El taxi se detuvo frente a la casa poco después del mediodía. Caleb bajó primero, agradeciendo al conductor, y luego ayudó a Nicole a salir despacio, mientras ella sostenía el pequeño bulto envuelto en una manta blanca y rosa: Crystal.
-¿Lista para conocer tu hogar, pequeña? -susurró Nicole, sonriendo mientras caminaba con pasos lentos hacia la puerta.
Las flores del jardín parecían más vivas que nunca. El sol de la tarde acariciaba las ventanas y un leve perfume a lavanda flotaba en el aire. Era la misma casa, y sin embargo todo se sentía distinto. Porque ahora estaban completos.
Caleb abrió la puerta con una mano, mientras con la otra sostenía la maleta del hospital, los pañales, la mantita extra, y un paquete de toallitas húmedas que colgaba precariamente del costado. El caos ya había comenzado, pensó, y sonrió.
Nicole entró primero, y se quedó de pie en el centro del salón, respirando hondo. Crystal dormía profundamente en sus brazos, con la boquita entreabierta y las manos cerradas en diminutos puños.
-¿Estás bien? -preguntó Caleb, acercándose.
Ella asintió, sin soltar a la bebé. -Estoy... abrumada. Pero bien. Esto es real, ¿no?
-Es real -respondió él, y le besó la mejilla con suavidad.
---
Los primeros minutos fueron una mezcla de euforia contenida y logística confusa. Caleb instaló la cuna junto al sofá -"por si acaso no queremos subir aún al dormitorio"-, y puso música suave de fondo, como si eso pudiera convencer a Crystal de que el mundo fuera un lugar amable.
Nicole se sentó con cuidado, aún adolorida, y colocó a la bebé sobre su pecho. Crystal se removió un poco, buscando instintivamente, y ella le ofreció el pecho con una naturalidad que le sorprendió incluso a ella.
-Eres una campeona -le dijo Caleb desde la cocina, preparando una infusión y cortando fruta-. Literalmente. Deberían ponerte una medalla.
-¿Por sobrevivir al parto o por sobrevivir a esta nueva etapa?
-Por ambas cosas.
Nicole rio, agotada, pero feliz.
---
A media tarde, Crystal tuvo su primer llanto inconsolable en casa. Nicole intentó mecerla, cantarle bajito, ofrecerle el pecho otra vez, pero la bebé lloraba como si el mundo se le viniera abajo.
-¿Estará bien? -preguntó Nicole, con el rostro tenso.
-Sí, sí. Está llena, cambiada, abrigada. A veces solo... lloran -dijo Caleb, acunándola con cuidado.
La paseó por la sala, le habló al oído, le cantó esa canción sin letra que había inventado sin querer la primera noche en el hospital. Y poco a poco, Crystal se calmó, aferrándose a su dedo con su puñito como si fuera el único ancla del universo.
Nicole lo miraba desde el sofá, con los ojos brillando de emoción.
-¿Te das cuenta de que ahora somos una familia?
Caleb la miró, y su expresión cambió por completo. Se acercó, se arrodilló frente a ella con Crystal aún en brazos, y dijo:
-Siempre lo fuimos. Solo nos faltaba ella.
---
Esa noche no durmieron mucho.
Entre las tomas, los cambios de pañal, y la paranoia de "¿respira bien?", se turnaron para cuidar a Crystal, aprender sus sonidos, sus gestos, sus pausas.
Nicole, desde la cama, observaba a Caleb mecer a la bebé a las tres de la mañana, con la luz tenue encendida y su cabello despeinado. Nunca lo había amado tanto como en ese instante.
-¿Estás bien? -le preguntó en voz baja.
-Estoy muerto. Pero feliz -contestó él sin dejar de mirar a la pequeña-. Esta criatura... nos tiene bajo su control total.
-Bienvenida a la dictadura de Crystal -rió Nicole, apoyando la cabeza en la almohada.
---
A la mañana siguiente, alguien tocó el timbre.
-¿Esperas a alguien? -preguntó Nicole, alzando la voz desde el sofá donde dormía con Crystal sobre el pecho.
-Solo si pediste una niñera secreta con superpoderes -bromeó Caleb mientras iba hacia la puerta.
Eran Christopher y Judy.
-¡No podíamos aguantar más! -exclamó Judy con una sonrisa enorme y un ramo de flores frescas-. ¿Podemos ver a nuestra sobrina?
-Claro. Pasen... pero en modo silencio -dijo Caleb, señalando el cartel que ya había colgado en la entrada: "Bebé durmiendo (o intentándolo)".
Judy se acercó con ojos brillantes y se quedó inmóvil al ver a Nicole con la bebé dormida sobre su pecho. Christopher se quedó detrás, sin decir nada al principio, como si el momento fuera sagrado.
-Es tan... pequeña -susurró Judy.
-Y tan fuerte -dijo Nicole con voz suave-. Ya nos cambió la vida por completo.
Christopher se acercó, con más torpeza que su esposa, y se sentó al borde del sofá.
-Hola, Crystal -dijo con voz ronca, tocando una de sus diminutas manos-. Soy tu tío favorito. No te preocupes, lo vas a descubrir pronto.
Nicole y Caleb se miraron y se rieron, cansados pero radiantes. La casa se sentía más cálida, más viva. Como si cada habitación hubiera cobrado un nuevo propósito.
-Bienvenida a casa, pequeña -dijo Judy, acariciando una mejilla diminuta.
Y Crystal, como si supiera que la estaban presentando oficialmente al mundo, suspiró en sueños. Y sonrió.
ESTÁS LEYENDO
EL DOLOR DE TU MIRADA
Teen FictionDespués de haber pasado cinco meses en Paris Nicole decide volver a Londres para pasar un tiempo con su familia, Christopher y Judy, sin la esperanza de volver a ver a Caleb, lo ultimo que supo de Caleb es que dejo los estudios y fue a trabajar a...
