Capítulo 18

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"Superwoman."

Adira.

Horas antes.

Cuando la transmisión terminó, el lugar se llenó de murmullos y miradas inquietas.

Smith tenía la mano en el mango de su arma, la mandíbula tensa y los ojos clavados en la pantalla apagada. Rousseau se inclinó y le susurró algo al oído. Yo estaba lo suficientemente cerca para notar su expresión endurecida.

- Contacten a Sara y Jonathan de inmediato.- ordenó Smith con frialdad.- Y quiero que investiguen quien mierda son esos idiotas.

Eché un vistazo rápido al reloj en la pared. Era el momento.

Nos dirigíamos hacia la salida cuando un rugido de motores retumbó en el exterior. Luces cegadoras atravesaron los ventanales y, antes de que alguien pudiera reaccionar, el estruendo de disparos rompió la calma.

El cristal explotó en mil pedazos.

- ¡Emboscada!- gritó alguien antes de que el caos se desatara.

A mi lado, Rousseau reaccionó empujando a Smith detrás de una de las columnas del lugar, obligándolo a retroceder.

El estruendo de las balas me obligó a lanzarme al suelo. Miré a mi alrededor, donde algunos se resguardaban y otros sacaban sus armas arremetiendo contra aquellos que venían en las camionetas.

No dejaban de disparar hacia el interior del lugar.

Resistí para no dejar escapar una sonrisa de victoria. Todo iba según lo planeado. Según mi plan.

Mis ojos se clavaron en los cristales que yacían sobre el suelo. Miré a ambos lados antes de tomar uno de ellos y abrirme la piel del muslo con cuidado. Apoyé las manos sobre los trozos consiguiendo que estos se clavaran en mi piel, perforando y dejando cortes en mis piernas y brazos. Una mueca de dolor se formó en mi rostro, pero era justo lo que necesitaba.

Cada ruido de un cuerpo cayendo era como una especie de victoria para mi interior.

Una bala me rozó el brazo. Por un instante, casi me da de lleno de no ser porque me moví. Quizá fui demasiado directa cuando les dije a mis hombres que lo hicieran parecer real.

- ¡Muévanse!- rugió Rousseau, arrastrando a Smith hacia la parte trasera del edificio.

Bastian apareció de la nada y me sujetó por la cintura.

- Casi te disparan a ti.- dijo, llevándome a rastras.

- Les dije que lo hicieran ver real.- murmuré.

- Estás herida.- señaló, observando los trozos de cristal clavados en mi brazo y hombro.

Tenía razón. Me había asegurado de que pareciera real. Los vidrios incrustados en mi piel y los cortes sangrantes reforzaban la ilusión de una víctima accidental. Además, al caer, me había torcido el pie a propósito, tirando todo mi peso sobre el hueso. Si quería vender la fachada, tenía que parecer una más entre los damnificados.

Quienes disparaban eran mis aliados. Tenía que asegurarme de que pareciera real: les pedí que me apuntaran como si también quisieran matarme. El mensaje tenía que ser claro para todos los criminales. No podía salir ilesa de aquí y por eso me aseguré de que las heridas fueran convincentes.

Las camionetas negras desaparecieron con un chillido de llantas. Los hombres de Smith dispararon, pero las balas rebotaron inútilmente en el blindaje.

- Suban al móvil, ¡ahora!.- ordenó Rousseau.

Más que una traición [2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora