Mientras tanto..
El sargento Kenji Tanaka sintió el temblor antes de escucharlo. Una vibración profunda que recorrió la tierra, haciéndole tintinear los dientes y sacudiendo el polvo fino de la trinchera improvisada. Llevaban horas en alerta máxima, desde que los radares costeros habían detectado una anomalía masiva acercándose a la bahía de Tokio. Al principio, lo habían descartado como un error, una falla en los equipos. Pero los ecos persistentes, cada vez más grandes, cada vez más definidos, habían sembrado una inquietud helada en el corazón de cada soldado en la Base de la Fuerza Aérea de Yokota.
Ahora, la confirmación visual era innegable. Una silueta colosal se alzaba sobre la línea de edificios de la costa, recortándose contra el cielo nocturno iluminado por una luna casi llena. Era inmenso, una montaña de carne y escamas moviéndose con una lentitud que no disminuía su aura de poderío incalculable.
- ¡Kami-sama...! - murmuró el cabo Sato a su lado, con los ojos desorbitados.
Kenji no respondió. Su mente estaba en otro lugar, en las historias que su abuelo le contaba de niño, relatos que siempre había tomado como fantasías de un anciano. Historias de un monstruo ancestral, una criatura radiactiva nacida de la tragedia, a la que su abuelo y otros valientes soldados habían enfrentado hace décadas en algún lugar devastado. Un monstruo al que llamaban, con un escalofrío en la voz, el Hiroshimasaurus.
¿Podría ser...? La incredulidad luchaba contra el terror visceral que le atenazaba el pecho. Las descripciones de su abuelo, los dibujos amarillentos que le mostraba, la cicatriz queloide que serpenteaba por su espalda... todo empezaba a encajar con una macabra precisión.
Un rugido ensordecedor desgarró el silencio de la noche. Un sonido primario, gutural, que parecía sacudir los cimientos mismos de la existencia. Kenji se cubrió los oídos instintivamente, pero la vibración le caló hasta los huesos.
- ¡Contacto visual confirmado! - gritó un oficial por la radio, su voz quebrándose por el pánico. - ¡Es... es enorme! ¡Mucho más grande de lo que imaginamos!
Los recuerdos se agolpaban en la mente de Kenji como fragmentos de una pesadilla. Su abuela paterna, Akiko, una mujer de carácter sereno y mirada profunda, rara vez hablaba de esos tiempos. Solo una vez, bajo la luz tenue de una lámpara de papel, le había contado cómo conoció a su abuelo. Él era un joven oficial de las Fuerzas de Autodefensa, recién asignado a una zona de contención, con la mirada llena de una tristeza contenida que ella no comprendía del todo. Se habían acercado en medio de la incertidumbre y el miedo, con el eco lejano de la devastación como un recordatorio constante.
Su abuela materna, Hana, era diferente. Alegre y enérgica, siempre compartía anécdotas de su juventud en Kioto, pero nunca mencionaba nada relacionado con la guerra o monstruos. Kenji recordaba su sorpresa al encontrar una vieja fotografía de ella junto a su abuelo, ambos con expresiones solemnes, en un álbum familiar. Cuando le preguntó, ella simplemente sonrió con una sombra de dolor en los ojos y desvió la conversación hacia la belleza de los cerezos en flor. Solo ahora, viendo esa bestia imponente, empezaba a comprender el silencio de Hana, el peso invisible que ambos abuelos habían cargado.
El Kaiju se movía con una majestuosidad aterradora, sus ojos cerrados como si estuviera absorto en un sueño milenario. Pasó sobre las cabezas de los soldados agazapados, su sombra inmensa engulléndolos por un instante en una oscuridad opresiva. Kenji sintió el aire desplazarse con su paso, un viento caliente y húmedo que olía a sal y a algo más... algo antiguo y radiactivo.
Luego, los ojos del monstruo se abrieron. Dos orbes ámbar que brillaban con una intensidad escalofriante en la noche. Se detuvo, alzando su enorme cabeza hacia la luna. Y entonces, lanzó otro rugido. Un grito primal que resonó en toda la base, un desafío a la noche, a la luna, al mundo entero.
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Beast no Coffee Terrace
FanfictionEl enfrentamiento contra Paola había provocado un caos multiversal, donde una nueva realidad nace tras las consecuencias provocadas por Paola. en una realidad donde la abuela de ambos hermanos odiados desde el nacimiento fallece, Vicente regresa par...
