Capitulo 2

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La mañana del sábado transcurrió tranquila para los tres amigos. Pasaron el día jugando y disfrutando de la comida chatarra hasta que llegó la noche, y Hodgins mencionó que quería probar los tacos de Netzi nuevamente. Netzi accedió, pero sugirió que sería mejor hacerlo al día siguiente ya que era tarde y estaba cansada. Con resignación, Hodgins aceptó; después de todo, Netzi le haría sus tacos al día siguiente.

A la mañana siguiente, Netzi se levantó temprano para ir al supermercado y hacer las compras con tiempo. Esta vez les dijo a sus perezosos amigos que mientras ella salía, ellos tenían que poner la casa en orden y sacar a los perros.

—Escucharon bien. Si no hacen lo que les digo, no haré los tacos —advirtió Netzi, observando cómo un par de zombis se movían lentamente. Satisfecha con su advertencia, estaba a punto de retirarse cuando escuchó algo de los chicos.

—Maldita sea, parece mi madre y no mi amiga —se quejó Hodgins con irritación, hasta que Netzi le lanzó una chancla.

—¡Qué Mierda! ¿Acabas de lanzarme esa chancla desde allí? —comentó molesto Hodgins.

—Oh, todavía tienes buena puntería —observó Zack con familiaridad.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Hodgins.

—Es obvio, Hodgins. En México, las mamás golpean a sus hijos con una chancla cuando se portan mal —respondió Netzi como si fuera algo de conocimiento común.

—Pero yo no soy tu hijo —se quejó Hodgins.

—Lo sé, pero chingas como uno—replicó Netzi.

Un momento de silencio invadió el lugar hasta que Hodgins comenzó a reírse y lentamente persiguió a Netzi mientras gritaba:

—¡Oh, te voy a enseñar cómo es chingar de verdad!

Después de unos cuantos madrazos por parte de Netzi y Hodgins, Netzi fue al supermercado a conseguir los ingredientes para los tacos. Todo transcurrió sin problemas y consiguió todo lo que necesitaba.

Se dirigió a las cajas y en frente de ella notó a un hombre de mediana edad pasando sus productos por la caja. De repente, un pensamiento cruzó por la mente de Netzi: "Joder, qué hombre tan atractivo". Estaba absorta en su contemplación cuando escuchó una voz grave y un tanto rasposa hablar.

—Lo siento, olvidé mi cartera. Disculpe el inconveniente —se disculpó el hombre con la cajera.

Netzi notó una ligera molestia y nerviosismo en el hombre a pesar de la expresión seriea que tenía. Observó el total de la compra del hombre y no era mucho. Por un impulso, decidió intervenir.

—Yo pagaré. Por favor, no cancele la cuenta —dijo Netzi al hombre.

El hombre de cabello oscuro volteó hacia ella, y Netzi sintió un cosquilleo al ver sus ojos oscuros fijos en ella, acompañados de un rostro inexpresivo. A pesar de considerarse coqueta y atrevida, se sintió repentinamente tímida, esforzándose por no mostrar su nerviosismo.

Hubiera seguido admirándolo, pero la voz del hombre la sacó de sus pensamientos.

—No es necesario que haga eso —dijo el hombre.

—No, de ninguna manera. No es mucho, son solo 30 dólares —respondió Netzi.

El hombre estaba a punto de protestar nuevamente cuando ella comenzó a pasar sus productos en la cuenta del hombre, así que al final aceptó.

Al terminar de pagar sus compras los dos se dirigieron al estacionamiento caminando a un paso lento, pero tranquilo.

—Por favor, déjeme pagarle por mis artículos. ¿Podría darme su cuenta bancaria para poderle depositar? —sugirió el hombre.

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