Cap. 21 Está luchando

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La ambulancia avanzaba a toda velocidad, pero para mí, todo era lento. Las luces del techo parpadeaban sobre mi rostro, el sonido de la sirena era un eco lejano, y Caleb, aunque estaba a mi lado, parecía hablar desde muy lejos.

-Nicole, mírame -me decía, sujetando mi mano con fuerza-. Quédate conmigo, ¿vale? Ya casi llegamos.

Intenté sonreírle, pero me temblaba el labio.

-Tengo miedo, Caleb... si le pasa algo a Crystal, no me lo voy a perdonar.

-No va a pasarle nada. Es fuerte, como su madre -me susurró, y su voz se quebró al decirlo.

Cuando llegamos al hospital, todo fue confusión: batas blancas, preguntas rápidas, luces demasiado brillantes, el frío del instrumental médico. Me separaron de Caleb en cuanto llegamos a urgencias. Alcancé a ver su cara una última vez antes de que la puerta se cerrara.

-¡Estaré aquí, Nicole! ¡No te dejo sola! -gritó.

Me hicieron una ecografía de emergencia. Sentí el gel frío en mi vientre y el pulso de mi corazón retumbando en mis oídos más fuerte que cualquier sonido del monitor.

-¿Está bien? -pregunté a la doctora, con la voz apenas audible.

Hubo un silencio demasiado largo.

-Hay contracciones -dijo ella, concentrada en la pantalla-. Pero el latido sigue ahí. Está luchando.

Una lágrima me resbaló por la mejilla. Crystal estaba ahí. Aún estaba ahí.

Unos minutos después, Caleb entró corriendo a la habitación con los ojos rojos, como si no hubiese respirado en todo ese tiempo.

-¿Estás bien? ¿Y Crystal?

Asentí despacio. -Nos han dicho que está luchando. Pero tengo que quedarme en observación... quieren evitar un parto prematuro.

Él se acercó, me besó la frente con ternura y se sentó a mi lado, tomándome la mano.

-Te lo juro, Nicole... no voy a dejar que nadie os haga daño otra vez.

Me apoyé en su hombro, y por un instante, todo el miedo desapareció. En su abrazo estaba la promesa de algo más fuerte que el miedo: el amor .
El silencio de la habitación solo era interrumpido por el ritmo constante del monitor fetal. Ese sonido, aunque tranquilizador, me mantenía en vilo. Cada pitido, cada línea que se movía en la pantalla, era una señal de que Crystal seguía luchando... pero también una advertencia de lo frágil que era todo.

Caleb estaba sentado a mi lado, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en el suelo. No decía nada. No se movía. Solo respiraba profundamente, como si con cada inhalación intentara no derrumbarse.

-Caleb... -susurré, sin fuerza.

Levantó la vista. Y fue entonces cuando lo vi.

Su mirada.

Ya no era solo preocupación. Era dolor. Un dolor profundo, denso, como si una parte de él se estuviera rompiendo por dentro, pero no quisiera que yo lo viera. Como si todo lo que acababa de pasar lo estuviera devorando lentamente.

El dolor de su mirada me hizo contener el aliento.

-No puedo soportarlo, Nicole -dijo al fin, con la voz ronca-. No puedo soportar que te hayan tocado. Que te hayan hecho daño... que te hayan puesto en riesgo. A ti. A Crystal.

-No fue culpa tuya...

-¡Sí lo fue! -interrumpió, alzando la voz y luego bajándola de inmediato, como si no quisiera alterarme-. La dejé entrar en nuestras vidas otra vez. Y ahora estás aquí... sufriendo, por mi pasado.

Tomé su mano y la apreté con la poca fuerza que tenía.

-No estás solo en esto. Crystal es nuestra hija. Esta es nuestra vida. Y si Dulce creyó que con un empujón iba a romperla... no sabe nada de lo que somos capaces de aguantar.

Caleb cerró los ojos, tragando saliva, y acercó mi mano a sus labios.

-Me da miedo perderte. A las dos.

-Entonces no nos pierdas. Quédate. Pasa cada día con nosotras. Protégeme como solo tú sabes. Pero no te culpes por lo que no hiciste.

Él me miró largo rato. Su expresión cambió. Dolor, sí... pero también decisión. Amor.

-No me voy a ir, Nicole. Nunca. Te lo prometo.


EL DOLOR DE TU MIRADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora