CAPITULO 22

891 77 10
                                        

Llegó octubre y un frío húmedo se arrastró por los campos, penetrando hasta los rincones más antiguos del castillo. Las piedras parecían absorber la humedad, y un vaho helado se levantaba de los suelos de los pasillos. La señora Pomfrey, la incansable enfermera, estaba más ocupada que nunca; una repentina epidemia de catarro se había desatado entre alumnos y profesores, haciendo que su día transcurriera entre frascos de pociones, pañuelos y la constante preocupación por los síntomas más extraños.

Su poción Pepperup tenía efectos inmediatos: el enfermo recobraba el color y la fuerza casi al instante, aunque durante horas parecía que pequeñas llamas brotaban de sus orejas, un espectáculo que resultaba tan doloroso como curioso.

Ginny Weasley, con el rostro pálido y la voz apagada, no parecía poder resistirse mucho más. Percy, siempre meticuloso, la observaba con ceño fruncido.

"Ginny, de verdad, deberías probar la poción..." insistió. "...No quiero que te resfríes más de lo necesario"

Reluctante, Ginny tomó la poción. Al instante, un vapor rojo salió de debajo de su cabello, como si toda su cabeza hubiera estallado en llamas diminutas. Percy retrocedió un paso, alarmado.

"¡Maldición, Ginny! Pareces una chimenea ambulante"

Mientras tanto, afuera la lluvia caía incesante. Las gotas, del tamaño de pequeñas balas, repicaban contra los vitrales, creando un tamborileo que retumbaba por todo el castillo. El nivel del lago subió peligrosamente; los arriates de flores se convirtieron en pequeños arroyos de agua lodosa, y las calabazas de Hagrid habían alcanzado tamaños que rivalizaban con los cobertizos del bosque.

En medio de aquel caos otoñal, Naruto se encontraba en la oficina del director Dumbledore. La luz tenue de las velas iluminaba su rostro mientras se sentaba frente al escritorio del director, separados por un grueso pergamino escrito por el propio Dumbledore.

"¿Cómo estás, Naruto?" preguntó Dumbledore con una voz cálida, cargada de la tranquilidad de quien ha visto pasar siglos.

"Bien, creo..." dudó Naruto, observando el tazón de golosinas sobre el escritorio del director. "...Bueno, le preguntaría cómo está, pero supongo que, dado que tiene un tazón de golosinas a mano, también estará bien"

Dumbledore sonrió con complicidad y levantó el tazón. "Eso es cierto. ¿Quieres una?"

Naruto levantó la mano en señal de detenerlo y negó con firmeza.

"No, gracias... La última vez que compré estas golosinas me tocó una con sabor a vómito. Juré por la tumba de mi abuelo, aún no muerto, que jamás volvería a comer esta marca"

El director rió suavemente, un sonido lleno de paciencia. "No todos los dulces son iguales, Naruto, aunque admito que tu experiencia suena... traumática"

"Trágica, más bien..." respondió Naruto, encogiéndose de hombros. "...Pero, oye, al menos sobreviví para contarlo"

Dumbledore asintió, mirando por la ventana cómo la lluvia continuaba golpeando el lago y el bosque.

"¿Sabes por qué te he llamado?" preguntó Dumbledore, fijando su mirada en el rubio con esa mezcla de serenidad y curiosidad que siempre lo caracterizaba.

"Tengo una idea del por qué..." respondió Naruto, esbozando un leve asentimiento con la cabeza, intentando adivinar la razón sin perder la compostura.

"Siempre tan listo, igual que Gellert..." dijo Dumbledore con una sonrisa nostálgica. "...Pero quiero que me digas cuál crees que sea el motivo por el cual te mandé a llamar"

Naruto frunció ligeramente el ceño, reflexionando unos segundos.

"Posiblemente sea por lo de Draco Malfoy" comentó finalmente, con un toque de diversión en la voz.

Naruto Grindelwald: Blu Fire KingDonde viven las historias. Descúbrelo ahora