Fue un sonido seco, no se logró escuchar nada más en ese desierto pasillo y fui yo la causante de aquello. Con mi mano aún extendida en el aire lo miré directo a los ojos.
No sé cómo ni cuándo mi cerebro decidió que la mejor idea en ese momento fue darle una bofetada en su mejilla, la izquierda concretamente. Gallagher aún con la cara girada se tocó la mejilla, desconcertado por lo que acababa de ocurrir no hizo más que sonreír.
– Créame, es justo la reacción que esperaba de alguien como usted – por fin pude verlo de frente, con la mejilla enrojecida por mi golpe y con una sonrisa burlona que me estaba enfureciendo cada vez más.
– ¿Ah sí? Y si se lo esperaba por qué no ha logrado evitarla, ¿no es usted un gran militar? Un buen instructor de la academia militar y sin embargo no ha podido ver como mi mano se estampaba contra su mejilla.
– Es mejor darle lo que usted quiere, si no esta relación va a ser muy difícil de sobrellevar.
– Usted y yo no tenemos ninguna relación.
– Me refiero de forma profesional princesa, no he hecho más que jugar un rato para que usted se sienta más confiada en este lugar. Sé perfectamente cual es mi sitio, sólo soy su guardia de seguridad y así seguirá siendo.
Sus palabras me dejaron atónita, cómo iba a poder comportarse de esa manera conmigo, primero soy su princesa y él sabe las consecuencias que podrían haber si se pasara de la raya, por otro lado él a mi no me gusta de esa forma; es verdad que es atractivo, pero jamás podré verlo de otra forma.
– Escúcheme, porque no se lo pienso repetir dos veces – vi cómo capté su atención rápidamente – No vuelva a sobrepasarse de tal forma, no soy una don nadie, me da igual mi posición o la suya, sé perfectamente cuál es su juego y no lo pienso permitir.
– ¿Lo sabe? ¿Y dígame cuál es ese juego?
– Conozco a los que son como usted.– mientras él no paraba de ensanchar su estúpida sonrisa creyéndose mejor que nadie – Primero intentan ganarse la confianza para que caigamos a sus pies y cuando por fin nos tienen nos dan la patada excusándose de que usted nunca tuvo esa clase de intenciones, que éramos nosotras las que lo malinterpretamos todo.
– Parece que ha dado con bastantes imbéciles a lo largo de su vida.
– Sí – ahora fue mi turno de sonreír – y no sabe lo gratificante que es darme cuenta de que tengo otro delante de mí.
– Déjeme decir que..
– Iona, que alegría que hayas venido, pasa, pasa, tenemos que hablar – el director Gloyd abrió la puerta de su despacho extendiendo la mano invitándome a entrar –. Me pareció escuchar voces y estaba en lo cierto. ¿Quiere pasar su guardia también?
– No, de hecho él ya se tenía que ir.
– De hecho mejor, me han informado que le buscan en secretaría señor...
– Gallagher.
– Genial, pues señor Gallagher puede ir si gusta, mientras nosotros charlamos. Gracias.
Gallagher me miró sin expresar nada, simplemente asintió, no me miró de la forma burlona en la que él siempre hacía, está vez fue impasible – Sí, debería irme ya, un placer señor.
Ni siquiera se despidió de mí, sólo dió media vuelta y se alejó por el pasillo. Una vez no logré poder ver su silueta entré en el despacho del director, sin saber muy bien qué hacía yo aquí.
Connor Gloyd, director de la Academia Draiocht y gran amigo de mi padre. Un hombre de unos cincuenta años con un carácter difícil de describir. Puede verse como el tipo señor que quiere caer bien, pero lo conozco lo suficientemente como para saber que no era así en verdad. Él ocupó sitio en la silla de su escritorio mientras yo me sentaba en la gran butaca verde que se encontraba enfrente de éste.
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INCANDESCENCIA
FantasyLa academia de magia Draoicth es la mayor escuela donde nobles magos acudirán para poner a prueba sus habilidades. Iona, hija del rey supremo de los 12 reinos, iniciará sus estudios, conocerá a nuevos amigos, hará enemigos e intentará poner solución...
