Capitulo 17 - La Carrera Hacia el Refugio parte 2

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Los tres avanzaron lentamente, cruzando uno de los puentes principales de Rivendel. El eco de sus pasos resonaba sobre la piedra y la madera, acompañados solo por el sonido del agua corriendo a su alrededor.

Frente a ellos, en la entrada de una gran sala semicircular, una figura los esperaba.
Vestía una armadura en tonos rojizos, reforzada con placas doradas y con piel oscura en los hombros. El casco, también dorado, tenía unos pequeños picos arriba, dándole un aire imponente.
En sus manos sostenía un martillo de forja y unas pinzas cruzadas sobre el pecho, símbolos de su oficio y de su rango.

La luz de la mañana hacía brillar el metal de su armadura, dándole una apariencia casi mística, como la de una guardiana antigua de los mandalorianos.

Izuku la reconoció al instante. Sus ojos se abrieron bajo el casco y su corazón se aceleró.

Sabine (en voz baja, mirando a Izuku):¿La conoces?

Izuku (asintiendo, con una mezcla de respeto y emoción): Sí... Es la Herrera Maestra. No la había visto desde hace unos meses, desde que nos fuimos a la U.A.

La mujer dio unos pasos al frente, su caminar era firme pero sereno. Su voz, profunda y tranquila, se escuchó con claridad.

Herrera Maestra: Izuku Djarin. Sabine Wren. Ragnar Vizsla.
(Asintió hacia cada uno con respeto.) Bienvenidos de vuelta a Rivendel.

Izuku dio un paso hacia adelante, dudando un momento entre arrodillarse o abrazarla como lo hacía cuando era más pequeño. Al final, se inclinó con respeto.

Izuku (con voz cargada de emoción): Es un honor volver a verla, Maestra.

Herrera Maestra (asintiendo levemente, con un tono cálido bajo la firmeza de su casco): El honor es mío, Izuku. Has crecido... y también tus responsabilidades.

La forma en que dijo su nombre completo le provocó una leve sonrisa bajo el casco. Se sentía realmente en casa.

Herrera Maestra (con un tono más serio): Pero no es momento para festejar. Rivendel sigue en pie, pero el viento del sur trae problemas.

Sabine y Ragnar se miraron con preocupación, mientras Izuku fruncía el ceño bajo el casco.

Izuku: ¿Qué pasó en nuestra ausencia?

La Herrera hizo un gesto para que la siguieran hacia el interior del refugio, bajo techos altos y columnas talladas con símbolos antiguos.

Herrera Maestra: Vengan. Hay mucho que deben saber. El anillo que llevan no es la única amenaza que se avecina.

Izuku apretó el puño, decidido a hacer todo lo que fuera necesario para proteger Rivendel, su hogar.

Los pasos de los cuatro resonaban suavemente mientras avanzaban por los pasillos de Rivendel. La luz que se filtraba por los ventanales altos bañaba el lugar con un brillo cálido, y la brisa de la cascada cercana llenaba el aire con frescura.

Izuku y Ragnar miraban a su alrededor con atención. Aunque habían vivido ahí por años, algo se sentía diferente. Las paredes estaban reforzadas, los puestos de vigilancia aumentados, y había más mandalorianos patrullando -jóvenes, adultos e incluso algunos veteranos con cicatrices visibles en sus armaduras-. Todos con rostros serios, todos armados.

Ragnar (en voz baja, girando hacia la Herrera): Este lugar... está mucho más lleno que antes. Y también mucho más tenso.

Izuku (asintiendo): Sí. Incluso los pasillos están reforzados... ¿Qué ha pasado mientras no estábamos?

La Herrera Maestra continuó caminando unos pasos más antes de detenerse frente a una terraza con vista a los valles. Se quedó en silencio unos segundos, observando el horizonte.

La espada de la esperanzaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora