Capítulo 12

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"El veneno de la serpiente"

Luke.

Los criminales como el que tengo frente a mí son simples ratas dispuestas a lo que sea por salvarse. Miserables, sin honor, todos iguales en su codicia.

Algunos son más despreciables que otros, pero ninguno merece piedad.

Por eso no vacilo al ver cómo Edric lo golpea. Su rostro ya no es humano, está hinchado y cubierto de sangre seca. Cada golpe es una lección que se niega a aprender.

De los que acompañaban a La Sombra Negra en nuestro último encuentro, pocos sobrevivieron. La mayoría murió o escapó. Lo que más odio de estos malditos es lo leales que son a Smith.

- ¿No vas a hablar?- pregunta el Director General con voz tan helada que podría partir el aire.

Sus nudillos están destrozados, cubiertos de sangre ajena. A pesar del dolor evidente, no deja de golpear al hombre atado.

- Te lo dije.- responde Alonso, limpiándose el sudor con el dorso de la mano.- Estas ratas no hablan.

El hombre, escupiendo sangre y entre carcajadas, alza la vista hacia nosotros. Su sonrisa torcida está llena de desafío.

- Longue vie à la mafia française, fils de pute.- escupe con un acento perfecto, burlándose de nuestra impotencia.

«Larga vida a la mafia francesa, hijos de puta»

La risa me quema. Este tipo, como los demás, no ha soltado nada útil, solo mierda.

- Larga vida no es algo que vas a tener.- respondo, mi voz cargada de frialdad.

Saco mi arma con calma y disparo tres veces. Las balas atraviesan su pecho, apagando su risa y manchando el suelo de un rojo espeso. Mientras cae, guardo el arma sin inmutarme.

- Traigan al siguiente.- ordena Edric, impasible.

En esta sala no hay espacio para titubeos. Si no sirven para dar información, son prescindibles. Alonso camina hacia la puerta, da dos golpes, la señal. En menos de dos minutos, arrastran al siguiente prisionero.

El proceso se repite: preguntas, amenazas, golpes. Pero cada vez que pido respuestas, solo recibo silencio obstinado o respuestas vacías. El piso está cubierto de sangre que comienza a coagularse, y mi paciencia se agota.

Necesito la ubicación de La Sombra Negra ahora, antes de que Smith siga expandiéndose como un cáncer.

La puerta se abre de golpe, interrumpiéndonos. Es Torres, con cara seria.

- Señores.- saluda rápidamente.- Tenemos novedades. Souza quiere hablar con ustedes.

- ¿Souza?- pregunta Alonso, frunciendo el ceño.

- Dice que tiene más información para darles.

La sorpresa se filtra en la habitación. Ya lo habíamos interrogado y en su momento aseguró no tener negocios directos con Smith. Lo mantuvimos con vida por si resultaba útil más adelante. Tal vez este sea ese momento.

- Tráiganlo.- ordena Edric, firme.

No pasa mucho tiempo antes de que Souza esté frente a nosotros. Su rostro está tan golpeado como el de los demás, pero lo que destaca es su mano vendada, a la que le faltan algunos dedos. Recuerdo quién le hizo eso, y no puedo evitar sonreír.

Adira. Nuestra enemiga. Pero hasta yo reconozco que su plan con las armas fue brillante.

- ¿Qué te trae por aquí, Souza?- pregunta Alonso, cruzándose de brazos, burlón.- ¿Aún crees que vamos a dejarte libre?

Más que una traición [2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora