Las horas pasaban lentas, como si el mundo se hubiera detenido dentro de aquella habitación de hospital. Afuera, la vida seguía con su ritmo indiferente, pero aquí dentro solo existían tres cosas: el monitor que marcaba los latidos de Crystal, la quietud de mis movimientos controlados, y Caleb, sentado a mi lado, sin despegarse ni por un segundo.
No sabía cuánto tiempo llevaba allí sin dormir, sin comer, sin dejar de vigilarme. Solo sabía que cuando desperté de una pequeña siesta inducida por el calmante, él estaba allí. Su rostro cansado, su camisa arrugada, y esos ojos... esos ojos llenos de un dolor tan profundo que me partía el alma.
-¿Te duele? -preguntó, en cuanto abrí los ojos.
Negué con la cabeza.
-Solo un poco de presión... y algo de miedo.
Él me acarició la mejilla con la yema de los dedos.
-Los médicos dijeron que Crystal está estable. Que va a estar bien si sigues en reposo unos días.
-¿De verdad?
Asintió, y por primera vez desde todo aquello, sonrió. Una sonrisa débil, sí, pero real.
-Tiene tu fuerza. Y tu carácter. No se va a rendir tan fácil.
Yo también sonreí. Y aunque sentía aún el dolor físico del golpe, algo en mi pecho se aflojó. Crystal estaba bien. Eso era todo lo que importaba.
Pero ese pequeño alivio duró poco.
-¿Y Dulce? -pregunté, bajando la voz-. ¿Sigue suelta?
La mirada de Caleb se endureció.
-No. La encontraron esta mañana. Estaba escondida en casa de una amiga. La policía la detuvo.
-¿Y...?
-Y la están acusando por agresión con agravante. Hay testigos, cámaras de seguridad en la tienda, y... -bajó la vista-... yo también he puesto una denuncia formal. No pienso dejar que esto quede en nada.
Asentí, sintiendo una mezcla de alivio y rabia. Me costaba creer que alguien pudiera tener tanta maldad dentro. Pero al mismo tiempo, sentí paz sabiendo que se había hecho justicia. No por venganza, sino porque lo que había hecho no podía quedar impune.
-Gracias -le dije, tocando su mano-. Por defenderme. Por no dudar.
Él se acercó y apoyó su frente en la mía.
-No solo te defiendo, Nicole. Te elijo. Todos los días. Incluso cuando tengo miedo, incluso cuando las cosas se complican... siempre te voy a elegir.
Las lágrimas me llenaron los ojos. No sabía si era por el susto, por el alivio, o por la simple belleza de sus palabras. Tal vez por todo.
-¿Te das cuenta de lo lejos que hemos llegado? -susurré.
-¿Desde aquel día que llegue tarde a clase vacilé al profesor y me dijo que me sentará a tu lado? ?
Reí, sorprendida.
-No vacilaste a nadie
-Pero me sente a tu lado porque me lo dijo el profesor
-Ah... asíque no querías sentarte a mí lado
-Bueno...Ahora me alegro de haberlo hecho
Nos miramos, y por un momento, solo fuimos nosotros dos. No el hospital, no el miedo, no Dulce. Solo dos personas que se habían encontrado en el momento más inesperado, y que ahora estaban construyendo algo real.
-¿Sabes? -dijo Caleb tras unos minutos de silencio-. Cuando te vi caer... no fue solo el miedo lo que sentí. Fue... desesperación. Porque entendí que si te perdía a ti, no solo perdía a Crystal. Me perdía a mí mismo.
Mis labios temblaron al escucharlo.
-Nunca pensé que alguien pudiera amarme así.
-Pues acostúmbrate, porque no pienso dejar de hacerlo.
Nos besamos entonces. Fue un beso suave, lento, lleno de todo lo que no habíamos podido decir con palabras. Y cuando nos separamos, sentí que algo dentro de mí había sanado un poco.
-¿Qué pasa ahora? -pregunté, acariciando mi vientre con una mano.
-Ahora descansamos -respondió él-. Te cuidas. Y en unas semanas, cuando Crystal decida que es momento de nacer, estaré ahí para recibirla.
-¿Y París?
Caleb sonrió.
-París puede esperar. Ustedes son mi hogar. Donde estén tú y nuestra hija, ahí quiero estar.
Mis ojos se llenaron de lágrimas otra vez. No sabía cómo alguien podía mirar con tanto amor. Tal vez por eso, cuando volvía a mirarlo, me golpeó con fuerza el recuerdo de todo lo que habíamos superado.
Y supe, entonces, que el dolor de su mirada no venía solo del miedo de perderme, sino del amor inmenso que me tenía.
Ese dolor no era debilidad. Era prueba de lo mucho que nos importábamos.
-¿Te quedarás esta noche? -pregunté.
-Todas las que hagan falta -respondió.
Nos acomodamos juntos en la cama estrecha del hospital. Yo con mi cabeza sobre su pecho, él con su brazo rodeándome con suavidad. Y por primera vez en muchos días, me sentí segura. Completa.
Aferrada a su amor, al latido persistente de Crystal en el monitor, y al futuro que por fin podía empezar a imaginar con esperanza.
Un futuro donde no habría más sombras. Solo luz, ternura... y el amor que tanto habíamos luchado por construir.
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EL DOLOR DE TU MIRADA
Teen FictionDespués de haber pasado cinco meses en Paris Nicole decide volver a Londres para pasar un tiempo con su familia, Christopher y Judy, sin la esperanza de volver a ver a Caleb, lo ultimo que supo de Caleb es que dejo los estudios y fue a trabajar a...
