Error #23: llamar a la gente por su descripción

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Este es un error bastante particular, más propio de los escritores con un nivel intermedio. Si tuviera que dar un estimado, diría que el 90% de los autores caen en esta trampa en algún punto del camino. No lo consideraría grave, pero en ciertas ocasiones puede resultar chocante.

Se trata de referirse a los personajes por su apariencia, título o profesión. Ejemplo:

Ken miró a Barbie con los ojos abiertos de par en par. La rubia se maquillaba frente a un espejo inmenso, absorta en la tarea de cubrir su rostro de polvos que le eran desconocidos.

—¿Qué dijiste? —le preguntó el chico.

—Terminamos. No sé, ya no siento nada. Últimamente salimos y todo es tan aburrido. —El modelo quiso decir algo, pero la rubia negó con la cabeza—. No hay nada que puedas decir para hacerme cambiar de opinión.

No hay errores visibles en este pequeño intercambio. 

El problema con esta práctica es que suena impersonal debido al afán de evitar repeticiones. Cuando piensas en tus seres queridos, no lo haces con términos como "El rubio", sino con nombres y pronombres: Juan, él, Sara, ella, etc. Por ende, al usar títulos y descripciones generas distancia entre los dos personajes y una brecha aún más grande entre ellos y el lector. 

El intercambio anterior pudo haberse escrito así:

Ken miró a Barbie con los ojos abiertos de par en par. Ella se maquillaba frente a un espejo inmenso, absorta en la tarea de cubrir su rostro de polvos que le eran desconocidos.

—¿Qué dijiste? —le preguntó él.

—Terminamos. No sé, ya no siento nada. Últimamente salimos y todo es tan aburrido. —Ken quiso decir algo, pero Barbie negó con la cabeza—. No hay nada que puedas decir para hacerme cambiar de opinión.

Cierto, hay algunas repeticiones, pero recuerda que ciertas palabras son casi invisibles: el lector no las nota. A veces, es preferible usar estas palabras invisibles en lugar de sus alternativas, pues una vez empiezas a referirte a tus personajes por sus descripciones, no puedes parar. He llegado a leer términos inventados como "ojiazul"; si esa palabra de aspecto común no existe, mucho menos "peliverde", "pelirosada", entre otras. "Castaña" sí existe, pero generalmente no se usa para referirse a una mujer de cabello castaño, sino a una fruta.

Usa los nombres de tus personajes y sus pronombres correspondientes. Si ves que abusas demasiado, cambia la estructura de las oraciones para que haya espacio entre uso y uso, pero intenta no recurrir a descripciones o títulos.

EXCEPCIONES

Dije que usar títulos crea distancia. Si esa es tu intención, pues adelante. Por ejemplo, si una mujer está hablando con un médico y este no es amigo suyo, lo normal es que piense en él como "doctor". Lo mismo con un profesor o alguien con el que no se tenga una relación cercana.

Adenda: ginamo hizo una aportación importante que olvidé mencionar. Bueno, más vale tarde que nunca. Cuando en una historia hay muchos personajes y diálogos con numerosos participantes, es difícil no confundir al lector. El riesgo de causar desconcierto es todavía mayor al inicio de la historia. Por lo tanto, si en tu historia te resulta necesario presentar a varios personajes casi al mismo tiempo, está bien usar descripciones al menos hasta que el lector se oriente.

También es aceptable en narrador omnisciente (ojo: la tercera persona NO siempre es omnisciente), pero no recomiendo recurrir a este recurso con frecuencia a menos que haya muchos personajes.

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