Dónde eres la bajista de una banda en ascenso y les ofrecen ser teloneros en unos conciertos de The Warning
Pt. 2
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Los días siguieron transcurriendo en la gira, y con cada ciudad que visitábamos, cada show que dábamos, nuestra relación se volvía más cercana. Al principio eran solo conversaciones casuales entre descansos, pero poco a poco empezamos a incluirnos en nuestras respectivas dinámicas. Mi banda comenzó a convivir más con el equipo de The Warning, e incluso con sus hermanas.
Paulina, la baterista, tenía una energía inagotable y siempre nos hacía reír con sus ocurrencias. Alejandra, la bajista, era un poco más reservada, pero cuando agarraba confianza, era de lo más divertida. Me sorprendía lo unidos que eran como equipo, desde los técnicos hasta su mánager, todos parecían una gran familia, y de algún modo, nos estaban incluyendo a nosotras en ella.
Una mañana, después de una larga noche de ensayo y risas con el equipo, me encontraba en el comedor del hotel, disfrutando de un café mientras revisaba algunas notas sobre nuestro setlist. De repente, Dani apareció de la nada y se sentó frente a mí con una sonrisa despreocupada.
—Oye, ¿quieres ir a una cafetería cerca de aquí? Me dijeron que hacen un café increíble.
La invitación me tomó por sorpresa, pero no lo dudé ni un segundo.
—Claro —dije, mirándola mientras una sonrisa se formaba en mi rostro.
La cafetería resultó ser un sitio pequeño y acogedor, con luces cálidas y un ambiente tranquilo. Nos sentamos en una mesa junto a la ventana, viendo cómo la gente pasaba por la calle. Por primera vez en días, no había prisas ni horarios, solo nosotras dos con una taza de café entre las manos.
—Esto se siente... diferente —dijo Dani de repente, removiendo su bebida con la cuchara—. No me malinterpretes, me encanta la gira, pero... este momento, aquí, es como un respiro.
—Sí, lo es —respondí, observándola fijamente. Se veía relajada, más de lo que la había visto en toda la gira. Como si, por un instante, dejara de ser Dani de The Warning y solo fuera ella misma.
—A veces siento que todo pasa tan rápido que no me da tiempo de procesarlo —continuó ella—. No me malentiendas, amo estar en el escenario, pero hay días en los que extraño tener conversaciones normales, sin tanta prisa.
—Bueno, siempre puedes hablar conmigo cuando necesites un momento así —le dije con sinceridad.
Hubo un silencio cómodo entre nosotras. Luego, de la nada, Dani estiró la mano y la dejó sobre la mesa, cerca de la mía, pero sin tocarla del todo. Era un gesto tímido, como si no estuviera segura de si debía dar el siguiente paso. Yo, sin pensarlo demasiado, moví mis dedos sutilmente hasta rozar los suyos. Fue un toque pequeño, insignificante para cualquiera que nos viera, pero para nosotras significó mucho más.
Después de ese día, nuestra dinámica cambió sutilmente. Seguíamos compartiendo momentos tras los telones, pero había algo diferente en la forma en que nos mirábamos, en los pequeños gestos que pasaban desapercibidos para los demás. A veces me encontraba buscándola en la multitud sin darme cuenta, y cuando nuestros ojos se encontraban, su sonrisa me desarmaba por completo.
Un día, después de un ensayo conjunto entre nuestras bandas, el ambiente estaba relajado y decidimos salir todos juntos a cenar. Estábamos en una mesa grande, entre risas y pláticas animadas, cuando sentí la mano de Dani rozar la mía bajo la mesa. Fue un roce sutil, casi accidental, pero mi piel se estremeció. Giré la cabeza y la encontré mirándome con una leve sonrisa, como si supiera exactamente el efecto que tenía en mí.
—¿Estás disfrutando la gira? —preguntó con voz suave, ignorando el bullicio a nuestro alrededor.
Asentí, tratando de no parecer demasiado obvia con mi reacción.
—Sí, la verdad ha sido increíble. A veces todavía no me creo que estamos aquí, compartiendo escenario con ustedes.
Dani sonrió y bajó la mirada a su vaso.
—Nosotros tampoco podríamos pedir mejores teloneros. Han traído una energía increíble a los shows.
Mi pecho se llenó de calidez con sus palabras, pero antes de que pudiera responder, Paulina interrumpió la conversación con una broma.
—Oigan, ¿y ustedes qué? ¿Desde cuándo se volvieron inseparables? —dijo con una sonrisa pícara, mirándonos a ambas.
—¡Sí, la otra vez Dani se la pasó hablando de ti después del soundcheck! —agregó Ale con diversión.
Dani puso los ojos en blanco, pero no pudo ocultar la pequeña sonrisa que apareció en su rostro.
—No empiecen —dijo, pero sin mucho esfuerzo en desmentirlo.
Yo simplemente reí, sintiendo cómo mis mejillas se calentaban. La conversación derivó en otros temas, pero la sensación de su mano tan cerca de la mía permaneció en mi mente.
Esa noche, cuando regresamos al hotel, Dani y yo nos quedamos platicando en el lobby mientras el resto subía a sus habitaciones. Era un momento tranquilo, sin la presión del escenario ni la compañía de los demás. Hablamos de cosas más personales, de lo que nos motivaba, de nuestros miedos y sueños. Me di cuenta de que, con ella, podía ser completamente yo misma, sin reservas ni expectativas. Y eso era aterrador y maravilloso a la vez.
—A veces siento que todo esto pasa demasiado rápido —confesó Dani, jugueteando con la manga de su sudadera—. Como si estuviéramos en constante movimiento y no tuviéramos tiempo de procesarlo.
—Te entiendo —respondí, apoyando mi cabeza en el respaldo del sillón—. A veces también me da miedo que cuando todo termine, me dé cuenta de que no disfruté lo suficiente el momento.
Dani me miró en silencio por un instante, luego soltó una risa suave.
—Eres la primera persona con la que hablo de esto —dijo en voz baja—. No sé por qué, pero siento que contigo puedo ser más sincera.
Mi corazón dio un vuelco ante sus palabras. Tragué saliva antes de responder.
—Supongo que porque sabemos lo que es estar del otro lado. Queremos lo mismo... y sentimos lo mismo.
Dani asintió levemente. Por un momento, me pareció que quería decir algo más, pero en lugar de eso, su mano se movió instintivamente hacia la mía, descansando sobre ella con suavidad. Mi respiración se entrecortó, pero no aparté la mano. En cambio, entrelacé mis dedos con los suyos.
Al final de la conversación, cuando finalmente nos despedimos para ir a dormir, Dani se quedó un momento de pie frente a mí, otra vez, como si quisiera decir algo más. Sus labios se entreabrieron, pero al final solo sonrió y susurró un "descansa" antes de girarse y marcharse. Me quedé ahí, viendo cómo desaparecía por el pasillo, sintiendo que algo dentro de mí estaba cambiando sin remedio.
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Les juro que me encantan estos capítulos, m ayudó mucho la canción en la q m inspiré
A ustedes les están gustando?
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The warning One Shots
Historia CortaPequeñas historias de las hermanas Villareal Se aceptan pedidos!!
