Deseo. No solo físico, sino emocional, profundo, como si ese toque despertara una parte dormida de mí.
Lo besé otra vez, esta vez sin contenerme. Mis manos se deslizaron por su nuca, atrayéndolo más. Caleb respondió igual, con una intensidad que me hizo temblar. Su boca encontró mi cuello, sus dedos trazaron líneas lentas sobre mi piel, como si quisiera recordarla centímetro a centímetro.
—Nicole... —murmuró contra mi clavícula, con la voz rota, la respiración entrecortada—. Espera... tenemos que parar.
Me detuve, aún con las manos aferradas a su camiseta, mi pecho subiendo y bajando con rapidez. Él apoyó la frente en la mía, intentando calmarse.
—Christopher y Judy están arriba… —añadió, cerrando los ojos como si eso lo ayudara a mantenerse firme.
—Lo sé —susurré, bajando las manos despacio—. Lo siento. Es solo que… llevo seis meses sin ti. Sin nosotros. Y con las hormonas disparadas por el embarazo, todo es más intenso. Te deseo, Caleb. Mucho más de lo que puedo decir sin romperme.
Él me acarició la mejilla, y sonrió con ternura.
—Y yo a ti. Créeme.
—¿Entonces…?
—Entonces esperaremos. No por falta de ganas —dijo, con una media sonrisa cargada de deseo contenido—, sino porque cuando pase, quiero que sea bien. Con tiempo. Sin apuros ni puertas cerradas por miedo.
Me recosté en su pecho, aún latiendo con fuerza. Él me envolvió con sus brazos, y así nos quedamos, en silencio. Esta vez, uno distinto: uno lleno de promesas no dichas y fuego bajo la piel.
---
Esa noche, mientras todos dormían, me desperté para ir al baño. Al volver, me detuve un instante frente a la cuna aún vacía, en la esquina del cuarto. Pasé los dedos por el borde suavemente. Crystal aún no había nacido, pero ya habitaba nuestra vida. Su espacio, sus cosas, sus silencios.
Volví a la cama, y Caleb se giró dormido hacia mí, como si me sintiera. Me acurruqué contra él, dejando que el calor de su cuerpo me envolviera.
No hicimos el amor esa noche. Pero lo que compartimos fue algo igual de íntimo. El deseo no se apagó. Solo quedó en pausa, como una promesa que pronto, muy pronto, podríamos cumplir.
Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que el hogar no era solo el lugar… sino él. Su cuerpo, su risa, su contención.
Y también, el deseo de empezar otra vez. Desde ahí. Desde nosotros.
---
¿Quieres que la historia continúe hacia el reencuentro íntimo en un próximo capítulo? ¿O prefieres explorar lo que sucede con Dulce, la tensión familiar, o el parto de Crystal? Puedo ayudarte a seguir la línea que más te interese.
ESTÁS LEYENDO
EL DOLOR DE TU MIRADA
Teen FictionDespués de haber pasado cinco meses en Paris Nicole decide volver a Londres para pasar un tiempo con su familia, Christopher y Judy, sin la esperanza de volver a ver a Caleb, lo ultimo que supo de Caleb es que dejo los estudios y fue a trabajar a...
