¿Un asesino? ¿Un delincuente? ¿Qué eres realmente?
¿Por qué no pudo evitar acercarse a aquel chico?
Un chico sentado precisamente en la silla frente a sus narices, esperando pacientemente una cita psicológica al igual que él... ¿Eran iguales? Gran...
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Nos movemos
Nos acercamos
Nos amamos
Nos obsesionamos
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En una sala pequeña y acogedora, oscura y silenciosa; En aquella sala se encontraban nueve personas, mujeres y hombres, jóvenes y seniles. Sentados en círculo, mientras se miraban de reojo como cada semana, ninguno se atrevía a hablar y aunque Yoongi se encontrara entre ellos, sus labios parecían sellados
Esperando el preciso momento para poder hablar
Por cuarta vez, los ojos de un hombre de mediana edad, viajaron por cada integrante del club, observando a cada uno de los asistentes. Sonriendo con gratitud
—Bienvenidos de regreso al club Killer —empezó el anciano, observando satisfecho las sonrisas y muecas — Aquí, tenemos un espacio seguro donde pueden compartir sus experiencias y sus sentimientos sobre ellas — explicó, tomando de una pequeña mesa sus documentos, colocándolos en su regazo — ¿Alguien desea comenzar?
— Yo... — habló una mujer de hebras negruzcas, mirando con una sonrisa a todos sus amigos y compañeros — Me llamó Yoo Soo Young, pero pueden decirme Shoo
— Ve al granó Shoo — interrumpió uno de los hombres del grupo, sonriendo con gracia al ver la mirada cínica de la mujer en su persona
— ¿Por una vez en tu vida podrías callarte Wooyoung? — chasqueó su lengua, elevando su labio inferior, levantando uno de sus puños al aire en señal de una futura golpiza
— No discutan, es muy temprano para esto — negó con su cabeza el anciano — ¿Qué deseas contarnos Shoo?
— Oh sí — volvió en sí, sonriendo en grande, uniendo ambas manos, antes de aplaudir irónicamente, recordando su cometido con emoción — saben que siempre he tenido la grandiosa idea de probar mi propia carne — soltó, observando los asentamientos — es decir, la carne humana ajena no está mal, pero últimamente he pensado tanto en mi propio sabor — divago, mordiendo su labio inferior, dirigiendo una de sus manos a su plano vientre — creo que he tenido un golpe de suerte... en nueve meses obtendré mi más anhelado antojo
— Felicidades — soltaron al unísono, mientras la mujer se acomodaba en su asiento, observando por un segundo al hombre de hebras rojizas
— Felicidades — murmuró Yoongi, bajando su mirada a su reloj, esperando que Jimin no despertara aún