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Cura

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La puerta se cerró detrás de mí, pero por un breve momento fue como si las nubes de mi cielo se apartaran y el sol más resplandeciente me deslumbrara. Eras tú. Te vi solo por un segundo, no, quizás menos que eso. El iris azul de tus ojos encontró el mío. Breve fue el instante y desvié la vista, no podía soportar el vuelco que causaba en mi corazón.

Seguiste tu camino. Te sentí pasar. Sentí el aire que desplazabas rozarme las mejillas y con él, la estela sutil de tu colonia. Por ese pequeño fragmento de tiempo los recuerdos se agolparon en mi mente. Un tropel de momentos me quemó la piel. La acaricia de tus dedos, la calidez de tu abrazo, la ardiente quemadura de tus besos, el escalofrío de tu voz y el júbilo de tu risa.

Pasaste, soltaste la puerta y ésta se cerró. Volteé, miré por el vidrio. Te vi y me di cuenta que todo eso, antes mío, ahora era de alguien más. Te vi con ella, tomándola de la mano, cruzando la calle. La vi, radiante y bella, sonriendo. ¿Cómo no iba a hacerlo? Teniéndote a su lado. Bucky te abrazó, mientras las chicas subían a un auto. Algo te dijo y tu semblante se tornó sombrío. ¿Tanto te había disgustado verme? Tal vez son mis imaginaciones, ya no era yo el centro de tu universo. Tal vez, ni siquiera me notaste.

Te fuiste y yo fui a sentarme a una mesa vacía. Pedí algo, no puse atención. Me quedé mirando sin mirar. Mis amigos llegaron, se sentaron, hablaron. Los oí, más no escuché que decían. Sus palabras, sus rostros, eran ecos. Un remolino apabullante que me provocaba nauseas. Giré hacia la puerta, sentía tu presencia ahí, como una sombra diáfana y persistente. No estabas, no estabas. Y ese era el problema.

Si hubiera tenido un segundo, no solo esa fracción, te habría dicho lo que se ha convertido en un nudo en mi garganta que me ahoga cada noche, porque no puedo llorar, pero tampoco reír. Un segundo es suficiente, ¿no es verdad? Solo eso es necesario para juntar aire, tomar valor y decir: lo siento.

―Tony, ¡ey! ¿Me estás escuchando? ―la voz de Pepper me trae de vuelta. ― ¿Qué te pasa?

―Nada, ¿qué decías?

Algo dice, pero no lo entiendo. No quiero estar ahí. Este lugar era nuestro. Ahora la traes a ella y yo vengo sin ti. No puedo soportarlo. Creí que podría. Error.

―Error― dije en voz alta.

―¿Qué?

―Cometí un error―dije.

―¿Tú?―Loki se rió. Lo entiendo, siempre me jacto de no cometer equivocaciones.

―¿Será muy tarde?

―¿Para qué?

Me levanto, dejo la tarjeta de crédito sobre la mesa, que compren lo que quieran, tal vez así perdonen mi grosería. Me voy. Tengo en mente una sola cosa y aun en este estado de turbación, logro ser metódico, logro encontrarte.

.

.

No sé cómo llegué, no recuerdo haber manejado, pero sé que lo hice. Sé que inventé una excusa maravillosa para colarme en el interior del edificio, burlé la vigilancia y solo esperaba no equivocarme de puerta. Resulto muy temprano, aun no llegabas.

Me senté al pie de tu puerta, como un cachorro que han abandonado. Miserable y dolorido, pensando. Solo pensando que, tal vez, llegarías con ella. Sin duda arruinaría su noche. O quizás, peor aún, no llegarías, te quedarías con ella. Escondí mi rostro entre mis piernas, parecía tener un ataque de ansiedad, y la verdad, estaba cerca.

De nuevo ese remolino de nauseas, el hormigueo en mis manos, el sofoco.

Unos pasos a la distancia resuenan como gongs en mis oídos. Quiero que paren, temo que algún vecino me tome por alguien sospechoso y me echen antes de que pueda verte. Al mismo tiempo temo verte y que sea la última vez. Nunca temí a las confrontaciones. A decir verdad, sentía un placer particular con ello. Y aunque discutía contigo, siempre lo odié. Siempre fuiste mi excepción. Debí entenderlo antes. Ahora es tarde. ¿Quién soy yo para venir? ¿Quién soy para perturbar la vida que tienes ahora? Seguramente ella es mejor que yo en todos los aspectos.

Stony series Vol. 6Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora