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#Stony #Stoward #DiferenciaDeEdad #Doncelesverse
―¡¿Qué haces tú aquí?!
Se habían quedado solos por fin y Howard explotó. Necesitaba respuestas y las obtendría así fuese lo último que hiciera en su vida. Ok, quizás exageraba, pero así era él. Steve lo miró con el mismo azoro de alguien que creía todo claro y en su lugar.
―Pues vine con Tony― dijo con un ligero titubeo.
―No te hagas el tonto―Howard replicó impaciente― sabes perfectamente a lo que me refiero.
Steve ladeó el rostro. No, no lo sabía.
―Él quería presentarnos― respondió― ¿Cuál es el problema?
―Tú eres el problema―acusó agriamente Howard― Sabes perfectamente que ya nos conocíamos. Sabes perfectamente, también cuánto.
Steve, entonces, pareció comprender, se llevó su copa a los labios y bebió de ella para ocultar una sonrisa de conocimiento que a Howard le pareció de burla.
―¿Es, acaso, una venganza?―preguntó.
―No te creas tan importante.
La respuesta dicha con tanta indiferencia y brusquedad fue como un golpe directo a la mandíbula de Howard, quien, medio, noqueado abrió la boca para responder. Por suerte o por desgracia, Tony volvió en ese momento, coartando todas sus intenciones.
―Ya le dije a Jarvis― anunció triunfante―, me dijo que no hay ningun problema. Puedes quedarte, Steve. Te traerá lo que necesites.
―¿Dónde va a quedarse?― Preguntó Howard, aunque sabía la respuesta, es más, sabía que la pregunta era tonta.
―¿Cómo que dónde?― Tony se rió― En mi habitación por supuesto.
Sin más, sujetó la mano de Steve y tiró de él. Howard le cortó el camino, necesitaba negociar con él, hacerlo entrar en razón.
―¿No te parece que es mejor que se quede en una de las habitaciones de huéspedes. Para eso tenemos muchas. Dormirán más cómodos solos.
Tony se rió de nuevo y esquivó a su padre. Al llegar a la puerta dejó pasar primero a Steve y luego, se giró para ver a Howard y sonreírle pícaramente.
―¿Quién dijo que vamos a dormir?
Después de eso, cerró la puerta.
Al día siguiente, las cosas no habían mejorado para Howard, por el contrario. La imagen brillante del rostro de Tony durante el desayuno, combinada con la tranquilidad de Steve. Se le pusieron los pelos de punta. Necesitaba encontrar un espacio para hablar con Steve de nuevo, echarlo de su casa y de la vida de su hijo para siempre.
―¿Qué planes tienen para hoy? ―preguntó fingiendo desinterés.
―Steve quiere ir al museo de arte. Después iremos a cenar con mis amigos ―Tony se giró hacia Steve y le sonrió con una dulzura que le provocó nauseas a su padre―, ellos también se mueren por conocerte.
―Estoy ansioso por conocerlos también ―respondió aquel. Howard pensó que sonaba más falso que las promesas que una vez él mismo hizo.
Tony sonrió como un niño, como aquel niño feliz que Howard había criado. No podía, en definitiva, estar con ese hombre. No, no podía. Tenía que hacer algo.
Al final del desayuno, Tony subió a su habitación por algo que había olvidado, Steve se quedó en la mesa para terminar su café y Howard tomó aquella oportunidad.
―No me iré con rodeos―dijo―. Quiero que te alejes de Tony. Termina con él y vete a Italia de regreso.
Steve dejó su taza sobre el platito y lo miró con el ceño fruncido.
―¿Por qué debería hacer tal cosa?
―Porque soy su padre, se lo que le conviene. Y no le convienes, ¿faltaba decirlo?
Steve se irguió en su silla y suspiró.
―Creo que él es un adulto y puede decidir por sí mismo, Howard. Es un hombre inteligente, no creo que haga falta decírtelo.
―Es un adulto, pero mucho menor que tú. ¡Podrías ser su padre!
―Pero no lo soy―Steve suspiró de nuevo―. Escucha, no estoy aquí por venganza, ni nada por el estilo. No tenía idea de que era tu hijo. Sé lo de la diferencia de edad, créeme, traté de evitarlo. Pero al final, es más fuerte que yo.
Howard entrecerró los ojos y apretó los puños.
―No te creo ni un ápice ―murmuró―. Todo el mundo dice que se parece a mí, es imposible que no lo notarás. Y lo otro, no es más que una excusa que todos los que son como tú usan.
―¿Los que son como yo? ―Steve levantó las cejas ― ¿y quiénes son esos?
―Ya sabes, aquellos a los que les gustan los menores.
―Lo que estás insinuando es ofensivo. No soy así y cuando conocí a Tony ya no era menor de edad.
―¡Le llevas 15 años, Rogers!
―¿Y? ―una tercera voz apareció en la discusión. Tony había regresado y miraba a su padre, justo como este no quería que lo mirara.
―Es una gran diferencia de edad, Tony ―trató de explicarle.
―Tengo 23 años, papá. No soy un niño.
―Solo digo que alguien de tu edad sería mejor para ti.
―Sí, como eso ha salido bien antes ―ironizó Tony al tiempo que rodeaba la mesa y estiraba el brazo esperando que Steve tomara su mano ―. Sé lo que hago, sé a quién quiero.
―¡No me lo parece!
―¡Pues no me importa!
Una vez más Tony tiró de la mano de Steve y salió con él de la sala, solo que esta vez, sus pasos eran más duros y estridentes. Estaba, sin duda, enojado. Howard se acodó en la mesa y se sujetó la cabeza con las manos. Ahora todo se había puesto todavía más complicado.
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―¿Quieres ir a comer algo?―preguntó Steve cuando salieron del museo y caminaban por un parque cercano.
Tony asintió y luego señaló un puesto de hot dogs callejero, compraron un par y se sentaron en el césped. El viento soplaba ligeramente frío, pero el sol caía sobre ellos con fuerza. A su alrededor la gente corría, paseaba a sus perros o jugaban con sus hijos, había también alguna que otra parejita ocupada en sus asuntos.
Steve volteó a ver a Tony, quien comía en silencio. De hecho, no había dicho mucho durante el día, tampoco había apartado de su ceño el gesto de enojo de la mañana. Sin duda, seguía rumiando la discusión que había tenido con su padre.
―Howard tiene razón―dijo Steve de pronto, provocando que Tony no atinara su mordida y se manchara la mejilla con cátsup y mayonesa.
―¿Qué? ―respondió sorprendido.
―Sobre la diferencia de edad ―Steve limpió diligentemente la mejilla de su novio con su servilleta, mientras hablaba ―. Es normal que esté preocupado.
―Para mí no es un problema, ¿por qué para ustedes sí?
―Quizás porque te llevamos algunos años.
Tony rodó los ojos. Esa discusión ya la habían tenido antes de que comenzaran a salir. Al parecer no era un tema superado como Tony pensaba.
―No empieces tú también ―refunfuñó.
Steve sonrió y devolvió su mirada al hot dog en sus manos.
―Solo quiero decir que no debes enojarte con tu padre por estar preocupado por ti. Es normal.
Tony bufó, pero no dijo nada, hasta que le dio un par de mordidas más a su hot dog.
―Pero él está pensando mal de ti ―terció―, y no es justo.
―Bueno, reconozco que me molesta; pero, entiendo; yo tampoco confiaría en un tipo que le lleva tantos años a mi hijo.
―Pero se equivoca, tú no eres así. Jamás me has dicho cosas como que soy muy maduro para mi edad.
Steve ser rió por lo bajo.
―Porque no lo eres ―dijo ―, eres un chico de tu edad. Y ciertamente, eres muy joven, tienes toda tu vida por delante como para desperdiciarla con un hombre al que a veces ya le duelen las rodillas.
Esta vez fue Tony quien se rió.
―Como sea, no eres un viejo y mi padre debería confiar más en mí. Soy inteligente, muy, muy inteligente.
Steve sonrió y le acarició el cabello detrás de la nuca.
―Ser inteligente no te libra de las malas decisiones, ¿sabes? Además, hay algo que debes…
Tony volteó a verlo, su expresión había cambiado. De golpe, parecía un poco ansioso, incluso, parecía que estaba conteniendo las lágrimas.
―¿Le vas a hacer caso? ¿Vas a dejarme solo porque soy más joven que tú? ¿Crees que no sé lo que siento? ¿Piensas que me equivoco solo porque soy joven? ¿Por qué piensan que no sabemos nada?
―Hey, no estoy diciendo eso ―Steve acunó su mejilla y la acarició con el pulgar ―. Aunque siempre pensaré que no te merezco, tampoco imagino estar lejos de ti. No amándote como te amo.
Tony ladeó el rostro contra la mano de Steve y cerró los ojos, mientras una ligera sonrisa adornaba su rostro.
―También te amo ―murmuró, luego, abrió los ojos y añadió: ― Mi papá piensa que eres una bandera roja, cuando en realidad lo soy yo.
―¿De qué hablas? ―Steve volvió a reír por lo bajo.
Tony, entonces se incorporó solo lo suficiente para poder sentarse a horcajadas en el regazo de Steve. Le acunó el rostro con ambas manos y lo miró muy serio.
―Porque te estás convirtiendo en mi obsesión ―dijo y lo besó.
Steve le rodeó la cintura y profundizó la caricia. Abrió los labios de su novio con la punta de la lengua y la deslizó al interior de su boca. Tony gimió bajito y meneó sus caderas suavemente, el calor lo inundó; para cuando rompieron el beso, sus mejillas estaban arreboladas y sus ojos brillantes.
―Imagina que terminamos y nos dejamos de ver por veinte años ―dijo todavía cerca del rostro de Steve ―. Estoy seguro que, si te volviera a ver, aún querría estar contigo.
―¿Aunque sea un viejo de casi 60 años?
―Yo tendría 40 años, ¿aun sería demasiado joven para estar contigo?
Steve sonrió y sacudió la cabeza.
―¿Cómo podría vivir sin ti? ―reafirmó y volvió a besarlo.
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Regresaron de la cena con los amigos de Tony a la medianoche. Había sido una reunión agradable y animada. Traían encima unas cuantas copas, pero no lo suficiente como para considerarse borrachos. Subieron a su habitación sin percatarse de que Howard aguardaba en las sombras de la sala, en espera de su llegada. Poca gracia le había hecho escucharlos entrar riéndose, besándose y diciéndose cosas un tanto picantes. Pero aguardó quieto ahí sin decirles nada. A decir verdad, se había quedado sin recursos, no sabía qué hacer, ni como volver a enfrentar la situación sin que Tony se enojara con él.
A esas alturas se había dado cuenta que su hijo no le prestaría atención alguna. No era él el eslabón al que tenía que atacar para destruir esa relación. No era a él al que tenía que convencer. Steve tenía un fuerte código de conducta, su brújula moral también había estado siempre bien orientada. Así que era consciente de que sus acusaciones, no habían sido más que patadas de ahogado. Steve nunca haría algo tan reprochable y deleznable. Pero no podía confiar en él, no porque Steve fuera malo, sino porque él, Howard, en el pasado había sido malo con Steve. ¿Qué tal que éste le guardaba tal rencor que estuviera vengándose de él? Era poco probable, pero no imposible. Entonces ¿cómo podía ganar esa partida? Justamente apelando al ser humano correcto que solía ser Steve.
Escuchó unos pasos bajando las escaleras. Una sombra se deslizó en la sala y encendió la luz. Era Steve.
―¡Ah, Howard! No te había visto ―exclamó.
―¿Te asuste?
―Un poco ―Steve se dirigió a la cantina―. Tony me dijo que podía tomar una botella de whisky.
Mientras buscaba dicha botella, Howard se puso de pie y tragó saliva.
―Podrías serlo ―dijo.
Steve volteó a verlo por encima del hombro, había encontrado la botella, pero ahora buscaba unos vasos.
―¿Ser qué? ―preguntó.
―Es que no estoy seguro. Podrías serlo.
Steve se dio la vuelta y lo miró intrigado.
―¿Qué es lo que…?
―Te estoy diciendo que podrías ser su padre.
La botella de whisky resbaló de las manos de Steve. Se estrelló en el piso haciendose añicos y derramando su contenido en la alfombra.
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Stony series Vol. 6
Fiksi PenggemarConjunto de one-shots Stony. 1. Un error permite que dos amantes se reencuentren después de toda una vida. 2. En un mundo de perros y gatos, una pareja entre ellos es un rareza. 3. Un antiguo mito cobra vida una vez más. 4. Tony pondrá en marcha la...
