Capitulo 13

57 4 0
                                        


Primer día de la audiencia preliminar

El juzgado estaba lleno. Las paredes parecían absorber la tensión acumulada entre los presentes. Los flashes de cámaras parpadeaban en la entrada como luciérnagas nerviosas. En la primera fila, el equipo del FBI estaba sentado, todos con el rostro serio. Hotch, Reid y Morgan ocupaban lugares contiguos, con los brazos cruzados o los dedos entrelazados, estudiando a cada persona que entraba a la sala.

El Sepulturero, esposado, fue escoltado hasta su asiento. Su expresión era una mezcla de serenidad y arrogancia. Estaba demasiado tranquilo para alguien que jugaba con su única oportunidad de libertad. Reid lo notó al instante: ese no era el rostro de alguien inocente buscando justicia. Era el de alguien que estaba disfrutando cada segundo de atención.

Netzi respiró profundo desde su asiento en el lado opuesto, detrás de la mesa de la fiscalía. A su lado, Hodgins y Caroline revisaban sus notas. Zack estaba en el fondo de la sala, listo para declarar si lo solicitaban.

—¿Lista? —le susurró Hodgins a Netzi.

—Como nunca —respondió ella, aunque por dentro sentía cómo su corazón latía contra su esternón como si quisiera escapar.

El juez entró. Todos se pusieron de pie. La audiencia había comenzado.

—Estamos aquí para revisar la apelación presentada por el acusado, quien alega que fue condenado bajo pruebas manipuladas y testigos desacreditables —anunció el juez, con voz grave y firme—. Escucharemos los testimonios y los argumentos de ambas partes. Y decidiremos si este tribunal autoriza o no un nuevo juicio.

La fiscal tomó la palabra primero. Su exposición fue clara: repasó los crímenes del Sepulturero, los métodos, la psicología del secuestrador, los patrones. Luego, dio paso a los testimonios.

—Llamo a la Dra. Yetlanetzi al estrado.

Netzi se puso de pie con firmeza, aunque sentía los músculos temblar ligeramente. Avanzó hacia el estrado con paso controlado. Morgan y Reid no le quitaban la vista de encima. Hotch, aunque parecía más concentrado en el proceso, también seguía cada palabra, cada expresión.

—Dra. Yetlanetzi, ¿puede explicarnos qué sucedió el día que fue secuestrada por el acusado?

Netzi asintió y comenzó su relato. Su voz no temblaba, pero su garganta se sentía seca.

—Estábamos investigando un vehículo abandonado con mi compañero, el Dr. Hodgins. La idea era tomar muestras de la tierra y revisar si había rastros biológicos. Pero no sabíamos que el coche tenía un mecanismo activado por movimiento. En cuanto entramos, el sistema se cerró herméticamente... y comenzó a llenarse de tierra.

La sala contuvo el aliento. Incluso los que ya conocían la historia sentían la presión del momento.

—¿Recuerda cuánto tiempo estuvieron enterrados?

—Más de siete horas. Sin luz, sin oxígeno adecuado. Sabíamos que, si nadie nos encontraba, íbamos a morir ahí —respondió con calma, pero sus manos se aferraban al borde del asiento con fuerza.

—¿Y cómo fueron rescatados?

—Booth y Brennan encontraron la señal del GPS. Apenas nos quedaba tiempo. Fue cuestión de minutos.

—¿Usted diría que este suceso fue parte de un plan meticuloso del acusado?

—No tengo dudas. El dispositivo estaba diseñado para hacer exactamente eso. Fue premeditado, planeado y ejecutado con intención homicida.

Del lado de la defensa, el abogado del Sepulturero se levantó.

—Dra. Yetlanetzi, ¿alguna vez vio usted al acusado colocar ese coche? ¿Tiene pruebas de que fue él directamente?

Netzi no se inmutó.

—No lo vi. Pero las pruebas forenses de tierra, fibras y los registros telefónicos del acusado colocan su ubicación en las inmediaciones. Y la composición del suelo era única. Coincidía con sus propiedades.

El abogado insistió.

—¿Está usted diciendo que un científico puede determinar con exactitud dónde estuvo una persona basándose solo en... tierra?

—No. Pero si mezcla tierra, fibras, trazas biológicas y registros electrónicos, tiene una certeza suficiente como para demostrar que el acusado estuvo ahí.

El abogado se tensó. La fiscal sonrió con disimulo. Habían entrenado esa respuesta.

Cuando Netzi bajó del estrado, sintió el aire finalmente fluir en sus pulmones. Hotch la miró y, por primera vez desde que comenzó la audiencia, asintió con una expresión que rozaba lo orgulloso.

Le tocó el turno a Hodgins, que habló con su clásica energía controlada. Su testimonio fue técnico, certero, y devastador para la defensa. Zack fue el último, y su testimonio confirmó todo el análisis forense con la precisión quirúrgica que lo caracterizaba.

Después del receso, Morgan se inclinó hacia Reid y murmuró:

—Ella fue brillante. Fría, precisa. Pero se nota que está cargando con todo otra vez.

—Lo sé —respondió Reid, sin apartar la vista de Netzi—. Pero ¿no te parece extraño que esté tan tranquilo ese tipo? Algo no cuadra.

Hotch los escuchó. También lo había notado.

—Hay algo más —dijo—. Lo que no sabemos es si esto es solo una distracción.

En ese momento, el juez pidió un segundo receso por "cuestiones técnicas". Caroline se levantó del banco y se acercó a Netzi.

—Chérie... el abogado del Sepulturero está pidiendo una revisión de los protocolos forenses. Quiere desacreditar los informes que ustedes hicieron.

—¿Qué? —dijo Netzi, incrédula—. ¡Eso fue validado por el laboratorio federal!

—Sí, pero ahora están diciendo que hay evidencia nueva. No sabemos qué. El juez ya la está revisando en privado.

Hodgins golpeó la carpeta contra la mesa.

—Maldito bastardo. Está usando algo más. Tal vez manipuló algo desde la cárcel. ¿García puede verificar si tuvo visitas o acceso a llamadas sospechosas?

—Lo haré —dijo Morgan, levantándose al instante.

Mientras tanto, Reid miró fijamente al Sepulturero. Por un momento, cruzaron miradas. Y en los ojos del asesino, había una sonrisa apenas perceptible. Como si supiera que estaban a punto de caer en su trampa.

Reid murmuró, casi para sí:

—Esto no se trata solo del juicio. Esto es personal.

Hotch, de pie junto a ellos, miró a Netzi, quien no se había dado cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Estaba temblando levemente. Hotch se acercó y le tocó el hombro suavemente.

—Lo hiciste bien —le dijo.

Netzi lo miró, conteniendo el nudo en su garganta.

—Gracias... pero algo va mal, ¿verdad?

—Sí —respondió Hotch, con una seriedad que no dejaba lugar a dudas—. Y debemos averiguar qué es antes de que sea demasiado tarde.

Antropología+FBIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora