Mansión Grindelwald, Ala Oeste – Oficina de Naruto Grindelwald.
La lluvia golpeaba suavemente los ventanales góticos de la enorme oficina de la mansión Grindelwald. Los candelabros flotantes iluminaban el aire con una luz cálida y parpadeante, proyectando sombras danzantes sobre las paredes tapizadas de estanterías repletas de antiguos grimorios, documentos financieros y reliquias encantadas. Detrás de un gran escritorio de madera de nogal negro, tallado con runas antiguas, se encontraba Naruto Grindelwald, de apenas doce años.
Vestía un traje oscuro, impecablemente cortado, con el escudo de su familia bordado en hilo de plata sobre el pecho. Sus ojos grises, penetrantes e inquisitivos, recorrían una montaña de pergaminos y contratos, con una pluma encantada que escribía notas a su dictado. Su expresión era la de alguien mucho mayor. Fruncía el ceño ligeramente, no por frustración, sino por concentración pura.
"Esto no tiene sentido…" murmuró para sí mismo, moviendo con elegancia una hoja a un lado. "...¿Cómo es que la filial de Viena reportó pérdidas cuando sus activos mágicos triplicaron su valor? ¿Alguien cree que no voy a darme cuenta?"
En ese instante, la puerta de la oficina se abrió con un suave crujido. Peter, el mayordomo de la familia y uno de los pocos adultos que trataban a Naruto como igual, entró con pasos firmes, pero respetuosos.
"Señor Grindelwald..." dijo con una inclinación de cabeza. "...Lamento interrumpir, pero uno de los inversionistas principales ha solicitado una reunión con usted. El señor Halden Royce desea discutir un nuevo proyecto de expansión en Escandinavia. Dice que es urgente y que le tomará solo unos minutos"
Naruto no levantó la mirada de los papeles. Solo giró ligeramente la cabeza hacia Peter, su voz tan cortante como el filo de un cuchillo de obsidiana.
"¿Halden Royce? ¿Otra vez?..." hizo una pausa, soltó la pluma y se reclinó levemente en su silla. "...¿Ese es el mismo que propuso hace tres meses una red de túneles mágicos a través de los fiordos, con presupuestos inflados y sin garantías de seguridad?"
"El mismo, señor" confirmó Peter, manteniendo la compostura.
Naruto entrecerró los ojos, irritado.
"Dile que estoy ocupado..." se puso de pie y caminó hacia la chimenea, sus manos entrelazadas a la espalda. "...Estoy revisando documentos que sí importan. Tonterías sobre más dinero, más poder, más prestigio… como si el apellido Grindelwald necesitara más de eso. Que invierta su tiempo en buscar sentido común antes de volver a pedirme una reunión"
Peter asintió con una leve sonrisa, conocedor del carácter implacable del joven amo.
"¿Desea que le diga algo más?"
Naruto se volvió hacia él con una mirada que no parecía la de un niño de doce años.
"Dile que esta familia no negocia con mediocres. Que si quiere mi atención, tendrá que ofrecer algo más valioso que oro: visión"
Hubo un breve silencio. La chimenea crepitó. La lluvia persistía. Peter asintió una última vez y se retiró sin decir más.
Naruto regresó a su escritorio y se dejó caer de nuevo en la silla, soltando un suspiro apenas audible.
"Ni siquiera me dejan ser niño..." murmuró Naruto. "...Pero está bien… los niños no heredan imperios.
No había pasado mucho desde que Peter se marchó cuando la puerta volvió a abrirse, esta vez sin previo aviso. El mayordomo apareció nuevamente, esta vez sin la formalidad de antes. Había estado con Naruto desde su nacimiento y, aunque siempre mostraba respeto, sabía cuándo romper el protocolo.
