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La salida fue peor de lo que Arisa esperaba.

No en el sentido de que Kanako fuera insoportable, aunque bueno, a veces, puede ser que un poquis...

Tampoco en el sentido de que el lugar fuera horrible, porque la cafetería temática era bastante linda. No, fue peor porque absolutamente todo lo que podía salir mal, salió mal.

El primer indicio de que el universo no estaba de su lado fue cuando, apenas pusieron un pie en la cafetería, una camarera tropezó con una bandeja llena de café caliente. Arisa tuvo suficiente suerte como para esquivarlo, pero Kanako no. Aunque logró saltar hacia atrás, el bolso en su mano quedó en medio en el desastre y terminó empapado de café con leche.

—¡CALIENTE! —exclamó Kanako, sosteniendo la correa de su bolso con desesperación, sintiendo como el líquido quemaba sus manos.

—Lo siento muchísimo… —balbuceó la camarera, pálida.

Arisa cerró los ojos, exhaló lentamente y decidió no irse aún. Después de todo, no era ella quien apestaba a café. Soltó una pequeña risa, puede que le haya parecido divertida la expresión de dolor de Kanako.

Kanako, en lugar de enojarse, simplemente suspiró y se encogió de hombros.

—Bueno, no importa, fue un accidente. Pero lo mínimo que espero es un postre de cortesía. —la camarera asintió y se fue de allí tan rápido como pudo. Vaya que hoy no estaba de suerte esa pobre chica.

Arisa las miró con incredulidad, pero no dijo nada.

Tras dejar de lado el desastre y encontrar una mesa, parecía que todo volvería a la normalidad. Pero claro, eso era mucho, que digo, demasiado pedir.

—Ay no. —Kanako revisó su bolso y sacó un pequeño cuaderno empapado—. Adiós, lista de planes.

—¿No tienes algo de lo que escribiste en digital? —preguntó Arisa, sin mirarla.

—¡Sí! —exclamó con entusiasmo, sacando su teléfono. Pero en cuanto lo encendió, la pantalla parpadeó y se apagó. —…No.

—Dios.

Aun así, decidieron seguir con el plan original y pidieron algo para comer. Pero cuando trajeron sus bebidas Kanako se emocionó tanto hablando sobre que sí le habían regalado un postre, que movió el brazo y volcó la taza de Arisa.

Café negro hirviendo directo sobre su falda.

—No me odies. —susurró lo primero que se le vino a la mente, con una expresión de culpabilidad absoluta.

Arisa cerró los ojos otra vez y contó hasta diez, mordiéndose el interior de las mejillas y conteniendose de pegar un señor gritote por el ardor infernal que recorría sus muslos. Tal vez no debió burlarse de Kanako cuando sus manos sufrieron lo mismo.

—No, estoy bien —mintió, mientras intentaba secarse con servilletas—. Dios, quiero irme ya.

—¡No podemos rendirnos tan rápido! ¡Aún tenemos la opción número 22! —Bueno, Kanako recordaba la mayoría de sus planes.

Arisa no estaba de humor para preguntar. Se concentró en comer la rebanada de pastel de fresa cortesia de Takatsuki. De hecho, Arisa estaba algo sorprendida porque ese era justo su favorito. (Kanako wna acosadora, basta).

Kanako pagó la cuenta para, según ella, compensar su torpeza, y salieron de la cafetería con un nuevo destino en mente.

—¿Qué es la opción número 22? —preguntó Arisa, resignada y algo incómoda por el café derramado en su ropa.

HidE and SeeKDonde viven las historias. Descúbrelo ahora