la mañana que se filtraba por las lonas blancas del techo, y las rendijas de la tela.

—¿Jimin? —llamó Jungkook, su voz resonando en la quietud del lugar. No hubo respuesta, solo el silencio que parecía envolverlo todo.

El corazón de Jungkook comenzó a latir con fuerza mientras más avanzaba hacía el interior de la carpa. Cada sombra parecía cobrar vida propia, cada susurro del viento parecía llevar consigo la incógnita de lo que allí podría esperar.

Finalmente, vió a Jimin estirándose sostenido de un caño, en un rincón de la carpa, su figura envuelta en pequeñas y cálidas sombras.

Jungkook exhaló como si se quitara el pesar, mientras se acercaba lentamente, preparándose para la charla que estaba por venir.

—¿Jimin? —llamó de nuevo, su voz apenas un susurro en la quietud del lugar.

El artista nombrado, aún sobre la barra, giró rápidamente su cabeza hacia él, aquella mirada aunque de colores claros, ahora se veía oscura y llena de una mezcla de emociones que Jungkook no podía descifrar. El suspenso se cortó en el aire mientras esperaba la respuesta del acróbata, el cuál lanzó un suspiro fuerte y pesado al visualizar a quién menos esperaba.

—Qué diablos hace aquí —dijo el rubio finalmente para sí mismo mientras apretaba los labios y bajaba su pierna de la barra, mirando hacía otro lado, tragando la rabia que tenía acumulada hacía el malabarista.

Jungkook se acercó más hacía él, sintiendo el peso de su relación con el acróbata, el peso de las palabras del dueño nuevamente invitándolo a intentar, una situación bajo su responsabilidad, necesitaba arreglarlo cuánto antes. Sabía que no sería fácil por la personalidad del artista, pero estaba decidido, además, la última conversación que mantuvieron le daban aquél gramo de esperanza.

Avanzó con cautela hacia donde Jimin se encontraba, cada paso que daba, hacía que su corazón latiera aún con más fuerza.

—¿Jimin, podemos hablar? —preguntó con voz suave, tratando de romper el hielo que parecía rodearlos.

El contrario lo miró con desdén, sus ojos destellaban con una mezcla de rabia y resentimiento.

—¿Hablar? ¿Qué diablos quieres hablar? —espetó, su voz llena de amargura—. Eres un estúpido aficionado que cree que me puede pasar por encima, decir lo que le salga de los huevos, ¿Cuántos idiotas como tú tengo que aguantar? —su voz subía de tono, totalmente irritado, no quería demostrar que le afectaba tanto, pero allí estaba, denotando que la sóla presencia de aquél malabarista le afectaba como las palabras del dueño.

El suspenso se volvió denso mientras Jungkook abrió grandes sus ojos, ante la sorpresa, luchaba por encontrar las palabras adecuadas, no esperaba aquella respuesta, estaba fuera de su comprensión.

🎪 Of The Wonders | KookminDonde viven las historias. Descúbrelo ahora