Capitulo 15

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La alerta llegó antes del amanecer. En la sala de reuniones de la UAC, todos estaban de pie. La pantalla principal mostraba un mapa con una localización en rojo: una vieja bodega industrial a las afueras de D.C., una de las propiedades relacionadas al Sepulturero en el pasado.

—Fue reactivada hace dos semanas —explicó García, tecleando frenéticamente—. El pago vino de una cuenta canadiense, pero ya rastreamos la IP: fue originada desde la sala de vigilancia de la prisión.

—Julia Avellaneda —confirmó JJ—. Ella lo hizo.

—¿Y qué creen que hay ahí dentro? —preguntó Morgan, con el ceño fruncido.

—No vamos a esperar a descubrirlo sentados —dijo Hotch—. Rossi, JJ, tú y Reid cubran el perímetro. Morgan, Netzi y Zack, conmigo. Entramos en cuanto aseguren la zona. Hodgins se queda monitoreando desde aquí con García. Nos vamos ya.

40 minutos después...

La camioneta del FBI avanzaba en silencio por una carretera estrecha. El amanecer comenzaba a pintar el cielo de un naranja pálido, pero nadie disfrutaba del paisaje. Todos iban tensos. Especialmente Netzi.

Se ajustó el chaleco táctico mientras repasaba en su mente las veces que había estado cerca de la muerte. Esta era distinta. Esta vez no era una víctima. Esta vez quería enfrentarlo. Quería respuestas.

—¿Estás bien? —preguntó Morgan, desde el asiento delantero, mirándola por el espejo retrovisor.

Netzi asintió.

—Sí. Estoy lista.

Zack, a su lado, no dijo nada, pero su mano buscó la suya y la apretó levemente. Ella no se lo esperaba. Tampoco lo soltó.

Hotch los observaba de reojo desde el asiento del copiloto. Sus ojos pasaron de Zack a Netzi, y luego al camino. No dijo nada, pero cada fibra de su cuerpo estaba atenta.

La bodega era un edificio gris de concreto, silencioso, sin ventanas visibles.

Cuando llegaron, el equipo táctico ya estaba desplegado. Reid hizo una señal con la mano desde el costado.

—No hay movimiento visible. Las puertas están selladas por dentro —informó.

Hotch dio la orden. En segundos, un agente forzó la entrada con una palanca hidráulica. El aire que salió del interior era denso, húmedo... y viejo.

—Máscaras listas —ordenó Hotch—. Entramos.

Netzi, Morgan y Zack fueron los primeros en cruzar la puerta. La linterna de su rifle iluminó un pasillo oscuro que olía a óxido y tierra húmeda.

—Esto es un déjà vu desagradable —murmuró Netzi, sintiendo cómo su pecho se apretaba.

—Estás a salvo —le dijo Zack, con firmeza.

Avanzaron con cautela. En una habitación al fondo, encontraron algo.

—¡Hotch! —llamó Morgan—. Tienen que ver esto.

Era una especie de cuarto cerrado con paredes metálicas, una cámara improvisada. En el centro, una silla de acero con esposas abiertas, un micrófono colgando del techo... y una cámara encendida apuntando a la silla.

—Está grabando —dijo Reid, que se acercó para revisar el sistema.

Netzi se aproximó, con los ojos clavados en la pantalla.

—Esto es... esto es una reconstrucción.

—¿Reconstrucción de qué? —preguntó JJ.

Netzi tragó saliva.

Antropología+FBIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora