Incluso bajo la luz de la luna, su cabello rubio era inconfundible y el azul de sus ojos era más inequívoco. La recuerdo como si tan solo la hubiese visto ayer. Y es así, si tan solo contamos su aparición en mis sueños.
Cuando era niño no lo comprendía. Ella aparecía en mis ensoñaciones, sonriéndome dulcemente, mientras su cabello caía por su hombro como una cascada dorada. Siempre era de noche, estábamos cerca de un río y ella iba descalza, pero solo lo notaba cuando levantaba la larga falda de su vestido y sumergía sus pies en el agua. Era cuando me miraba y me tendía sus manos. Para mí, en esos momentos, era una princesa, la princesa de mis sueños.
Al compás de los años, mis sueños fueron madurado. Su figura paso de ser solo una presencia hermosa y acogedora, a ser una atractiva y excitante. En mis sueños adolescentes, finalmente tomaba sus manos y la abrazaba en el medio del río. Sentía el agua fría arremolinándose en mis tobillos y el calor de su cuerpo contra el mío. Su mirada azul me era más clara, picara e inocente a la vez. La besaba con libertad amparado por la oscuridad. La felicidad se concretaba entonces y fluía por mis venas.
Comprendí, ya adulto, que ella era más que solo la chica de mis sueños, era mi deseo más anhelado. Pero sólo vivía en mi mente. No hace falta decir que esperaba la noche más que nada en el mundo, solo para verla. Solo para abrazarla, solo para besarla.
Poco a poco, nuevas imágenes fueron añadiéndose al sueño inicial. Nos bañábamos en el río y hacíamos el amor en la orilla. Otras veces, tan solo nos sentamos en la hierba o en el tronco de un árbol caído y hablábamos hasta que perdíamos de vista la luna. Otras, nos aventurábamos en el bosque y nos acurrucábamos uno contra el otro bajo un olmo, sin decir nada, sin hacer nada más que estar ahí. Lo notaba más y más, siempre que la veía parecía estar haciendo algo que no debía. Mi corazón latía nervioso y miraba atrás esperando ver algo o alguien. Lo comprendí después. Nuestro amor era prohibido. No porque yo fuera real y ella un sueño, sino porque éramos de mundos diferentes.
Yo era un príncipe en esa historia, ella una campesina. Un día me prestó su ayuda y yo había quedado prendando de su belleza y amabilidad. Enamorado como nunca, por primera vez y para siempre, juré que la amaría en cada una de mis vidas. Y aquí estoy, pensando en ella, todo el día, sumido en la añoranza.
Estudié física para descubrir como transgredir los limites dimensionales. Ingeniería para crear la máquina que me llevara hasta sus brazos. Química por si solo me quedaba encontrar el elixir que me permitiera vivir en el sueño para siempre. Pero eran solo al dormir que podía encontrarla, amarla y ser amado por ella.
Luego, pensé que quizás la ciencia no alcanzaba aun para descubrir los misterios de las almas. Pero quizás, si yo había renacido en este sórdido mundo, tal vez ella también lo habría hecho. Busqué en cada rincón. Abordé a cada mujer de cabello rubio y ojos azules que cruzaba mi camino. Pensando que, quizás, jugaba a no conocerme, que solo me probaba y que al final de la noche me diría: sí, soy yo.
Mientras tanto mis sueños continuaban y en ellos mi historia de amor. Ella tenía nombre: Stephanie, Steph le decía yo. Mi consuelo, mi sol, mi luna, mi viento, mi manantial. Lo era todo para mí y mi loco amor era furiosamente correspondido. No ha habido besos como los suyos, ni abrazos ni caricias. Dulce y apasionada. Amable y letal. La combinación perfecta de suavidad y fortaleza.
La clandestinidad nos condenó. El amor que nos fortalecía fue también nuestro talón de Aquiles. Bajamos la guardia, inmersos en nuestra felicidad, y nos descubrieron. Solo había una manera para que yo la dejara, los míos lo sabían. Así que me la quitaron, de la manera única que podían hacerlo. Mi sueño se convirtió en una pesadilla el día que llegué a nuestro lugar de encuentro y ella yacía en el lecho del río herida de muerte. Su sangre se diluía en el agua que alguna vez nos bendijo. Estaba fría cuando la saqué de ahí, aun respiraba, pero sus parpados le pesaban. Su conciencia se desvanecía, pero me reconoció, me sonrió. Su mano helada acarició mi mejilla, su voz se convirtió en un murmullo. Me prometió que la próxima vez sería más fuerte y murió en mis brazos.
ESTÁS LEYENDO
Stony series Vol. 6
Fiksi PenggemarConjunto de one-shots Stony. 1. Un error permite que dos amantes se reencuentren después de toda una vida. 2. En un mundo de perros y gatos, una pareja entre ellos es un rareza. 3. Un antiguo mito cobra vida una vez más. 4. Tony pondrá en marcha la...
