Las pisadas resonaban con fuerza en el suelo de césped y tierra del predio del circo, una que raspaba con el suelo en la lucha de frenarse acompañaba en momentos, la mañana ya casi se había convertido en mediodía. Jimin maldecía y gruñía en voz baja en su lucha, su enojo creciendo con cada paso que daba mientras el hombre que lo sujetaba por una de las muñecas, prácticamente lo arrastraba hacia adelante.
—¡Suéltame! —gritó Jimin, intentando zafarse del agarre del dueño del circo—. ¡No tienes el maldito derecho!
—¡Cállate, mocoso! —gritó el hombre mayor, su voz como un látigo que azotaba el aire—. ¡No tienes ninguna autoridad aquí!
—¿¡En serio!? —respondió el jóven exaltado, clavando sus pies en la tierra—. ¡Nadie la tiene, maldita sea! ¡Este circo es un lugar de miseria y desesperanza!
—¡¡Dije que te calles!! —exclamó su padre, Jiwon, ejerciendo una gran fuerza en su agarre, zamarreando al trapecista con gran agresividad hacía delante. El hombre, con rostro ahora enrojecido en enojo, lo miraba con desprecio, su agarre sobre la muñeca de Jimin cada vez más fuerte.
—¡Me haces daño! —gritó Jimin, intentando liberarse del agarre.
—¡Eso es lo que menos me importa! —gritó Jiwon, con ira.
Jimin se sintió atrapado y desesperado, sin saber qué hacer para escapar de la situación. Se mordió la lengua para evitar responder, aguantó el aire y el sollozo de dolor.
—¿Por qué me haces esto? —preguntó Jimin, su voz temblorosa, hacía años no tenia un encuentro tal con su padre, y eso lo llenaba de ansiedad.
—¡Tú te lo buscaste desde que llegó tu nuevo compañero! —gritó el dueño del circo hacía el jóven de cabello rubio—. ¡Me has hecho perder la maldita paciencia!
Jimin se sintió como si hubiera sido golpeado en el estómago, un deja vu de cuando era sólo un niño lo ahogó. Se concentró en mirar hacia atrás, esperando encontrar alguna esperanza, alguna persona que lo salvara de aquella situación tan angustiante. Pero sabía que nadie podía interponerse. Tal vez nadie haría lo posible para protegerlo como lo hacía su madre.
Jimin hiperventilaba, hacía tiempo que no se sentía tan vulnerable, pero allí estaba, siendo arrastrado por el hombre que lo maldecia de pies a cabeza, con el quien se supone era la figura en la que debía confiar y apoyarse por ser su padre.
—¡Eres un inútil! —gritó el hombre aún llevándose a Jimin quien no cedía completamente a su arrastre—. ¡Nunca has sido capaz de hacer nada bueno! ¡Eres un lastre para este circo!
Jimin gruñó con rabia y tristeza.
—¡Una mierda! —gritó intentando defenderse—. ¡Tu maldito circo se caería a pedazos sin mí! ¡He trabajado duro para ser un gran trapecista!
El hombre se rió, una risa cruel y despiadada que hizo que Jimin se sintiera aún más humillado.
—¡Un "gran trapecista"? —se burló su padre y jefe—. ¡Eres un fracaso! ¡Nunca serás capaz de alcanzar el éxito! ¡Eres un niño malcriado y egoísta!
Jimin se sintió herido por las palabras, pero de parte del hombre, era tan común que eran como aquellas heridas que te haces y la dejas estar. Ya había aprendido a vivir con ellas, a ignorarlas y a seguir adelante. Pero eso no significaba que no dolieran. Cada palabra, cada insulto, cada crítica, era como un cuchillo que se clavaba en su corazón.
Su padre lo acercó a aquella caravana en la que nadie vivía, el trapecista la conocía de antemano. Y allí estaba, siendo arrastrado hacia la misma como si fuera un animal.
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🎪 Of The Wonders | Kookmin
FanfictionLos recuerdos de aquellos buenos circos, los cuáles ocultaban prejuicios, un misterio, las mentiras y el poder, cómo la vida de un joven acróbata de este circo cambia con la llegada de su nuevo compañero, la tentación les jugará una mala pasada, aco...