Todos los presentes eran testigos de aquella promesa de amor que dos personas de épocas diferentes hacían ante el altar. Las mujeres del lugar estaban asombradas por no haber sido ellas a quienes aquel apuesto anciano escogiera, sobre todo porque los hijos del hombre parecían aceptarla desde el comienzo, así que esa mujer prácticamente se había ganado el cielo sin luchar demasiado.
Al finalizar la misa, mientras su padre se alejaba con su esposa, Cannelle observaba las flores del hermoso jardín de la iglesia.
-¿En qué puedes pensar?- dijo un joven moreno acercándose a ella.
-En como debió ser el día en el que se casaron mis padres. Seguramente estaban muy enamorados y esta iglesia era el lugar más romántico en ese momento.- suspiro
-Hablas como si estuvieras enamorada. ¿Qué ha sido de ti? Durante cinco años no has vuelto aquí y de pronto eres increíblemente diferente.
-Durante ese tiempo no hay nada interesante que debes conocer de mí, lo prometo.- levanto su mano izquierda y sonrió, luego lo miro- ¿Qué ha sido de ti? Me entere de que estas comprometido con una joven del pueblo cercano.
-Sí, nos casaremos en un año. Estuve esperando que volvieras ¿Recuerdas nuestros paseos en el campo lleno de flores? Solías estar feliz con simples ramos silvestres.
-Lo recuerdo, después eso no me bastaba y preferí emigrar a la ciudad, en donde comencé a ser realmente feliz. Tenía un trabajo importante y grandes conocidos, entonces terminamos.
-¿Por qué no querías volver? Dijiste que solo irías por una temporada, pero no volviste.
-Aquí no había nada interesante para mí.- él sonrió y entendió lo necesario como para alejarse.
-Como siempre, diciendo cosas innecesarias, siempre eres igual- dijo una joven idéntica a ella, solo que más joven y de piel apiñonada como la de su padre, pero con los mismos ojos color ámbar.
-Te extrañe demasiado.- dijo mirando a su hermana Anaél, entonces esta sonrió de esa forma en la cual tenía a más de uno suspirando por ella.
-Y no imaginas lo mucho que yo te extrañe. Dice papá que has vuelto solo por un mes ¿Es verdad?- dijo mirando de nuevo a su hermana y dedicándole la sonrisa más tierna que podía dar.
-Me sorprende como es que decidió casarse así de pronto y que ninguno de ustedes lo impidiera. Supongo que aún tengo mis dudas.
-¿Y quiénes somos para cortar su felicidad? Además ella es una gran persona, tú huiste prácticamente y no sabes nada de papá o su felicidad, incluso no sabes nada de ella. Si la conoces bien, te va a gustar.
-Espero que sea así. No quiero llevarme una sensación de combate en mente. Y no considero que haya sido una huida, solo quise tomar un camino lejos del ceno familiar.
-Entonces no te vayas.- sus palabras sonaban tan normales, tan naturales que no podían ser ensayadas por su padre.- Realmente te hemos extrañado, más Mili, además tu sendero puede tener una vuelta de retorno a casa o un camino con nuestro hogar en él.- la mayor abrazo a la menor para no continuar con aquella charla.
Cannelle Maude María de Jesús tenía ya 25 años, estaba viviendo en el distrito federal desde hacía cinco años, durante esos años no había vuelto a aquel estado, estaba molesta por alguna razón que sus hermanos no conocían y por ello mismo no había vuelto. Todos recordaban el último día junto a ella y seguían sin comprender porque su padre había sido tan cruel con su hija.
Cuando decidió irse de aquel lugar, había intentado continuar con su relación con aquel hombre a quien se había encontrado momentos antes. José siempre había estado enamorado de ella, por eso cuando la joven acepto ser su novia su vida cambio, comenzó a trabajar más y asistir a las clases, para tener algo bueno que ofrecerle, después de todo, él solo era hijo de un campesino y ella era hija de una familia millonaria. Ahora él tenía una mayor solvencia económica, trabajaba duro junto a su padre y en la presidencia municipal, sin embargo seguían muy por debajo de la familia Daghetti
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PROMETO AMARTE
RomancePrometo amarte hasta que mis labios ya no puedan pronunciar más tu nombre, hasta que mi alma quede flotando en el espacio. Prometo tenerte en mi corazón hasta que la última gota de sangre desaparezca, cuando ya no pueda pensar en nada más, aun estar...
