¿Un asesino? ¿Un delincuente? ¿Qué eres realmente?
¿Por qué no pudo evitar acercarse a aquel chico?
Un chico sentado precisamente en la silla frente a sus narices, esperando pacientemente una cita psicológica al igual que él... ¿Eran iguales? Gran...
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— ¿Has leído algún cuento de hadas? — Preguntó el pelinegro, tomando las mejillas del hombre que se negaba a observar sus ojos — Mi Jayden — susurró con deleite, mirando con deseo, la sangre que se escurría de las fosas nasales del peli azul — ¿Conoces las hadas? — sonrió
— Cierra tu puta boca — gruñó, endureciendo su mirada a la par que sentía la humedad de la lengua ajena, deslizarse por su mejilla , recogiendo el rastro de sus anteriores lágrimas
— Las hadas viven gracias al rocío de la madrugada — susurró, presionando sus labios contra la sien de Jayden, escuchando un nuevo gruñido provenir de lo más profundo de su garganta — para mi... — se alejó, tomando con fuerza los hombros del joven, para luego tirarlo al suelo y apoyar su pie en su pecho
— Mierda... — se quejó, tomando con fuerza el tobillo de su secuestrador, intentando soportar la presión
— Para mi — retomo sus palabras con una sonrisa sádica — tus lágrimas son el rocío más delicioso que existe
— ¿Te identificas con un hada? — cuestiono con un tono lleno de burla y forzado, buscando el enojo de aquella mirada profunda y ausente — ¿Prefieres que te llame hada?
— Veo que tú humor ha mejorado — respondió, gozando del jadeo que escapó de la delgada y rota boca — no olvides tu posición, rata
— No tienes un poder sobre mi, solo tu pie — se forzó a hablar, cerrando un ojo debido al dolor de las heridas
Una sonrisa ladina apareció en los labios de Jayden y sus bicolores ojos observaron la manera en la que la mirada de Yoonhan se oscureció al igual que su rostro. La presión en el cuerpo del joven aumentó, al igual que la de su agarre en el tobillo ajeno; Sabía que solo obtendría una paliza... pero no podía negar que disfrutaba de ello
Era el momento más placentero y eso solo se lo podía dar la impaciencia y el poco amor de ese hombre que solo apartó su pie para patear su costado. Inclinándose lo necesario para someterlo contra la madera del suelo
Las respiraciones se volvieron agitadas y los dientes del mayor tintineaban por el coraje. Una carcajada ahogada danzó con orgullo y el puño del pálido chocó contra la madera a un lado del rostro victimizante
— Ni siquiera puedes dañar mi rostro, por qué vives por mi... ¿No es así? — señaló, alzando una de sus manos para tomar el rostro cabreado — Has desarrollado sentimientos por tu victima mi hada
— Es obsesión — reafirmó, acercándose al rostro del menor, sin ser consciente de que solo estaba cayendo en aquellos sentimientos despreciables de los cuales deseaba escapar