Después del desastroso episodio con los duendecillos de Cornualles, el profesor Lockhart no había vuelto a traer criaturas vivas a clase. Desde entonces, el supuesto experto en artes oscuras se dedicaba únicamente a leer pasajes enteros de sus libros... y, por desgracia, también a representarlos en voz alta.
Y cuando actuaba, lo hacía con una teatralidad exagerada, que rozaba lo ridículo: saltos dramáticos, suspiros trágicos y giros de capa incluidos. Siempre colocaba a algún alumno al azar en el papel de víctima, monstruo o bestia terrorífica. Hoy le había tocado a Harry que, con expresión de resignación, sostenía una peluca rubia que Lockhart insistía debía llevar para "capturar la esencia emocional del momento".
Naruto estaba sentado con la barbilla apoyada en su mano, mirando todo aquello con auténtico aburrimiento. Si quería aprender a defenderse de las artes oscuras, estaba claro que tendría que hacerlo por su cuenta. Lo único que evitaba que se durmiera con la cabeza sobre la mesa era Hermione, que estaba sentada a su lado y que, cada vez que él dejaba caer los párpados, le clavaba el codo disimuladamente.
Mientras Lockhart exageraba cada frase, Naruto ya había decidido que la realidad era mucho más interesante que la obra teatral frente a él. Sacó del interior de su abrigo un libro ajeno a la clase y comenzó a leer. Al menos así aprovechaba el tiempo.
El timbre sonó finalmente. Naruto suspiró con alivio, como si se quitara un peso del pecho.
"Por cierto..." dijo Lockhart, hablando con esa voz pomposa que parecía dirigirse más a una multitud imaginaria que a sus alumnos reales. "...¡Quiero que compongan un poema sobre mi gloriosa victoria contra el lobo de Wagga Wagga! El autor del mejor poema será premiado con un ejemplar firmado de El Encantador"
Naruto rodó los ojos tan fuerte que incluso Ron tuvo que reprimir una carcajada. Recogió sus cosas y se dirigió al fondo del aula junto con Harry, Hermione y Ron, intentando no escuchar más palabras grandilocuentes del profesor.
Harry fue el primero en hablar, bajando la voz: "¿Están listos?"
Naruto frunció el ceño al darse cuenta de la tensión en el ambiente. Harry miraba hacia Lockhart de forma disimulada, esperando que el hombre no los escuchara.
"Espera a que todos se vayan..." susurró Hermione, nerviosa. Entre sus dedos sostenía un pequeño papel que apretaba una y otra vez. "...No quiero que alguien nos oiga"
Naruto cruzó los brazos.
"Aún no entiendo cómo me convencieron de esto..." murmuró, arrastrando las palabras. "...Habíamos acordado que yo me encargaría.
Ron se encogió de hombros, intentando aparentar inocencia. "Harry y yo estábamos de acuerdo con tu idea..."
"Pero Hermione puso cara de cachorro triste..." añadió Harry, señalando a la castaña con el pulgar. "...Y todos sabemos que tú no puedes decirle que no"
Naruto la miró de reojo. Hermione tenía una sonrisa nerviosa que intentaba ocultar... y sí, admitía internamente que esa mirada suya había sido la estocada final en su resolución.
El chico soltó un suspiro largo y resignado.
"Está bien... pero si esto sale mal, yo solo quiero que recuerden una cosa..." dijo, bajando la voz: "...Yo se los dije"
Hermione asintió, respiró hondo para reunir valor y, con paso firme aunque no del todo seguro, se encaminó hacia el escritorio del profesor Lockhart. Los chicos la siguieron, formando un pequeño grupo compacto que avanzaba como si estuvieran entrando en territorio enemigo.
"¿P-Profesor L-Lo-Lockhart?..." tartamudeó Hermione cuando por fin estuvo frente a él.
Naruto llevó una mano a su frente y murmuró apenas audible: "Ay, por favor... ¿En serio...?"
