DOS MESES DESPUES...
El espejo devolvía una imagen que a Nicole todavía le costaba asimilar: su rostro más sereno que en años, sus ojos con un brillo que no venía del maquillaje, y su vientre redondeado, orgulloso, visible bajo el vestido largo color perla. Ocho meses. Ocho. Lo pensaba como quien cuenta milagros.
-Estás hermosa, hermana -dijo Christopher desde la puerta, sonriendo con ternura, ya enfundado en su traje de lino blanco.
Nicole se giró lentamente, una mano instintiva sobre su vientre, la otra buscando equilibrio en la cómoda más cercana. Le devolvió la sonrisa.
-Y tú estás nervioso.
-Como el demonio -rió él, cruzando la habitación y dejándole un beso suave en la sien-. ¿Te sientes bien?
Nicole asintió. El bebé había estado moviéndose mucho, como si supiera que ese día había algo especial en el aire. -Solo un poco cansada. Pero no me perdería esto por nada, es tu día
Christopher se arrodilló ante ella y apoyó la frente suavemente sobre su vientre. -Hola, sobrina. Pórtate bien hoy, ¿sí? Nada de adelantarte.
Nicole rio. Esa escena, hacía un año, habría parecido imposible. Christopher hablándole a su vientre, ella en calma, Judy esperándolo en el altar. La vida tenía maneras extrañas de redimirse.
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El jardín estaba decorado con una sencillez elegante: luces colgantes entre los árboles, arreglos florales en blanco y rosa, una alfombra clara extendida hasta el altar rústico de madera. Nicole caminó despacio, tomada del brazo de Caleb, que no dejaba de mirarla como si aún dudara que fuera real.
-¿Sabes que estás radiante? -le susurró.
Ella sonrió. -¿Aún con los tobillos hinchados?
-Especialmente con los tobillos hinchados.
Caleb, vestido de gris claro con una rosa en el ojal, irradiaba orgullo. Había sido su ancla, su refugio en esos últimos dos meses en los que el cuerpo cambiaba y el alma se adaptaba a la idea de una nueva vida. No se había perdido un solo ultrasonido, una sola madrugada en que Nicole despertara sobresaltada por un sueño, o por el miedo.
Se sentaron en la primera fila, justo frente al altar. Judy apareció unos minutos después, tomada del brazo de su padre. Nicole se llevó una mano al pecho, conteniendo las lágrimas. Judy estaba hermosa, con un vestido sencillo de tirantes, una corona de flores y los ojos puestos solo en Christopher. Se amaban de una forma tranquila, como el sol de la mañana: sin alardes, pero profundamente.
Durante la ceremonia, Nicole se perdió por momentos en la sensación de estar exactamente donde debía. Su mano acariciaba inconscientemente el vientre, como si ya compartiera todo con su hija, incluso el silencio.
Cuando los novios se dijeron el "sí, quiero", Christopher miró un segundo hacia ella, y Nicole supo que también él estaba pensando en su madre. En todo lo que habían perdido. En todo lo que estaban construyendo.
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En la recepción, Nicole se mantuvo sentada gran parte del tiempo, disfrutando de los brindis, las risas, la música suave que llenaba el aire como perfume. Caleb iba y venía, trayéndole agua, fruta, dándole besos fugaces en la frente. Cada tanto, él le hablaba al bebé. "¿La estás escuchando? Mamá está feliz. Y yo también."
Cuando abrieron la pista de baile, Judy fue directo hacia ella.
-No tienes idea de cuánto soñé con este día -le dijo, tomándole las manos-. Y de lo feliz que estoy de que estés aquí.
-¿Aquí, como en la boda? ¿O aquí, como... en mi vida otra vez?
-Las dos cosas -respondió Judy, y ambas se abrazaron como si cerraran un círculo.
Después, Christopher apareció con dos copas de jugo. Brindaron por los reencuentros, por las nuevas familias, por las heridas que habían sanado sin desaparecer del todo. Nicole miró a su hermano y pensó en cuántas versiones diferentes de sí misma había habitado. Ahora, por fin, sentía que estaba en la correcta.
-¿Quieres bailar conmigo? -le preguntó Caleb más tarde, ofreciéndole la mano como si fueran adolescentes.
-¿Así, con esta pelota de playa en la panza?
-Sobre todo así.
Se movieron despacio, sin seguir realmente el ritmo de la música, más ocupados en estar cerca. Caleb colocó una mano en la parte baja de su espalda, y la otra sobre su vientre. Besó su mejilla, su cuello, y luego susurró:
-No sé cómo llegamos hasta acá, pero no cambiaría nada.
Nicole lo miró a los ojos, y su voz fue un hilo de emoción.
-Yo tampoco.
Cuando cayó la noche, y las luces cálidas llenaron los rincones del jardín, Nicole se retiró a una habitación de huéspedes para descansar. Caleb la acompañó, quitándole los zapatos con cuidado, ayudándola a recostarse.
-¿Sabes algo? -dijo ella, medio adormecida ya.
-¿Qué?
-Hoy... por primera vez no sentí miedo de traerla al mundo.
Caleb le acarició el cabello.
-Porque ya estamos en el mundo que queremos para ella.
La besó en la frente, luego en los labios. Largos segundos después, ella cerró los ojos. El sonido distante de la fiesta, la risa de Judy, la voz de Christopher brindando con alguien, se mezclaban con los latidos pausados en su pecho.
La pequeña Crystal se movió dentro de ella, como si también escuchara la celebración.
Y Nicole, sin abrir los ojos, sonrió.
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EL DOLOR DE TU MIRADA
Teen FictionDespués de haber pasado cinco meses en Paris Nicole decide volver a Londres para pasar un tiempo con su familia, Christopher y Judy, sin la esperanza de volver a ver a Caleb, lo ultimo que supo de Caleb es que dejo los estudios y fue a trabajar a...
