¿Un asesino? ¿Un delincuente? ¿Qué eres realmente?
¿Por qué no pudo evitar acercarse a aquel chico?
Un chico sentado precisamente en la silla frente a sus narices, esperando pacientemente una cita psicológica al igual que él... ¿Eran iguales? Gran...
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¿Cuánto tiempo había transcurrido?
¿Cuánto tiempo había pasado junto a un maniático?
¿Por qué ahora comparaba todo?
Estaba confundido
Demasiado confundido
Se estaba volviendo loco
Dos meses, cuatro días, cinco horas y veintinueve minutos siendo un asesino y una victima al mismo tiempo
El final de cuentas una oveja tenía la posibilidad de volverse caníbal
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Lentamente los ojos de Jimin se abrieron, observando la oscuridad de la habitación, intentó moverse, sin embargo, aquellos fornidos brazos que se abrazaban a su cuerpo no se lo permitían, giro un poco su rostro y observó el apacible
Suspirando antes de volver a su posición original, siendo consciente de que no podría hacer algo por causar algún daño en aquel hombre. Movió un poco su cabeza sobre la almohada y sintió contra su cuello el collar de electrochoques, ese frío metal que causaba terror en todo su ser
El único motivó por el cual el pelinegro le permitió subir completamente a la casa y abandonar el sótano; Sabía muy bien que en cualquier paso en falso lo usaría en su contra o eso creía
Se sentía como un perro, pero cada día ese extraño le susurraba lo tan humano que era
La nariz de Yoongi chocó contra la nuca del menor y este se estremeció al sentir lo helada que se encontraba, ocasionando que el pálido lo atrajera aún más a su cuerpo. Aspiró su aroma y abrió ligeramente sus ojos, acercando sus labios a la piel expuesta de su delirio
Uno, dos, tres, cuatro besos fueron plantados en la cálida piel de Jimin, besos apacibles y amorosos, llenos de suciedad y abuso hacía el ahora peli azul
— Te amo — susurró en un tono bajo, sintiendo la manera en la que el menor se removía incómodo — ¿No puedes dormir? — arrastró sus palabras por su propia pereza
Jimin se estremeció al escuchar la voz del mayor y al sentir la manera en la que el agarre en su cintura se había vuelto aún más posesivo. Aún no se acostumbraba a nada de ello y aún así no debía acostumbrarse
Todo estaba mal
— No — respondió en un hilo de voz — no puedo dormir, antes no solía dormir acompañado — no mentía, su esposo, oh... su esposo; Él nunca había dormido junto a él