CAPITULO 20

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Naruto Grindelwald se encontraba en el Gran Salón, sentado como de costumbre en la mesa de Gryffindor. Frente a él había un plato humeante de avena que parecía mirarlo de vuelta con malévola intención. Con expresión de absoluto horror, el rubio de ojos heterocromáticos apenas levantaba la cuchara, mientras su otra mano removía con desgano su inseparable taza de café negro.

A su lado, Hermione Granger ya había notado su actitud desde hacía rato. La castaña tenía un tic en el ojo y los labios apretados. Finalmente, no aguantó más.

"Naruto..." dijo con voz firme, casi como una profesora. "...Come tu avena"

El rubio la miró como si acabara de perder la cordura. Se inclinó hacia ella y susurró con gesto conspirador:

"Eso no es avena... parece un monstruo escurridizo. Estoy seguro de que se mueve cuando nadie lo ve"

Hermione soltó un profundo suspiro, uno de esos que anunciaban que estaba perdiendo la paciencia.

"Debes comerlo. No puedes sobrevivir toda tu vida únicamente a base de café"

Naruto arqueó una ceja, tomó un sorbo largo y sonoro de su taza y, tras apoyarla con delicadeza sobre la mesa, sonrió con total descaro.

"Claro que puedo, mírame. Perfectamente vivo y saludable"

Una vena se marcó en la frente de Hermione. Sabía que discutir con él era como intentar razonar con Peeves.

"Al menos come algo de tostadas... o huevos con beicon. ¡Lo que sea!" insistió, con un deje de súplica.

El rubio negó con la cabeza, muy tranquilo.

"No. En estas fechas me gusta comer algo más refinado... como pan francés"

Hermione se llevó la mano a la frente con fuerza. "Naruto, vas a comer tu avena, quieras o no"

"Pero nunca me ha gustado..." protestó él, encogiendo los hombros con dramatismo. "...Desde que tengo memoria me parece comida para prisioneros"

"¡Me importa un comino si te gusta o no!..." alzó la voz la castaña, frunciendo el ceño de tal manera que varios estudiantes de primero se encogieron en sus asientos. "...¡La comes porque te lo estoy ordenando!"

Naruto murmuró por lo bajo, lo suficiente para que solo ella lo oyera: "No eres mi mamá para ordenarme nada..."

"¡¿Qué dijiste?!" exclamó Hermione, inclinándose hacia él con el ceño tan fruncido que parecía a punto de invocar un hechizo.

El rubio tragó saliva, alzando de inmediato la cuchara con un gesto teatral.

"Que voy a comer..." respondió con voz temblorosa. Y, contra todo instinto de supervivencia, se metió a la boca una enorme cucharada de la temida avena.

Hermione lo miró satisfecha, mientras Naruto hacía muecas como si acabara de probar poción para limpiar calderos.

Lo que ninguno de los dos había notado era que prácticamente todo el Gran Salón había puesto sus ojos en ellos. Algunos se inclinaban sobre la mesa para mirar mejor, otros murmuraban con disimulo, y no faltaban las risitas cómplices.

"Merlín bendito... parecen una pareja casada" susurró un chico de Hufflepuff.

"¡Ya lo creo! Ella lo manda y él obedece... igual que mis padres" comentó una niña de Ravenclaw, ocultando una sonrisa tras su vaso de zumo de calabaza.

"Qué envidia..." dijo otra estudiante, suspirando con las mejillas encendidas. "...Yo quisiera ser esa niña, estar a su lado y cuidarlo"

"Bah, si fuera yo, trataría mejor a Naruto. Le dejaría comer lo que quisiera" replicó otra alumna, cruzándose de brazos con aire indignado.

Naruto Grindelwald: Blu Fire KingDonde viven las historias. Descúbrelo ahora