"El hijo que no fue."
Jonathan.
- ¡Tú lo que eres es un imbécil inútil!- los gritos de Smith retumban en su oficina como un trueno furioso.- ¡¿Cómo te atreves a desperdiciar el tiempo en fiestas mientras desatiendes el trabajo que te asigné?!
Mis pies se clavan al suelo, los puños se me tensan. Hago todo lo posible por no mostrar debilidad. De todas las personas en el mundo, Sebastián Smith es el único al que temo de verdad.
- Ya teníamos todo bajo control... creí que merecía ir de fiesta.
Mi intento de excusa es un susurro patético frente al fuego que se desata en su rostro. Su rabia no hace más que crecer.
- ¡Lo que mereces es que te quiebre las piernas y los brazos por desobedecerme!- su voz, helada, me recorre la espalda como una daga.
Siento mi corazón retumbar con tanta fuerza que temo que se me salga del pecho.
- Y tú.- dice, girando la mirada hacia la mujer a mi lado.- ¿Cómo permitiste semejante estupidez? ¡Se supone que los envié a supervisar operaciones, no a pasear por España creyéndose estrellas de cine!
- Nosotros...- empieza ella, apenas encontrando la voz.
- ¡Cállate!- interrumpe, feroz.- ¡No creas que no me enteré! No solo dejaste que Jonathan hiciera lo que le dio la gana, sino que tú andabas exhibiéndote como si fueras una reina. ¡No obedeciste ni una maldita orden!
- Las cargas llegaron, los tratos se cerraron, y las reuniones salieron bien.- replica ella, más firme.- No sabía lo que hacía ese grupo, ni de su existencia hasta que vi la noticia. Jonathan solo quería disfrutar su último día en el país...
- ¡Un país al que vuelven gracias a mí!- revienta Smith, golpeando su escritorio.- Mientras me cazan en mi propio terreno, ustedes hacen turismo como si fueran celebridades. ¡Yo no mantengo vagos!
- Solo fue una fiesta... no veo qué tiene de malo.- susurro, apenas.
- ¿Una fiesta?- repite, girándose hacia mí con una mirada que podría incendiar el aire.- ¿Tú crees que puedes exponerte así como si nada? Estuviste incomunicado un día entero, mientras Sara se partía el lomo haciendo lo que te tocaba. ¡No me importa si quieres visitar España o comprarla entera! ¡Pero no vuelvas a desobedecer una sola de mis órdenes! Debías cerrar todos los tratos. ¡Tú! Y no lo hiciste.
- Nosotros...
- ¡Sin mí, no son nada!- gruñe, levantándose de su silla y cortándome de golpe. Sus palabras son como una metralla.- Fui yo quien te permitió continuar el negocio de tu padre cuando murió.- escupe con desprecio, llegando hasta Sara.- Fui yo quien aceptó al hijo de tu hermana. Fui yo quien les dio un lugar. Todo lo que tienen, me lo deben. Todo lo que son, me pertenece. Y ustedes... están para obedecer.
Cada palabra es un golpe seco. Cada frase, una sentencia.
- Sin mí, no existirían.- repite, acercándose más a ella. La toma del mentón y la obliga a mirarlo. Sus dedos se hunden en su piel como garras, y veo cómo el color rojo comienza a treparle por la cara.
Ella hace una mueca, pero no se atreve a apartar la mirada. Por un instante, me dan ganas de intervenir... pero me trago la estupidez.
- ¿Quieren sentirse poderosos? ¿Disfrutar de los beneficios de mi nombre? Adelante. Pero no olviden esto: el respeto no se compra, se demuestra. Y hasta ahora, lo único que han demostrado es que no están a mi altura.
Siempre lo he sabido. Por más que lo admire, por más que aspire a parecerme a él, Smith nunca me verá como yo quisiera.
Como un hijo. Y, sin embargo, lo quiero como si fuera mi padre. Y odio, con todo mi ser, decepcionarlo.
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Más que una traición [2]
AcciónLibro II de la Duologia "Monstruos y traiciones" Una traición para él, un sacrificio para ella. Al final, una mentira que los separa, pero que, en el fondo, ambos saben que es solo un velo que oculta la verdad. Cada día, el anhelo de volver a verse...
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