Capitulo 20 - Los Mandalorianos Llegan a la Guerra

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Musufatu – Entrada norte de la ciudad

El cielo retumbaba con truenos lejanos y los temblores sacudían la tierra mientras las nubes oscuras cubrían los últimos restos de luz. Pero entonces, un sonido se alzó entre el caos:
un cuerno profundo y resonante, ancestral y poderoso, que hizo temblar hasta los cimientos de la ciudad.

Desde las puertas norteñas de Musufatu, una columna de jinetes apareció entre el polvo y el fuego. Eran los guerreros de Rivendel. Más de trescientos soldados mandalorianos cabalgaban al galope, el estruendo de sus cascos sacudiendo la tierra mientras sus capas ondeaban como estandartes de guerra.

Al frente, Izuku Djarin montaba un caballo negro de ojos ardientes, con su espada al costado y su mirada firme, sin casco. A su lado galopaban Din Djarin, Sabine Wren, Ragnar Vizsla y la Maestra Herrera, todos cubiertos con sus armaduras brillando bajo los reflejos del fuego.

Soldado de la UA (nervioso):¡¿Quiénes son esos?! ¡¿Vienen a ayudarnos o son refuerzos del enemigo?!

Pro-Héroe (alarmado):¡Esperen! ¡Ese estandarte... no es del enemigo!

Director Nezu (en el estadio, con asombro):...Rivendel.

Príncipe Aragorn (reconociéndolos): ¡Los mandalorianos... han venido!

La caballería no se detuvo a pelear en las calles: avanzaban recto hacia el estadio, donde se libraba la lucha más difícil. Los soldados imperiales retrocedían, los héroes y estudiantes intentaban resistir, pero el enemigo los superaba en número... hasta ese momento.

Kirishima (señalando emocionado): ¡¡Esa es Sabine!! ¡¡Y ese es Ragnar! ¡¡Y miren, ahí está Izuku!!

Momo (con un nudo en la garganta): Izuku...

Shoto (sorprendido): Él... está liderando a todos ellos.

Bakugo (cruzado de brazos): Tsk... quienes son esos bastardos.

Los caballos se detuvieron en seco al llegar al estadio. Izuku desmontó con firmeza, desenfundó su espada, y sin esperar autorización, se dirigió a todos con voz poderosa:

Izuku: ¡Rivendel ha llegado! ¡Y pelearemos por cada vida en esta ciudad! ¡Formen sus líneas! ¡Esta guerra aún no ha terminado!

Y con un nuevo rugido de guerra, los mandalorianos se desplegaron por toda la ciudad, cabalgando hacia los puntos críticos mientras las esperanzas de Musufatu revivían en medio de la oscuridad.

La tierra temblaba con cada galope. Desde las colinas cercanas, la ciudad entera pudo escuchar el eco de un cuerno poderoso que rasgó el aire como un presagio de guerra. Los ciudadanos alzaban la vista y los héroes en el estadio interrumpieron sus defensas momentáneamente, confundidos por el sonido.

Desde la bruma al borde de la ciudad, jinetes comenzaron a emerger. Sus armaduras relucían bajo el escaso sol que lograba atravesar las nubes negras. Al frente, un guerrero montado destacaba con su capa ondeando al viento, una gran espada a su espalda y una armadura decorada con símbolos antiguos.

Los civiles, aún huyendo hacia las murallas creadas por Cementoss, se apartaban con asombro. Los héroes profesionales, aún sin saber quiénes eran estos jinetes, se posicionaban con cautela. Hawks descendió con rapidez desde lo alto, y Mirko, con el rostro ensangrentado, giró en dirección al estruendo, preparando su próxima carga.

Héroe civil: ¿Quiénes... quiénes son esos?

Endeavor (a la defensiva): ¡No lo sé! Pero se dirigen al estadio. ¡Prepárense para pelear por si acaso!

Los mandalorianos no respondieron. La columna entró directamente por una de las avenidas principales. Sabine, Ragnar y la Herrera Maestra cabalgaban a la cabeza junto a Izuku y Din.

La espada de la esperanzaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora