Kanako dejó caer la cabeza sobre la mesa con dramatismo.
—No puedo más con ustedes, moriré de diabetes.
Aina y Nao apenas le prestaron atención. Estaban demasiado ocupadas compartiendo un frappé, como si estuvieran en una comedia romántica y no en la cafetería de la escuela.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó Nao sin que se borrase su sonrisa de boba enamorada.
—¡Que odio ser el mal tercio! —Kanako se cruzó de brazos, indignada—. ¿No pueden actuar como personas normales cuando estoy aquí?
—Oh, pero Kyanako, ¿desde cuándo te molesta?—Aina le revolvió el cabello con una risita—. Apuesto a que quieres estar así con alguien, envidiosita.
Kanako arrugó la nariz.
—¿Ah? Para nada.
Antes de que Aina pudiera responder, Nao soltó una risita.
—¿Qué? —insistió Kanako, entrecerrando los ojos—. ¿De qué se ríen?
—Nada, nada —Nao agitó la mano con fingida inocencia.
Kanako sintió un escalofrío de incomodidad y el rojo invadir sus mejillas.
—Relájate, Kinchan —Aina le guiñó un ojo—. ¿Tal vez tengas que quieras contarnos.?
Kanako sintió la necesidad inmediata de escapar. Sacó su teléfono y fingió que vibraba en su bolsillo.
—BipBip. Uy, adivinen —dijo, poniéndose de pie de golpe—. Furirin me está llamando. Seguro es algo muuuuy importante.
Nao alzó una ceja.
—¿Furirin siquiera te contacta? Pensé que solo te respondía.
—¡Adiós!
Y con eso, se dio la vuelta y salió de la cafetería antes de que pudieran acorrarla con más preguntas incómodas.
Ya a una distancia segura, suspiró con alivio.
—Esas dos…
Ahora que estaba libre de su tortura, pensó en qué hacer con el resto del tiempo libre que le quedaba.
Podría simplemente dar vueltas por la escuela, pero eso era aburrido.
Podría volver con Aina y Nao, pero eso era un infierno.
Entonces, se le ocurrió algo.
—Arisa.
Ya eran amigas. No hablaban todos los días, pero era alguien tranquila, sin dramas innecesarios. Y lo mejor de todo: jamás le haría tanto bullying.
Con esa idea en mente, Kanako comenzó a buscarla.
No tardó demasiado en encontrarla.
Arisa estaba en uno de los pasillos menos transitados, apoyada contra la pared con su típico porte elegante pero relajado. Ella no estaba sola.
Junto a ella, como pocas veces antes, estaba Rikako Aida.
Kanako ya había notado antes que Arisa y Rikako hablaban de vez en cuando. No era algo de todos los días, pero pasaba lo suficiente como para llamar su atención. Siempre le pareció… curioso. Arisa era muy reservada, y Rikako, en cambio, tenía una presencia que se hacía notar en cualquier lugar.
Esta vez, sin embargo, Kanako se quedó más tiempo observando.
Rikako estaba hablando y Kanako la veía tan risueña y atenta como siempre. Arisa, en cambio, tenía los brazos cruzados y asentía de vez en cuando, sin mucho entusiasmo. Esa era Arisa Komiya, siendo ella misma hasta con la diva más cotizada de la institución.
—Si quieres acercarte, no hace falta que te quedes ahí observando —dijo Rikako de repente, sin ni siquiera voltear a verla.
Kanako parpadeó.
—No estaba…
—Claro que sí —Rikako sonrió con diversión y finalmente giró hacia ella—. Ven, no muerdo. Pero no puedo hablar por Arisha. —Kanako soltó una risa ahogada y Arisa le dedicó una mirada fulminante a Rikako.
Kanako dudó un segundo al ver que Arisa suspiraba y se frotaba la frente. Pero no sentía que tuviera otra opción más que hacer caso a Rikako.
—Supongo que no tengo nada mejor que hacer —dijo con una supuesta despreocupación, caminando hacia ellas.
Para su sorpresa, Rikako resultó ser más fácil de tratar de lo que esperaba. La conversación fluyó sin esfuerzo.
Mientras tanto, Arisa parecía completamente desconectada de la interacción. Sacó una libreta celeste y comenzó a escribir en ella, como si el mundo a su alrededor no existiera. Ciertamente se veía un poco rara tratando de mantener el cuaderno sobre su mano mientras escribía con la otra.
—¿Siempre fue así? —preguntó Kanako en voz baja, señalando con la cabeza a Arisa.
—Siempre —respondió Rikako con una risa ligera.
Kanako no pudo evitar sonreír.
La conversación continuó un rato, hasta que algo interrumpió a Rikako.
Una chica de cabello negro pasó cerca de ellas, y en cuanto Rikako la vio, su expresión cambió por completo.
—Lo siento, tengo que irme —dijo rápidamente, saliendo disparada tras la pelinegra sin dar más explicaciones.
Kanako la vio alejarse con una ceja levantada.
—¿Qué fue eso?
Arisa, sin levantar la vista de su libreta, respondió con tono monótono:
—Eso pasa a veces.
Kanako suspiró y se recostó en la pared, quedando frente a Arisa quien seguía escribiendo quién sabe qué.
—Rikako parece agradable —comentó—. ¿Son amigas?
Arisa dejó de escribir por un momento.
—No estoy segura.
—¿Eh?
—Es mi prima.
Kanako parpadeó.
—…¿En serio?
Arisa asintió, sin darle mucha importancia.
Kanako sintió un alivio extraño en el pecho.
Había algo en Rikako que la hacía parecer del tipo de persona que podía conquistar a cualquiera. Por un momento, había pensado que tenía algún tipo de relación especial con Arisa. Pero ahora que sabía que solo eran primas, pudo relajarse.
Arisa sin decirle nada, se fue de allí. Entró a salón de clases, probablemente para seguir escribiendo más cómoda.
Por su lado, Kanako se quedó pegada a la pared todo el resto del descanso. Perdida en sus pensamientos, los cuales se resumian en BTS, mantener a Furirin fuera de la cárcel, sobrevivir su crush de la escuela. Lo de siempre.
Al final sonó el timbre, aunque Kanako reaccionó y empezó a caminar a su salón, no salió del modo automático hasta que Aina apareció tras de ella y rodeó su cuello con sus brazos, la escena era tierna porque debido a la diferencia de alturas, Aina le quedaba colgando. Nao venía tras de ellas sonriendo.
Al final las chicas se desviaron a sus salones y Kanako volvió a su mundo. Ciertamente estaba un poco desanimada de tanto sobrepensar, pues sabía que tendría que conformarse con ser "amiga" de Arisa.
Pero eso era suficiente ¿verdad?
Sí, por supuesto que sí.
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HidE and SeeK
FanfictionArisa Komiya era una estudiante ejemplar y tranquila que se escondía tras un seudónimo para decir cualquier cosa en las redes. Se ve atrapada en una situación incómoda con dos usuarios que terminan destapando su identidad real por un breve momento. ...
