Un secreto familiar se ha mantenido oculto durante 25 años, hasta que Joe decide buscar la verdad sobre la muerte de su padre, encontrándose con una red de mentiras y engaños que lo llevan a cuestionar todo lo que creía saber, tanto del pasado como...
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Mini
La casa de los Danvers es una residencia enorme, cuyo exterior está recubierta por ladrillos y ventanas blancas; el techo es de tejas negras y tiene varias chimeneas, en total cinco, aunque creo que no son suficientes para calentar lo frío de sus corazones.
Entramos por la puerta de servicio, que lleva directamente a la cocina. Aún en la oscuridad de la noche, destaca por lo blanca que es. En el centro hay un mesón en el que no hay ni un grano de polvo; todo está tan reluciente que me hace entender el nivel de exigencia que maneja la señora Levan.
Joe toma mi mano y camina sin detenerse a mirar ningún detalle, él quiere ir directamente al despacho de su tío sin perder tiempo en un tour por sus recuerdos más dolorosos. Su mano está sudorosa y su rostro está serio; no le agrada estar allí, y si no fuera porque lo soborné con la fiesta de mi padre, no hubiera aceptado jamás esta travesura. Subimos por la escalera central hasta el tercer piso, en dirección a la segunda puerta a la derecha, el despacho de Roger Levan.
—Espera!! —le digo en voz baja— usa esto... —le ofrezco un pañuelo para que no tome el picaporte con sus manos
—¿Eres profesional en profanar casas? —dice y me regala la primera sonrisa de la noche— me asustas Minerva
—Cállate Levan —le digo conteniendo mi risa
El despacho es una habitación grande, digna de un hombre exitoso. La paredes están repletas de libros en estantes de madera oscura, el escritorio y los sillones son del mismo tono; todo esta perfectamente acomodado y reluciente, al igual que el resto de la casa.
—Busca en el escritorio —me indica— yo buscaré en las puertas de la biblioteca
Abro los cajones en busca de algo, no se bien que, pero busco de manera cuidadosa, sin cambiar nada de su lugar original. Joe por su parte saca las carpetas y las revisa con cuidado.
—Mira esto —me enseña una foto de mi padre, Tom y Roger en su época universitaria.
—Eres realmente parecido a tu padre... tu no puedes decir que fuiste cambiado al nacer —sonrió pero el solo traga saliva, esta demasiado nervioso como para reir
Al cabo de una hora solo encontramos papeles sin importancia, no hay nada que pueda incriminar a Roger de otra cosa mas que de ser un tío de mierda. Mientras comodamos todo en silencio me siento algo frustrada por no conseguir ni una sola pista que me ayude a entender lo que paso.
Salimos de la habitación, Joe vuelve a tomar mi mano pero no camino, me quedo mirando fijo la puerta del otro lado del corredor, el cartel sobre ella dice "Joseph"
—Es tu antigua habitación...—apunto la puerta y el suspira
—Vamos Mini —tira de mi mano y me dejo guiar hasta el pero en vez de caminar lo abrazo y dejo un beso en sus labios. Joe corresponde mi beso tomándome de la nuca para sentirme más cerca, al mismo tiempo que mis brazos descansan en su espalda. El beso es intenso, nuestras lenguas se saborean con deseo y por más que él morbo de hacerlo sobre el escritorio de Roger es tentador, tengo otro lugar en mente. La habitación del joven Joseph Levan, ese mismo que fumo conmigo en aquella fiesta, el mismo que vivía con esa obsesión de ser aceptado y valorado.