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En la intimidad de su compartimento en el tren, Jimin y Rosé se encontraban sentados frente a frente en una pequeña mesa circular, disfrutando de un momento de relajación. La luz de una lámpara creando un ambiente acogedor, proyectando sombras suaves sobre sus rostros. Entre ellos, una botella de un licor coreano que Jin había compartido, un tesoro de su cultura, otorgado para ser degustado.

Jimin sirvió un poco en cada vaso, el líquido dorado reflejando la luz como si fuera un pequeño sol atrapado en cristal.

—¿Y, qué te pareció? —preguntó Jimin, tomando un último sorbo, su rostro mostrando curiosidad y anticipación.

Rosé asintió.

—Es... diferente —respondió ella—. Tiene un sabor dulce pero con un toque de algo... ¿especiado? Me gusta.

Jimin asintió.

—Sí, concuerdo. Aunque no estoy seguro de si es el alcohol o nuestra sangre lo que lo hace tan bueno —rio, tomando otro sorbo.

Mientras bebían, jugaban a un juego de cartas españolas, un pasatiempo que habían adoptado durante sus viajes, los momentos en que el circo se desplazaba en tren solían ser siempre como unas pequeñas vacaciones y tranquilidad de Jiwon -a menos que se requiera por algún inconveniente- y, aunque fueran no más de dos a cuatro días, eran momentos de libertad y relajación. Así que, sin cuidado, las risas y el sonido de las cartas mezclándose llenaban el pequeño espacio, creando una burbuja de calidez y familiaridad.

Después de aquél vaso de la bebida, Jimin, sin previo aviso, lanzó un hipo seguido de un eructo inconsciente que lo tomó totalmente por sorpresa. Sus ojos se abrieron grandes y rápidamente tapó su boca con la mano, su expresión de sorpresa y mejillas más rosadas haciendo que ambos rompieran en risas.

—¡Lo siento! —dijo Jimin entre risas, su mano aún cubriendo su boca.

Rosé aún seguía riéndose haciendo un ademán con su mano para restar importancia hacía el inconveniente de Jimin, quién negando inclinó su cabeza hacía la mesa, tratando de pasar aquella risa.

Con lágrimas de risa en los ojos, Rosé observó que su compañero no había dejado una gota en su vaso, y alcanzó la botella para servirle más.

—A ver, déjame servirte más —dijo, su voz todavía teñida de humor.

Pero Jimin levantó su mano en un gesto de negativa, su sonrisa aún en sus labios.

—No, no, ya no más para mí —respondió, moviendo la cabeza.

Rosé bajó la botella e inclinó su cabeza para mirar al rubio, su boca medio abierta, las cejas juntas soltando un tarareo alargado de queja.
Hizo un pequeño puchero aún sin soltar la botella.

Jimin volvió a negar.

—¿Solo un vaso, señor heredero? —preguntó, con una mezcla de decepción y diversión.

Jimin relajó su expresión, sus ojos brillando con una mezcla de diversión y seriedad.

—Ya es suficiente para mí, Rosé. Como serio artista, un solo vaso es demasiado —explicó, su voz suave pero firme.

Rosé lo observó por un momento, su mirada cuestionandolo.

—¿Demasiado? —repitió, su voz mezclando sorpresa y burla.

Jimin, presionando sus labios para retener una risa, añadió:

—En realidad, ya estoy algo ebrio con solo este vaso —confesó, un sonrojo evidente en sus mejillas, el brillo en sus ojos delatando su estado.

Rosé no pudo contener una carcajada ante la imagen de Jimin.

—¡Jimin, el acróbata que se emborracha con un vaso! —bromeó, su risa resonando en el pequeño espacio.

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⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

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